sábado, 30 de mayo de 2009

DEFENSA DE LA LITERATURA JUVENIL 1ª PARTE




CONFESIÓN DE UN CLASICISTA EMPEDERNIDO ARREPENTIDO
Sí, lo confieso, tengo un pasado oscuro. Por eso me escondo en un anónimo y anodino traje de correcto funcionario cumplidor y complaciente. No quiero que me descubran y hasta de mí mismo desconfío, creo que sería capaz de traicionarme. De hecho, no he podido evitarlo, creo que voy a tracionarme. Así, que si me ven por la calle, y me reconocen, apártense de mí, alejen sobre todo a sus hijos, llamen a la policía si no se sienten seguros, no me ayuden si me caigo. Piensen que aún puedo ser peligroso.

Sucedió hace muchos años - no tantos-, como en los cuentos, en un país no muy lejano, concretamente en este. Yo acababa de terminar la carrera de Filología Hispánica y desconfiaba de todo ser viviente que no fuera capaz de entender a la primera el sistema de las sibilantes medievales que a mí tanto me había costado comprender.

Como hombre de suerte que soy no tardé en encontrar trabajo como profesor sustituto en un selecto y privado colegio de teatral y barroco nombre que ¡cielos! ahora no logro recordar.

Calambres como rojas hormigas me recorren el cuerpo solo de pensar que estoy a punto de descubrirles mi crimen. Pertrechado de mi sabiduría penetré en la hostil y abigarrada aula atiborrada de espigados quinceañeros y les lancé a la cara la primera lectura obligatoria del curso: Poema de Mio Cid, ¡Sí! Versión original en la edición de Colin Smith de Cátedra Pata Negra. ¿Qué pasa? Y allí los dejé, a merced de los elementos, abandonados a su suerte frente a las traviesas y aviesas sibilantes medievales:

De los sos ojos tan fuerte mientre lorando
tornava la cabeça y estava los catando.

Vio puertas abiertas e uços sin cañados,
alcandaras vazias sin pielles e sin mantos
e sin falcones e sin adtores mudados.

¡Oh, prosa magnífica y magnética! Aunque no para los sentidos de mis espantados (¿y espantosos? pensarán algunos) alumnos adolescentes, incapaces con toda seguridad de entender algo más que el dibujo de la portada.

¿A qué no se lo imaginaban? Ahora que he confesado mi crimen, ¿saben?, no me siento más aliviado, no me he quitado ningún peso de encima porque sé que no me perdonan, que cuando me vean por la calle dirán: "Mira, ahí va el que mandó leer el Poema de Mio Cid en versión original a sus alumnos de quince años" y en este reproche va implícita una callada aversión al pobre y paciente Per Abbat, quien en la humedad de su celda copiaba hasta la ceguera -culpable él de la transmisión- los versos de incalculable valor que yo no supe preservar.

martes, 19 de mayo de 2009

adios, poeta, adios

uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere
llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos
berreamos moqueamos chillamos maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse
llorá pero no olvidés (de "Hombre preso que mira a su hijo")

EPÍSTOLA A BENEDETTI (que publiqué en el blog de la biblioteca del IES Moncho Valcarce de As Pontes, donde trabajo).
¿Sabés, maestro, estábamos aquí con la ilusión de preparar un recital de poemas tuyos en los recreos para animarte en tu pronta recuperación y vas tú y te nos moriste. ¡Qué querés! Son 88 años, toda una vida escribiendo, sencillamente y sin retóricas, como quien va por la vida respirando y caminando, y cantando al amor, y denunciando sin miedo y con fuerza a los tiranos. Sensible y fuerte a la vez. No todos pueden decirlo. Sí, ya sé, muchos no confiaban en tu poesía, tan simple y tan cercana, ¡pero tan bella! Te negaron los prestigiosos premios que las instituciones otorgan a sus grandes, pero vos tan tranquilo. Porque sabías que tenías al público que querías tener, sabías que llegaban a la gente, porque muchos cantaban tus canciones y tus letras perduraban en sus voces.

No te lo vas a creer pero tengo que darte una gran noticia. Resulta que hay quienes dicen que los jóvenes no leen, y mucho menos poesía, pero a ti sí te leen. No solo en Uruguay, tu país; aquí en este pequeño lugar del que probablemente no has oído hablar se pelean por recitarte: Sara ha hecho suyo tu "Happy birthday", ¿recordás?: "Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo/ni escucharlo ni olerlo ni tocarlo ni gustarlo?". Ángela me dice entusiasmada que ya se sabe de memoria tu poema "Todavía":"No lo creo todavía/estás llegando a mi lado/y la noche es un puñado/de estrellas y de alegrías". A Alba que nadie le quite "Yo no te pido"(¡Y eso que no han oído a Pablo cantándolo!). Noemí no se decide, le gustan todos, al final le damos "Corazón coraza"("Porque te tengo y no/porque te pienso/porque la noche está de ojos abiertos/ porque la noche pasa y digo amor"). A Paula le da vergüenza recitar pero no dice que no cuando Sara elige para ella "Piedritas en la ventana" ("De vez en cuando la alegría/tira piedritas contra mi ventana"). También Sabela, Mary, Raquel, David... seguro que me olvido de alguno. Ya ves, son macanas que los jovenes no leen, aquí te leen todos.
Ya te iré contando qué tal sale el recital.
Ahora descansa en paz, maestro, y buen viaje.

domingo, 17 de mayo de 2009

ESPECIES EN PELIGRO DE NO EXTINCIÓN



Espero que nadie se sienta ofendido por lo que voy a escribir aquí pero si alguien se da por aludido, ¡por dios, que reflexione y cambie!

Aunque voy a hablar de un especimen que vengo observando en la docencia, esta reflexión viene suscitada por una consulta pediátrica. La semana pasada acudí a urgencias con mi hija mayor, aquejada de fiebre y malestar general. Aunque no había nadie esperando, el médico tardó más de media hora en llegar y cuál no sería mi sorpresa al encontrarme a un hombre que "frisaba la edad [...] con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro", ignoro, eso sí, si era gran madrugador y amigo de la caza. Pero efectivamente, el mismísimo don Quijote, quien abandonando definitivamente la caballería y viendo poco rentable la bucólica vida pastoril, se me apareció, cual ánima en pena, reencarnado en pediatra. Pero no se alegren las vuestras mercedes. Porque desgraciadamente para la medicina, este don Quijote curandero no perdurará ni siquiera en mi memoria. Era tristón, apático ,desganado,malhumorado, ni siquiera miró a los ojos a la niña y le hizo daño cuando le miraba la garganta. A mi me miró con rencor y me escupió con rabia que la niña tenía un siiiiiiimple resfriado. Al día siguiente tuvimos que ir a otro pediatra, mi hija tenía una amigdalitis aguda. Y yo, aunque no soy psicóloga, lo catalogué enseguida, y pensé: "He ahí a un tipo al que ahora mismo le encantaría que anunciarán una amenaza de bomba en el hospital. Abandonaría el barco el primero, con su maletín a cuestas, y se iría 'sin dar parte a persona alguna de su intención y sin que nadie le viese' montado en su Rocinante mecánico". Tal parecía sugerir el poco entusiasmo que ponía en su trabajo.

Viene esto a cuento de una figura escolar sobre la que vengo reflexionando desde hace años: "el funcionario"(que incluye también a la "funcionaria"), es decir, aquel docente que está en la enseñanza como si estuviera tras el mostrador de una oficina clasificando papeles o como si fuese empleado de banca repartiendo billetes ajenos. No les gusta su trabajo, dieron por concluidas sus ambiciones profesionales en el mismo momento que aseguraron su puesto de trabajo ("Tú, ¿por que lees eso si ya has aprobado las oposiciones?" me dijo un buen día henchida de razón una profe de esta especie cuando me vio hojear un estudio acerca de la Edad Media). Cuando comienza el curso, en el primer claustro, se les nota la ilusión, los nervios a flor de piel por la novedad del primer día y abren sus agendas deseosos por saber cuántos puentes y festivos nos caerán este año, y se regocijan cuando descubren un acueducto; adoran los libros de texto, a los que ponen voz, y agradecen que estos tengan miles de ejercicios, que no haya que buscar ni que enseñar nada fuera de ese mundo tan estático, tan socorrido; cuando llega mayo aún no han aprendido el nombre de sus alumnos, a los que jamás han mirado a los ojos y dan por bueno que se porten bien en clase y que vomiten en los exámenes, a veces sin digerir, contenidos que no han sabido transmitir.

Por suerte, esta especie animal no es muy frecuente, pero, por desgracia, aún no está en peligro de extinción.

sábado, 9 de mayo de 2009

ATIQ RAHIMI, CULTURA CONTRA VIOLENCIA


© Stephanie Sinclair
La foto ganadora del premio "La foto del Año"(2007), promovido por el Comité Alemán de UNICEF, llama la atención sobre un problema mundial: millones de chicas están casadas o viven en pareja siendo aún menores de edad. En esta foto, captada en Afganistán, se muestra a Mohammed, de 40 años, y a Ghulam, de 11 años, la niña que mira con temor al que será su marido.


Cuando leí en Babelia (El País, 02/05/2009) el artículo dedicado a Atiq Rahimi supe que tarde o temprano acabaría hablando de él aquí. Y, ya veis, ha sido más pronto que tarde.

Atiq Rahimi (Kabul, 1962) es un escritor afgano afincado en Francia desde que tuvo que salir huyendo de su país tras la invasión soviética. En 2008 ganó el Premio Goncourt con su novela La piedra de la paciencia (Sangue sabur) que acaba de ser traducida al español y que publica Siruela. Por eso es noticia.

Me interesan las noticias culturales de aquellos países asfixiados por las guerras cuya única imagen que nos llega es la de una árida e inmensa explanada atestada de hombres que gritan, corren, levantan los brazos y trasladan cadáveres de otros hombres y niños con un aparente descuido y balanceo que quizá nos escandalice. Eso nos transmiten los medios de comunicación sobre Afganistan, Palestina, Congo,... hombres gritando en medio de la nada. Pero yo sé, también vosotros, que detrás de esas imágenes hay vidas. Por eso supe que hablaría de Atiq Rahimi aunque solo fuera para nombrar a Afganistán, un país asolado por un extremado fanatismo religioso que impone una insoportable supervivencia a todo aquel que haya tenido la desgracia de nacer hoy allí. Se habla de Rahimi como de un escritor occidentalizado, como si Occidente fuese el guardián de la Verdad y de los Valores Absolutos. Yo creo que es un escritor concienciado, como otras muchas personas sin nombre, sin rostro y sin palabra en Afganistán. Personas que no salen en la TV de Occidente.

Me he comprado y he leído La piedra de la paciencia, novela que su autor comenzó a escribir tras enterarse de la muerte de su amiga la poetisa afgana Nadia Adjuman, asesinada a manos de su marido. Y a partir de este hecho ideó un escenario turbador : una habitación en la que yace un hombre moribundo mientras afuera suenan los disparos, la diaria llamada a la oración,... y el silencio. Solo su mujer lo visita, lo alimenta, lo limpia y le reprocha la vida que él le ha dado. Esta novela recuerda por su planteamiento a Cinco horas con Mario de Delibes, pero la Carmen afgana, sin nombre, no se hace antipática para el lector, ya que simboliza el drama de todas aquellas mujeres reales obligadas a casarse por la fuerza con un hombre al que no conocen y que las desprecia porque sí, porque en muchos países ser mujer es sinónimo de no ser nada.

La piedra de la paciencia posee muchos rasgos que yo valoro en un libro, pero sobre todo uno: no es preciso explicar nada cuando el aire que envuelve a los personajes está lleno de sugerencias. Con frases muy cortas, cortantes, con precisión de acotación teatral, con personajes apenas esbozados y sin apenas presencia (las hijas que lloran en el pasillo, la anciana vecina que se ha vuelto loca, el muchacho torpe que quiere comportarse como un hombre, la tía salvadora y repudiada) consigue trasmitir el paisaje de guerra, el horror de la guerra, la parálisis vital y brutal de la guerra. En la habitación sin vida donde agoniza el hombre la mujer se afana en mantenerlo con vida aun deseando su muerte. Solo parecen vivir sin sobresaltos la mosca que merodea en la boca del hombre, las hormigas que la capturan cuando muere, la araña que recoge, indolente, los restos del festín de las hormigas. Todo lo demás es angustia y guerra.

Para finalizar, me gustaría destacar algunas reflexiones de Rahimi sobre la importancia de la cultura:
"Los fusiles no salvarán mi país, eso ya se ha demostrado. Si existe un único factor capaz de cambiar el mundo, ése es la cultura. Y lo estamos viendo hoy, por desgracia: la política y la economía nos han llevado al abismo, no por casualidad, sino porque la lógica política lo permite todo, abre la puerta a todos los excesos, y la economía lo justifica todo en meras cifras. Al final, lo único que nos aporta virtud y seña de identidad es nuestra forma de ser, de hablar, de comer, de vestirnos, todo eso es cultura, leer un libro o ver una película tiene en nosotros un efecto de espejo, nos enseña cómo somos. Otra cosa distinta es que con la cultura se puede manipular a la gente, eso está históricamente demostrado..., pero eso demuestra también su eficacia como arma. Por eso los dictadores nunca reprimen la economía, siempre reprimen la cultura".

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