sábado, 30 de abril de 2011

Bastará decir que soy Ernesto Sábato...


Ernesto Sábato
Con 14 años recién cumplidos empecé el instituto. Todo era tan nuevo que he olvidado (si es que alguna vez lo supe) el nombre de mi primer profesor de Lengua Castellana. No lo recuerdo, entre otras razones, porque, en realidad, era un sustituto de la profesora titular, que estaba embarazada. Sin embargo, a ese rostro en el que soy incapaz de poner unos rasgos concretos más allá de una tupida barba oscura en un rostro posiblemente joven, a ese rostro, digo, le he reservado un rincón privilegiado en mi memoria literaria porque la persona que lo portaba fue, aunque él lo haya ignorado siempre, quien abrió el camino a mis lecturas de adulta.
Ese profesor barbado y anónimo escribió en la pizarra el primer día de clase el título del libro que debíamos leer: El Túnel, de Ernesto Sábato.  Era un libro extraño porque el comienzo desvelaba ya el final: "Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne" Vaya, no había que encontrar a ningún culpable.
Desde el principio  me gustó el protagonista, aunque fuera un asesino. Que fuera pintor, que hubiera pintado un cuadro con una mujer que paseaba por la playa, ensimismada y solitaria, que otra mujer, María Iribarne, infeliz y misteriosa, se fijase en ese cuadro como yo me habría fijado... con 14 años me metí en la historia sin juzgar ni un solo momento a Juan Pablo Castel.  Me atrapó la obsesiva búsqueda, la verdad contada a medias, las relaciones adúlteras intuidas, los celos malsanos... No entendí en aquel momento el entramado de relaciones personales ni la carga metafísica de la novela pero veía a Juan Pablo Castel, tan rebelde, tan inadaptado, tan loco, empapado de lluvia, de pie entre los árboles agitados por el vendaval, y supe que era inevitable, que treparía hasta la planta alta por la reja de una ventana y que mataría a su amante.
Me pregunto si hoy se podría recomendar su lectura en 3º o 4º de ESO.
Hoy, en Las Noticias, entre bodorrios y fubdorrios que nada me interesan, el presentador dijo como quién aparta con el pie una lata de refresco que se interpone en el camino: "Acabamos de saber que ha muerto Ernesto Sábato". Nada más. Me molestó el laconismo de la frase.¿Nada más con todo lo que ha significado para mí? Mañana la prensa escrita  elogiará su figura. Después... después vivirá si es leído.

viernes, 22 de abril de 2011

¿Dónde lees tú?

"Con el fin de fomentar la creatividad en torno a la lectura y sus lugares, la Fundación Germán Sánchez Ruipérez convoca, en colaboración con Enclave, Revista Cultural de Castilla y León, un concurso de microrrelatos dentro del proyecto ¿Dónde lees tú?, que se enmarca en el Programa Territorio Ebook."
Para ello, y tomando como inspiración diversas  fotografías de Eduardo Margareto, todos aquellos que lo desen pueden escribir  microrrelatos (150 palabras como máximo) que tengan como tema "Los lugares de lectura". Se publicarán 12 fotografías, una cada lunes a las 10:00 h. Los participantes tendrán una semana (hasta el lunes siguiente a las 10:00h.) para enviar sus microrrelatos. Toda la información está en la siguiente página: DÓNDE LEES TÚ

Inspirándome en la primera fotografía he enviado un microrrelato que, como no ha resultado ganador, sigue siendo mío:

Se refugió allí de la lluvia porque creyó que nadie podría encontrarlo. Las piedras lo miraron en silencio y enseguida volvieron a sus pétreas meditaciones. Abrió el libro por la página 199. Tom y Huckleberry se acercaban a la casa encantada. Fuera, los relámpagos eran fantasmas lejanos que acompañaban la lectura con el dedo, las palabras que tomaban forma de peligro, porque allí, escondidos y confiados,  oyeron de pronto  a Joe el Indio  y a su compinche  y  acallaron su respiración .”Ojalá estuviéramos bien lejos” dijo Tom. Él estaba también lejos, arropado por la calidez de la  piedra fría. Tumbados en el suelo para no ser descubiertos. Había encontrado el libro la tarde anterior cuando deambulaba por las vías olvidadas, solo, como siempre. Estaba húmedo y arrugado pero las letras permanecían intactas, atentas a las andanzas de sus amigos, ellos, temerarios y audaces, escondiéndose de un asesino. Sintió un escalofrío.

He propuesto a mis alumnos de 1º de ESO que participen y, aunque algunos acogieron la idea con entusiasmo (¡Sí! tengo un grupo en 1º de ESO contagiados por la extraña dolencia del entusiasmo, ¿será crónica?,¿se curará con el tiempo?) no les resultó atractiva la fotografía. Sin embargo, esta iniciativa a mí me ha dado ideas y, tras las vacaciones, les propondré en el blog de aula PONTEpalabraS una actividad semejante con fotos más sugerentes para ellos.

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