miércoles, 31 de octubre de 2012

Casa con fantasma


Casa con fantasmas en medio del bullicio urbano de un pequeño pueblo industrial. Casi nadie repara ya en la "Casa Encantada". Los fantasmas se lamentan de su abandono pero, como no se ven, nadie  escucha sus quejas desconsoladas. Nada hay más funesto para un fantasma que el olvido y la indiferencia.

Hace tiempo envié un relato a La voz de Galicia. Se llamaba "Casa con pantasma" y lo escribí originariamente en gallego. Casualmente lo he encontrado en la red, en la hemeroteca de ese periódico, aunque no se menciona mi nombre. Por lo que leo al pie de página en el diario, yo ya no debo de ser la dueña de mis palabras. Pero me voy a permitir traducirlo al castellano:

    No lo podía creer. Pero el anuncio estaba allí, delante de sus ojos, en la página 34 del  periódico que llevaba cinco años recibiendo ininterrumpidamente. “Se alquila casa con fantasma. Excelentes vistas. Rúa do Tempo, s/n. 400 euros al mes”. Se añadía un número de teléfono en el que un tal Román informaría con más detalle a quien pudiera estar interesado. Él, desde luego, no. ¿Casa con fantasma? ¿Acaso alguien querría vivir en un sitio así? Hay locos para todos los gustos. ¿Y quien sería ese tal Román que pretendía aprovecharse del miedo ajeno cobrando 400 euros al mes? “¡Menudo robo!", pensó, "aunque es cierto que yo poco entiendo de alquileres”. Llevaba algunos años viviendo en aquella casa sin pagar un duro, si bien es cierto que el dinero no era un problema para él. Además, no era el precio de la vivienda lo que le preocupaba. ¿Cómo sabía el tal Román que en la casa había un fantasma? Tendría que probarlo y no era nada fácil. Uno no puede llegar a una casa e invocar así por las  buenas a los fantasmas que allí habiten. Se supone que los fantasmas aparecen en los momentos más inesperados para provocar verdadero pánico entre la gente. Cuánto más efectivo no será hacer levitar los platos de la vajilla por toda a casa y  dejarlos caer finalmente en el aseo, ante la mirada espantada del inquilino,  no durante una oscura noche de relámpagos y truenos, no, sino en el silencio placentero de un hermoso atardecer de verano, con la penetrante fragancia amarilla de los limoneros entrando por las ventanas abiertas... Decididamente, solo un gracioso contestaría a ese anuncio, eso sí, sin intención de alquilar la casa, solo por llamar y  hablar con el  tal Román  para preguntarle si el  fantasma es joven o viejo y si aparecería decapitado, con la cabeza bajo el brazo, haciendo crujir las cadenas, y si podría mandar a través de él un mensaje a un pariente que se ahorcó y que no debe de tener  descanso para su alma atribulada. O quizás se sentiría interesado uno  de esos tipos raros, a los que les gusta el color negro, no solo para la ropa sino  también para pintar las uñas y  la raya de los ojos y  los labios, causando más pavor que el propio fantasma e incluso al propio fantasma.
     Por eso, cuando aquella deliciosa mañana de primavera vio desde el desván como un coche aparcaba en el jardín, y  bajaban de él  dos hombres, un cincuentón gordo de bigote y un joven  alto y de pelo rizado, aventuró “el de bigote debe de ser el tal Román”. Pero quedó de piedra cuando vislumbró en la parte trasera a una hermosa mujer rubia con un bebé en los brazos y a una niña que se apeaba del vehículo mirando hacia la ventana. “Vaya", pensó, "no sé como le afectará al desarrollo psicomotriz de la chiquilla mi  numerito de la vajilla”.

sábado, 27 de octubre de 2012

Pienso en magenta

No es nube todo lo que reluce
 Pienso en magenta. Pienso en lo bien que quedaría mezclar magenta y una pizca de amarillo cadmio para lograr un color que envuelva en el ensueño este amanecer nebuloso por el que corren eucaliptos y cables y casas aún dormidas y coches que adelantan en línea continua para desviarse en el primer cruce a la derecha. Eucaliptos en verde vejiga y azul prusia con un toque de esmeralda mientras Jeff Tweedy entona Everlasting Everything por esa carretera con una eternidad de humos al fondo. Violeta titán y blanco para las nubes y texto de Benito Feijoo para 2º de bachillerato. El monje en una celda defendiendo a las mujeres y avisando de la tiranía de las modas en el siglo XVIII, la modernidad tal lejana. Por la tarde, tender la ropa, recoger a las niñas del cole, llevarlas a clase de  inglés, a ver si no llueve, escarcha sobre la hierba comprobada empíricamente al hacer la foto, en ella no se aprecian los arces, otra vez rojo magenta, esta vez con mucho amarillo para  resaltar las hojas anaranjadas y rojas, esa delicia del otoño, esos colores que pasan mientras suena Deeper Down, examen de 1º de bachillerato con un texto del programa Callejeros para el comentario diastrático, quizás difícil para ellos, ahora es tarde para cambiarlo, atrás quedan las casas grises entre la bruma con el Forgoselo al fondo, tierra siena y verde cinabrio, ramas de los arces con un pincel muy fino, del número dos. Metáforas para 1º de ESO, los ojos son ventanas, el humo de la central térmica es una nube, niebla que se posa en lejanía como un velo turbio es un símil, los ojos aletargados como ventanas también, verso enigmático. Ventanas abiertas al relente de la noche es pura poesía. Eso es lo que pienso cuando pienso en magenta, cuando pienso en verde cobalto para el musgo vagamente lactescente de los abedules. Para la bofetada gris del asfalto no olvidar mezclar también un poco de rojo. Releer a Stefan Sweig, sus memorias, antídoto contra la soberbia. Descubrir a Herta Müller, no esperes que te lo dé todo hecho, la literatura no es un camino fácil, pensar cuesta y duele pero es necesario, ya lo decía Feijoo (el otro, el pensador, el reformista utópico). Aclarar en el examen que ar keli es 'a  casa' y fumar una platilla es 'fumar heroína'. Cómo nos hemos dejado llevar a un callejón sin salida, la poesía urbana, el progreso que no era, la modernidad de otros, el batacazo contra el asfalto, la bofetada del humo.

Te puede interesar también...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...