lunes, 31 de agosto de 2015

La Celestina y la sociedad actual. Propuesta de trabajo para 1º de bachillerato.



La Celestina de la compañía teatral Atalaya
¿Cómo hacer que los adolescentes aprendan de los autores clásicos? 
En primer lugar, no dejándolos solos con ellos. Venga, leed La Celestina, que es un clásico, e id marcando ya una fecha para la prueba de lectura. A pesar del fracaso de este método, muchos docentes de lengua y literatura siguen empeñados en que si un adolescente no ama la literatura es porque no muestra interés. En tercero de ESO solemos leer La Celestina en la versión adaptada de Vicens Vives. Se lee en voz alta en clase y les gusta. Cuando llegan a 1º de Bachillerato están preparados para leer una adaptación más compleja (la de la editorial Bambú es excelente). Como hago también con Rinconete y Cortadillo (aprovecho un episodio en el que la prostituta Juliana es maltratado por su hombre), intento que relacionen algún aspecto de la obra con temas de la actualidad. 

Esta es mi propuesta para La Celestina, por si a alguien le puede interesar:
1. Calisto, el primer nini.
- Calisto muestra una actitud caprichosa e infantil. No parece hacer nada de provecho. Antepone su bienestar inmediato y personal ante todo, no parece querer ni respetar a nadie. Establece los rasgos de su personalidad, su actuación en la obra, la actitud hacia los demás personajes, su tragicómico final.
- Investigación: La Generación Nini en la actualidad.
- Conclusión: ¿Es Calisto un nini?

2. Melibea, la adolescente incauta.
- Melibea es una joven resuelta y decidida, por amor es capaz de oponerse a todas las convenciones sociales. Pero los sentimientos de Calisto por ella no parecen ser los mismos. Traza su evolución sentimental desde el inicio de la obra hasta el final.
- Investigación: El machismo en la adolescencia. ¿Hemos avanzado? El papel de las nuevas tecnologías en el aumento de estas actitudes.
- Conclusión: ¿Sufre Melibea algún tipo de violencia de género?

3. Celestina, la vieja alcohólica y sola.
- A pesar de ser un personaje caracterizado por sus grandes vicios, como el egoísmo y avaricia, Celestina se lamenta continuamente: se siente sola, añora los felices años de la juventud. Ahora su única compañía es el vino. Detalla la personalidad de Celestina (sus verdaderas intenciones con los demás, sus ambiciones en la vida, su forma de ver el mundo).
- Investigación: Las lacras de la vejez en la actualidad (soledad, alcoholismo, mendicidad,…). Causas y consecuencias.
- Conclusión: ¿Es Celestina una vieja desamparada y sola?

4. Sempronio y Pármeno: la falta de respeto a la autoridad.
- Sempronio y Pármeno son los criados de Calisto. Aunque Pármeno intenta mantener la fidelidad a su amo, Sempronio, más falso y desleal, está unido desde el principio a su amo por razones meramente económicas. Compara: Sempronio versus Pármeno. Ideología y ética de cada uno. Evolución de Pármeno.
- Investigación: La creciente falta de respecto a la autoridad (sobre todo a profesores y personal sanitario). Causas y consecuencias.
- Conclusión: ¿Deberían ambos criados permanecer fieles a su amo?

5. Elicia y Areúsa: vivir de la prostitución.
- La vida no es fácil para ellas y, conscientes de las limitaciones de su clase social, muestran abiertamente su envidia y su resentimiento hacia la clase alta. A pesar de ello intentan vivir con dignidad. Señala las diferencias laborales que se dan entre Areúsa y Elicia y analiza su resentimiento hacia las clases altas.
- Investigación: La prostitución en España. ¿Trabajo o lacra social? Perfil de las prostitutas en España. La trata de mujeres.
- Conclusión: ¿Criadas (como Lucrecia) o prostitutas?: ¿qué les ofrece más seguridad? ¿Prefieren la seguridad o la independencia?

sábado, 22 de agosto de 2015

La muerte de un profesor y la muerte del león


Ilustración de Zdzislaw Beksinski
     Es cierto. No podemos pasarnos la vida llorando a todos los muertos que salen por la tele. No podemos vivir como nuestro un duelo que está reservado a los allegados. Nuestra intromisión no puede ir más allá de un escalofrío en el pensamiento que nos recuerda la lección que ya estaba presenta en la Epopeya de Gilgamesh: la inmortalidad está reservada a los dioses, no a los humanos. Así que decimos no somos nada, y nos abrazamos a la almohada con pelusillas de mala conciencia al sentirnos a salvo de un piloto suicida, de un terremoto devastador, de una guerra espeluznante, de unos terroristas despiadados, de una montaña inflexible, de un ex novio vengativo. Porque la muerte es un susurro adormecido que cualquier día nos puede desgarrar la oreja.
     La muerte de los otros nos conmueve el instante que dura su presencia en los medios de comunicación.
     Decía el poeta González que los muertos son unos pesados. Aunque ni por asomo  pensaba él en el león Cecil. Doscientos kilos y una belleza salvaje y descomunal que fue largamente alabada y llorada en las redes sociales hasta que desde Zimbabwe nos dijeron que no, que ellos no lloraban al león, acostumbrados como están al zarpazo arrogante del hombre blanco. Los desmanes de un dictador, la pobreza, la corrupción,... esa es la chincheta que habría que clavar en el mapa allí donde se sitúa Zimbabwe
     Quien seguro que nunca cazó un león fue Abel Martínez Oliva, profesor de Geografía e Historia asesinado en abril por un alumno víctima de un brote psicótico. La celeridad por proteger al menor fue notable. Ni un nombre, ni una imagen ni un rastro. La celeridad en olvidar al profesor también lo fue. Ni vestiduras desgarradas ni planto desesperado en las redes sociales por parte de los que más tarde pidieron la cabeza del dentista que acabó cruelmente con la vida del león.
     Su muerte,la del maestro, no produjo gran espanto y algunos de mis alumnos bromearon al enterarse de que un menor de catorce años es inimputable y que inimputable significa "Eximido de responsabilidad penal por no poder comprender la ilicitud de un hecho punible o por actuar conforme a dicha comprensión". No entendieron la mitad de las palabras de la definición pero yo les expliqué que si un menor de catorce años comete en delito no merece más castigo que el que le pongan sus padres ni más amonestación que la del psicólogo porque un niño de trece años no comprende lo que hace. ¡Quién lo supiera antes! suspiraron, ya quinceañeros, entre irreflexivas risas.
      A Abel Martínez Oliva, profesor de Geografía e Historia, le concedieron como homenaje póstumo la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.
     Eso es todo. Después, el olvido.
  

lunes, 17 de agosto de 2015

Función fática, me gusta y soledad.

Acuarela de  Sandra Sarmiento  

      "Qué soledad terrible si no tuviéramos las palabras", decía don Emilio Lledó en 2010 a David Cantero en La entrevista, de la 2. Me acordé de la cita cuando, hace unos días, en un centro comercial, mientras esperaba a que mis hijas salieran del cine, me cruce de bruces con la imagen de la soledad. De haberme atrevido (la fotografía callejera se me resiste) podría mostrar aquí un ejemplo más de lo que a fin de cuentas es fácil encontrar por internet: dos parejas no tan jóvenes mataban el tiempo alrededor de una mesa sumergidos cada uno en la pantalla táctil. Para ser fiel a la instantánea, uno sostenía su móvil en la mano mientras alargaba una mirada desenfocada hacia los carteles que anunciaban las películas. Un cuarto de hora largo sin palabras, sin más movimiento que unos dedos veloces. Por un momento fantaseé con la idea de que estuviesen comunicándose entre ellos, decidiendo qué film verían o qué oferta de palomitas les compensaría más. Ignoro si existe un sticker para expresar el deseo de cine+palomitas+refresco.
     No añado nada nuevo al constatar que cada vez hay más gente, y de todas las edades, con la cabeza inclinada hacia una pantalla en aquellas ocasiones en las que normalmente se hablaba, se discutía, se gesticulaba, se cantaba, se leía. He visto adolescentes sentados en el suelo en un concierto sin levantar la cabeza del móvil, mujeres maduras en la consulta del médico jugando con la tablet, madres y padres a los que he citado en la tutoría comprobando como quien no quiere la cosa las notificaciones del facebook mientras me decían que sí, que el niño es vago y no estudia y ellos ya no saben qué hacer con él.
     Pero no piensen que soy azote de redes sociales ni que tengo un teléfono de la época de los dinosaurios. Entiendo su utilidad y defiendo su uso. Pero llevo una cuantas noches pensando de turbio en turbio y despotricando  de claro en claro contra los grupos de  whatsapp con los que las amiguitas de mis hijas invaden mi intimidad a golpe de alegre emoticón besuquero.
     Así se comunican durante el verano, que no coinciden en la playa, las pobres, pensarán ustedes. Pero es que repaso el libro de Lengua y Literatura de 1º de Bachillerato y resulta que yo explico a mis alumnos que la comunicación consiste en transmitir información. E informar consiste en comunicar conocimientos nuevos. El ser humano se comunica a través del lenguaje, que es un medio por el cual se da forma al pensamiento. Dependiendo de la intención del hablante (transmitir información, convencer de algo, expresar sentimientos, etc.) se habla de diferentes funciones del lenguaje (representativa, expresiva, apelativa, ...). Son seis. Una de ellas parece menos importantes que las demás. Es la llamada función fática o de contacto. El acento no se pone ni en el emisor, ni en el receptor ni en el mensaje, sino en el canal comunicativo y se refiere a aquellos mensajes que tratan de iniciar, mantener o interrumpir una comunicación. Por ejemplo, los mensajes con los que nos saludamos (hola, ¿qué tal?)  o las muletillas en las que el emisor se apoya para mantener la comunicación (ya...ya, vale).
      La función fática es la más vacía de información. No transmite un mensaje complejo, no exige ningún tipo de esfuerzo. Iguala, como la muerte, al iletrado y al docto en su capacidad comunicativa.
     Constato con espanto que la función fática domina los nuevos canales de comunicación. Los emoticonos de los mensajes, los "me gusta" de facebook, los halagos comodín ("guapa", "grande", "eres el mejor"), no dejan de ser fórmulas vacías que empobrecen nuestro lenguaje y nuestra capacidad de pensar.  El receptor está ahí, pero no está dispuesto a leer el artículo periodístico que has compartido, ni a llevarte la contraria con argumentos convincentes cuando su idea no coincide con la tuya. Jamás, nunca te dirá que la foto de tu perfil está movida y que esas ojeras malvas no te favorecen. Pero sabes que te sigue, que mantiene el contacto, con el emoticón del aplauso, del beso, del zurullo con ojos, con frases estereotipadas, con un clic en "me gusta". Y tú, imperceptiblemente, vas transformando tu intención expresiva (la relacionada con la función expresiva, la que nos permite exteriorizar emociones y expresar nuestros sentimientos y deseos de forma subjetiva y hasta poética, a veces) en intención fática de contacto virtual, a través de una colección de caritas que simbolizan los estados de ánimo.
     En Los retos de la educación en un mundo líquido, Zygmunt Bauman alertaba de la tendencia en la sociedad actual a tomar atajos, a recurrir a tareas que exijan cada vez menos esfuerzo, a consumir productos que se preparan instantáneamente. Habla del "síndrome de la impaciencia":el tiempo es un fastidio, no podemos perder ni un instante en dedicarle tiempo al tiempo. Cocinamos en tres minutos, compramos las uvas sin piel, las rebanadas sin corteza, la lechuga troceada; queremos que nuestros hijos aprueben sin esfuerzo, que no suban escaleras, que nos curen el esguince en urgencias al llegar, que el autobús no se retrase, cruzamos el semáforo en rojo, pitamos si hay caravana por un accidente, que no llueva para no abrir el paraguas,  Y si no vamos a hacer el esfuerzo de morder pan con corteza tampoco haremos el esfuerzo de hablar, de leer, de escribir, de expresar, de opinar, de discutir.  Para eso están los emoticonos y los "me gusta".
    Sentenciaba  Emilio Lledó que "El ser humano es un animal que habla". Quizás nos encontremos, entonces, ante una especie en peligro de extinción.

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