miércoles, 2 de septiembre de 2015

Reflexión sobre el uso de las nuevas tecnologías antes de entrar en el aula


Palmira (Siria). Internet también ayuda a que no se convierta en una ciudad invisible. 
Aunque la destruya la abominación. 
 Foto de Ana Olga en 500px.

Hace un par de años escribí este artículo como comentario de un texto de Manuel Area para un curso on-line sobre nuevas tecnologías. Ahora, que empieza el nuevo curso, con nueva reforma y nuevos recortes y, como sospecho, con viejos ordenadores, me gustaría compartir aquí esta reflexión.

      "Que el vino mejora la calidad de vida está documentado en textos literarios desde el comienzo de la civilización. ¡Mejores son que el vino tus amores! exclama la Amada al inicio de El Cantar de los Cantares. Me quedé con ella a solas, sin más terceros que el vino confiesa Ibn Hazm en su hermoso tratado amatorio. Y para tercera, la vieja Celestina enseña que de noche en invierno no hay mejor escalentador de cama. Pero cuando la emoción nos embriaga demasiado no está de más recordar los sabios consejos que Don Amor daba al alocado Arcipreste: al que de más lo bebe sácalo de cordura, toda maldad del mundo fase e toda locura.
     Estamos emborrachados de tecnología y, extasiados entre las brumas de sus vapores, entramos en la esperada fase de la exaltación de la amistad, esa que más nos desasosiega al día siguiente, cuando descubrimos con pavor que hemos jurado amor eterno al sapo (o sapa) de todos los cuentos de princesas. Bebamos, más, para olvidar. Pero,… ¡esperen! Estamos aún en la fase de exaltación de la amistad. Disfrutémosla pues. Croac, croac. El libro electrónico es maravilloso (siempre y cuando no olvides el cargador), los más jóvenes son nativos digitales que han crecido a golpe de ratón (pero mi madre está en facebook y me ha solicitado amistad, ¿qué hago?), a través de twiter me he hecho amiga de las blogueras turcas (eso antes de que Erdogan lo bloqueara), ahora acabo de preparar una actividad chulísima para el aula Abalar (el ordenador de Borja nunca se carga, los altavoces siempre desaparecen, ni con fnf4 se puede ver la pantalla, abran ustedes su libro de texto por la página 51, sí, ese que tiene hojas de papel y no habla).
     Hace tiempo que dejé de creer en “El club de los poetas muertos”. Justamente cuando empecé a dar clase y empecé, por tanto, a aprender a tropezar todos los días. Lo digo sin derrotismos. Creo que el buen docente es aquel que tropieza todos los días. Otros abren el libro y le ponen voz. Si tuvieran que usar un libro electrónico seguirían pasando las hojas. Aplicar en las escuelas un sistema TIC sin una pedagogía eficaz haría aflorar todos los fantasmas de las tecnologías (que son muchos, lean sino a Nicholar Carr o a Zigmunt Bauman). Porque, efectivamente, como dice Manuel Area, se trata de formar ciudadanos cultos, críticos (yo también diría creativos) y preparados para afrontar, no solo la incertidumbre de un mundo tecnológico, sino para afrontar un mundo donde más de la mitad de la población no tiene acceso a una educación básica, donde las desigualdades son cada vez mayores (y no, no estoy pensando en África ni en Asia), donde los niños tienen cada vez más acceso a contenidos de adultos y donde los adultos muestran cada vez más inmadurez (soy tutora, tengo una colección de anécdotas de padres que aún no han pegado el estirón). Y eso en un contexto en el que, efectivamente, ya tenemos todo el conocimiento de todos los ámbitos solo con mover un dedo. Por cierto, llevar al cole una tablet en vez de siete libros y cuatro libretas sería maravilloso (pero eso lo dicen porque no conocen a mis hijas, porque al libro, si se rasga, lo embadurno con pegamento, pero no les compro otra tablet).
     Los avances tecnológicos poseen más beneficios que el vino pero los estamos bebiendo demasiado rápido. La escuela necesita una reforma urgente que incluya también el devenir de la modernidad pero, como ocurre en los países árabes, los contrastes son demasiado profundos: aquí también conviven modelos de escuela que no han evolucionado demasiado desde la Edad Media al lado de otros que viajan rumbo a las estrellas a bordo del Enterprise."

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