jueves, 23 de febrero de 2012

Paisaje con granos de odio



Caín matando  a Abel. Grabado de Alberto Durero
Me ha impresionado el titular de la noticia: Homs se desangra a la vista del mundo. La imagen que antecede al texto es sobrecogedora: un padre herido abraza a su hijo muerto, demasiado pequeño para haber vislumbrado la fatalidad de su destino. Es uno entre tantos que ya no soplarán una vela por su cumpleaños. La vela de su vida ha sido arrebatada por un soplo de odio. El mismo con el que se cruzaron la periodista  Marie Colvin y  el  fotógrafo Remi Ochlik. Y tantos otros que sabían que debían estar allí, justamente para eso, para que el mundo sepa que lugares como Homs se desangran a la vista del mundo. Y es que el odio, como decía Wislawa Szimborska, no es como los otros sentimientos. Hay sentimientos que nos llevan a creer que la lucha por la vida tiene un sentido: la valentía de los que son capaces de dejar el calor del hogar para dar testimonio del padecimiento de los que no pueden sentarse al calor del hogar; la rabia de los que no se arredran ante la injusticia y sueñan con mejorar el mundo aun a costa de su vida;  la generosidad de los que ofrecen agua y aliento incluso a su enemigo;  la humildad de los que saben que no somos más que un grano de arena en un universo imperfecto. Otros sentimientos nos revelan que el imperfecto no es el universo sino su habitante más imperfecto: la petulancia del que piensa que eso aquí no puede pasar; la necedad del que no sabe no contesta; la indolencia del que no conoce más sufrimiento que su propia apatía personal; la insensatez del que sigue descorchando champán para que siga la fiesta.

Pero el odio:
Ved cuán activo está
y qué bien se conserva
el odio en nuestro siglo.
Con que ligereza salva obstáculos,
y que fácil le resulta saltar sobre su presa.
No es como los otros sentimientos.
Más viejo y, a la vez, más joven.
Por sí mismo genera la causa
de su despertar a la vida.
Duerme a veces, pero jamás con un  sueño eterno.
Y el insomnio no le resta fuerzas, se las da.
Buenas son las religiones,
con tal de estar en la línea de salida.
Buenas son las patrias,
con tal de lanzarse a la carrera.
Al principio, incluso la justicia funciona.
Después correrá solo.
El odio. El odio.
La faz se le retuerce en una mueca
de amoroso éxtasis.
¡Qué anemia y apatía
la de los otros sentimientos!
¿Desde cuando la fraternidad
arrastra multitudes?
¿Ha llegado alguna vez  la compasión
primera a la meta?
¿A cuántos voluntarios seduce la duda?
El odio sí seduce,¡y cómo!, es perro viejo.
Avispado, listo, trabajador.
¡Cuántos cantares ha compuesto!
¡Cuántas páginas de la historia ha numerado!
¡Cuántas alfombras humanas ha desplegado,
en cuántas plazas, en cuántos estadios!
No nos engañemos:
sabe crear belleza.
Espléndidos son sus incendios en la negra noche.
Soberbias las humaredas de sus explosiones al alba.
Imposible negar el patetismo de sus ruinas
 ni el humor chabacano 
de la única columna que queda en pie.
Es  maestro del contraste
entre silencio y estruendo,
entre sangre roja y nieve blanca.
Y nunca jamás se cansa
del leivmotiv del verdugo pulcro
sobre la inmunda víctima.
Siempre dispuesto a nuevas tareas.
Si es necesario esperar, espera.
Dicen que es ciego. ¿Ciego?
Tiene los ojos de lince del francotirador 
y mira el futuro con denuedo.
Él, solo él. 
Wislawa Szimborska: de Paisaje con grano de arena. Editorial Lumen.





lunes, 13 de febrero de 2012

Ahora soy pobre


Del fotógrafo británico Lee Jeffries
"Y ahora soy pobre". Estas palabras estuvieron dando vueltas por mi cabeza durante todo el día, errantes y vagabundas, sin hallar lugar donde guarecerse. Y es que hace frío, también en mi cabeza. Por la noche se acurrucaron en un resquicio, cerca del ojo, al lado de unos versos de Wislawa Szimborska ("Escucha/en mí late, desbocado, tu corazón").
"Y ahora soy pobre". Ella, una mujer rumana en las Noticias. Apenas veinte segundos de fama para ilustrar los estragos que la ola de frío causa  en los más desfavorecidos,  los que carecen de hogar, los sin techo. Sin techo, sin trabajo, sin familia, sin patria,  pero con manta. "Antes tenía dos mantas" -mira con fijeza a la cámara, como los mendigos de Lee Jeffries- pero me robaron una. Y ahora soy pobre."
A eso llamo yo dar una buena lección. Ahora que, como el hombre que comía altramuces, nos toca llorar lo que hemos derrochado.
Y es que una manta cuando el frío acuchilla el alma es la mayor riqueza. Como el agua en el desierto, el pan de horno que sabe a pan, los zapatos que no hacen rozaduras, el paraguas con todas las varillas intactas, el lápiz con punta, el jarabe aunque sepa mal, la comida en la mesa a mediodía,la leña en la chimenea, el colchón con muelles, la  habitación sin grietas, el edificio con ascensor, el autobús que lleva a la escuela, las farolas en la calle, la rueda sin pinchazos, las instrucciones legibles, la mano que impide la caída, la voz que saluda, la palmada que anima, la foto de los que ya no están, el regreso tras un largo viaje, el agua, el pan, los zapatos,el techo, ...la manta.

sábado, 4 de febrero de 2012



Dormir a pierna suelta no es lo mismo que estar en la luna
 Los sábados Hashîm y yo

arreglamos el mundo:

aislamos a un dictador, lo amordazamos,

ponemos voz a los sin nombre,

repartimos las ganancias y el agua

también entre los invisibles que no salen en la foto.


Hoy precisamente es sábado.

Dos bajo cero

la nariz congelada

sobre la cálida sonrisa

recordando las montañas de Azilal.

No podemos nada contra el frío

Dios dispone -a mí, a la descreída, me habla de Dios-

pero los dos estamos contentos

ninguna bomba mudará la pierna suelta en pesadilla

-por ahora-.


Los sábados arreglamos el mundo

pero, luego, entre semana,

alguien nos lo desbarata

y el dictador desoye sin horror a sus cadáveres

desde las cuencas pétreas de su delirio

mientras uno que tiene una bomba

no soporta ver la bomba en el ojo ajeno.

Los invisibles,

¿se quejan?, ¿estudian con mis hijos?

¿su transparencia es contagiosa?

¿me costarán dinero?

La bomba,

¿caerá lejos? ¿la tienen ellos o nosotros?

Ls guerras, por la tele, no huelen.

Ni hablemos entonces del dolor.

No cayendo aquí me da igual.


Con gente así,

- Hashîm  está de acuerdo conmigo-

no hay manera de arreglar el mundo.

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