sábado, 7 de enero de 2017

Los libros no son sagrados.


Kafka, Alicia, Pippi, Gerónimo. Todos, aunque no lo parezca, están aquí.


     Para los que leemos de forma habitual el libro es un objeto de culto. Así como unos no pueden evitar pararse ante los escaparates de ropa o de comida o de recambios neumáticos, un apasionado del libro verá reflejada su silueta  en todas las lunas que muestren la promesa de vidas y visiones diferentes a la de la repetitiva cotidianidad.  Decía Borges que el libro es una extensión de la imaginación y de la memoria. Y ahora se me ocurre pensar que el mundo va hacia donde va porque le falta la rebeldía que nace con la imaginación y le falla la memoria que siempre está a tiempo de reconquistar en los libros.
     La capacidad de concentración aumenta al entrar en una librería y, aunque afuera arrecie la canícula o el frío invierno nos aturda con el aullido húmedo del vendaval, no hay mejor refrigerio que la promesa de una historia inexplorada ni mayor abrigo que el susurro de las hojas en su tránsito hacia la búsqueda y el conocimiento.
     Para los que consideran el libro como un objeto sagrado tirar un libro es una profanación, un acto de tal irreverencia que no se puede pensar en ello sin sentir un escalofrío de desconcierto.
     Por lo mismo, porque el libro es sagrado y en él se esconde la verdadera esencia del ser humano y de la vida, con sus bondades, inquietudes, logros, fracasos, desalientos y demás emociones, por ello y mucho más, quienes consideramos al libro un objeto sagrado no podemos pensar siquiera en la posibilidad de la censura. Defendemos con vehemencia la independencia del creador porque somos conocedores de obras imprescindibles que se vieron a un traspié de acabar en la pira de la intransigencia.  En 1857 Gustave Flaubert y Charles Baudelaire fueron llevados a juicio por escribir obscenidades el primero y por hacer apología del mal el segundo. Tiemblo al pensar que, en  estos tiempos aliados de la prisa, lenguaraces voces sin sentido del contexto puedan condenar al poeta maldito francés como inductor a la violencia de género. Juzguen ustedes si no:  El vino del asesino
     Hace unos meses levantó polvareda en las redes una polémica acerca de una obrilla infantil que, en formato autoayuda y a modo de consejos con pretensión humorística, incita a niños y niñas a la desobediencia caprichosa y a un cierto desprecio hacia los demás. Sí, leí el libro antes de la polémica y me desagradó que tras un envoltorio inocente, con la promesa de pegatinas al final, se escondiese justamente la opción vital que no queremos transmitir muchos de los  que nos embarcamos diariamente en las aulas intentando el desarrollo de un pensamiento crítico que nos haga fuertes ante los diferentes tipos de manipulación y que fomente, sobre todo, el respeto hacia los demás, sin olvidar la dosis de rebeldía y transgresión que nos han ofrecido, a través de la ficción, tanto Pippi Calzarlasgas como Charles Baudelaire, por poner dos ejemplos.  
     Muchos pidieron la retirada del libro por considerar que su lectura puede abrir puertas al acoso escolar que ya es mal extendido en un país y en una escuela que solo reacciona  (y no siempre) cuando, como indicaban todos los pronósticos, las lluvias torrenciales inundan las casas con tejas desplazadas en los tejados desconchados. 
     Otros clamaron al cielo porque los libros no se prohíben ni censuran. Lo que está escrito es sagrado. La palabra impresa es un tatuaje inquebrantable como un dogma de fe por los siglos de los siglos amén.
     Yo, he de confesarlo, a veces entro en las librerías  y cual Cervantes atrevido, a quien no le tembló la pluma en ristre al lanzar a la pira del olvido todas las novelas de caballerías y demás bodrios de su tiempo, pienso que no, que el libro no es sagrado. 


sábado, 24 de diciembre de 2016

Desacordes navideños 2016

Del fotógrafo de guerra serbio Goran Tomasevic

Han ganado la batalla (no nos engañemos con mentiras piadosas), respiran tranquilos, el consumo aumenta, las terrazas y bares vuelven a ser la actividad de ocio preferidas de nuestros amigos y vecinos, las luces de Navidad cumplen su función cegadora, los noticieros televisivos no dejan de insistir (cara complaciente del presentador) en el repunte de las compras, en twiter (lo he comprobado) Proactiva Open Arms, la ONG que pasará las navidades salvando la vida de los que huyen del infierno, tiene 38.160 seguidores frente a los 1.222.948 de la Princesa del Pueblo, lo he comprobado. El analfabetismo televisivo pasará las navidades soltando sandeces que enriquecen económicamente a fantoches grotescos. Necesitamos un Valle Inclán contemporáneo que reescriba Luces de Bohemia, ahora que Europa es una deformación grotesca de la civilización, ahora que los Don Latinos, con ese corazón que tienen, se han hecho dueños de todos los capicúas, ahora que mascar ortigas ya no es tendencia, ahora que lo que ahora nos conmueve mañana estará olvidado al contacto espumoso de una cervecita de terracita con este tiempo tan primaveral en invierno, lejos del infierno de esos otros que huyen de un infierno, de ese círculo dantesco que resulta lejano aun en su cercanía.
Hace unos meses escribí este poema, que está por ahí en mi blog de poesía. Como una Ebenecer Scrooge cascarrabias (no sé por qué lo hemos odiado tanto, mister Dickens) mi sentimiento navideño está lejos de la pastelona Navidad.


Piedras al vacío, I
Estamos en el infierno y nos gobiernan sus monstruos.
No intentes enfrentarte a ellos,
no conocen el don de la humanidad.
Sus manos tendidas encierran un puñal de mentiras.
Todo hace pensar que su masa encefálica se talló en canteras de granito
-ya no hablemos, entonces, del corazón-.
No permitas que te anestesien con el abrazo de sus palabras.
Si las cuencas  de sus ojos
se clavaran en el mapa de tu destino
te verían como creen que eres:
grano de arena invisible en el desierto,
saltamontes huyendo del dedo que arranca sus alas,
araña ofuscada en los desgarros de su tela,
escarabajo atontado en la felicidad de su colorido.
Sin embargo, no olvides
-muchos ya lo saben-
que un mosquito puede provocar una matanza,
y que una marabunta de hormigas
no es solo ciencia ficción.
Por eso,
no intentes enfrentarte a ellos
-a los demonios voraces-
mostrando tu desnuda soledad.
Recompón la tela, elévate sin alas, desordena tu colorido,
Y entiende –de una vez por todas-
que un grano no hace desierto
pero  una tormenta de arena  retuerce  los caminos
hasta convertir el barro intransitable en salvoconducto hacia el atardecer.

sábado, 17 de diciembre de 2016

#poema27. Retorno a María Teresa León


María Teresa, Lorca y Alberti
"Hijo, ¿sabes dónde has nacido? ¿Comprendes en qué lugar has abierto los ojos? Pues estás en España. (…) ¿Traes algo entre las manos: una gota de agua salada, una canción, un caracol de las playas celestes? Hijo, voy a poner sobre tus labios un aliento, apenas, del vinillo nuevo, para que tu corazón jamás encierre amargura y halles en ti alegría que derramar sobre los que sufren adversidades y pobreza."   ( De Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar )

Este fragmento forman parte de un libro que no tengo y que nunca he leído y del que probablemente no hubiera oído nada si, al encontrarme con la iniciativa que Toni Solano plantea cada año  por estas fechas de invadir la red con poemas del Grupo del 27, no hubiera surgido en mí la necesidad, no exenta de remordimientos, de aludir a alguna de las mujeres que formaron parte de esa generación pero que fueron posteriormente anonimadas, olvidadas y borradas, no solo por las instituciones, o por los libros, o por los enseñantes, sino también por sus propios compañeros de generación, aquellos que vivieron para contarlo. Un documental de 2015, Las sinsombrero, recupera su presencia y las salva de las telarañas de la desmemoria. Hemos trabajado con ese documental el curso pasado en Literatura Universal y  este curso lo incluyo como parte de la programación de Lengua Castellana y Literatura de 2º de bachillerato. En algún libro de texto aparece una tímida mención a alguna de estas escritoras (Concha Méndez o Ernestina de Champourcín). Supongo que con el tiempo esa presencia, que hoy es tendencia, se irá evaporando como una gota de agua en el asfalto si desde los centros no alimentamos su recuerdo. Desde el nuestro, y a través del Plan de Fomento de la Lectura (Encuentros Literarios 2017) organizado por el MECD, estamos organizando una charla con la escritora Ledicia Costas (Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2015) para hablar de la pintora Maruja Mallo y su relación con las Sinsombrero en ese universo cultural floreciente que fue la Generación del 27.

El 13 de diciembre de 1988 moría María Teresa León aquejada de una enfermedad que le borró los recuerdos. Para los libros de texto y para los  homenajes era la mujer de Rafael Alberti. Pero la verdad olvidada es que estamos ante una escritora excepcional de cuyos escritos apenas hay rastro en la red y cuyos libros están, sobre todo, descatalogados. Fue además una intelectural combativa cuya memoria se esfuerza hoy por recuperar su hija Aitana.

En 1956 Rafael Alberti publicó Retorno de lo vivo lejano, uno de sus poemarios más hermosos. Escrito desde el exilio argentino, quiero pensar que este poema, "Retorno del amor recién aparecido", lo escribió pensando en María Teresa León.

Cuando tú apareciste,
penaba yo en la entraña más profunda
de una cueva sin aire y sin salida.
Braceaba en lo oscuro, agonizando,
oyendo un estertor que aleteaba
como el latir de un ave imperceptible.
Sobre mí derramaste tus cabellos
 y ascendí al sol y vi que eran la aurora
cubriendo un alto mar de primavera.
Fue como si llegara al más hermoso
puerto del mediodía. Se anegaban
en ti los más lucidos paisajes:
claros, agudos montes coronados
de nieve rosa, fuentes escondidas
en el rizado umbroso de los bosques.
Yo aprendí a descansar sobre tus hombros
y a descender por ríos y laderas,
a entrelazarme en las tendidas ramas
y a hacer del sueño mi más dulce muerte.
Arcos me abriste y mis floridos años,
recién subidos a la luz, yacieron
bajo el amor de tu apretada sombra,
sacando el corazón al viento libre
y ajustándolo al verde son del tuyo
Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo
que no penaba en una cueva oscura,
braceando sin aire y sin salida.
Porque habías al fin aparecido.

jueves, 24 de noviembre de 2016

"Fóllate a la tulla,cabrón". Una reflexión para el 25N




"Fóllate a la tulla, cabrón" reza la pintada, encajada desde hace años ya en el paisaje como didáctica concesión al  feísmo rural. El aforismo es anónimo, pero quizás esta letra  haya pasado por mis ojos algún curso. Con seguridad, yo habría puesto el acento en "cabrón", una tilde con bolígrafo verde enmarcada en un círculo.  Aunque no lo parezca dice más de lo que dice porque desenmascara al anónimo autor aunque siga permaneciendo en el anonimato. Decididamente, los estudios no son lo sullo*, es posible que no sepa que un pronombre posesivo es aquel que denota posesión o pertenencia.  Pero sabe cuál es la sulla* y cuál es la tulla*. Su posesión y la del otro. Tras el  verso se esconde una historia sentimental marcada por la infidelidad. Cuando se lo contaron sintió el frío de una hoja de acero en las entrañas pero no se apoyó contra el muro, no, sino que, ofuscado por tan becqueril desengaño, estampó su lírico sentir en él.

Durante los años que pasé por delante de ese muro no recuerdo que nadie borrase la pintada, que nadie hiciese mención a ella a pesar de mostrar su impúdica visibilidad hacia las ventanas de algunas aulas. Las malas hierbas y las zarzas la han ido desvaneciendo y es probable que solo quede fragmentada constancia en esta vieja foto que siempre me persigue cuando llega el día de pasarse el día reflexionando sobre la violencia de género.

66.000 mujeres han llamado este año en España al teléfono de atención a víctimas de violencia de género, muchas de ellas adolescentes, el colectivo más vulnerable. Ignoro cuántos miles de euros serán destinados a lacitos morados pero su efecto será igual a la buena voluntad de la miel con limón para curar la pulmonía.

El de la tulla* ha crecido en un mundo donde el fútbol es cosa de hombres; donde los héroes de los cómics son, en su mayoría, hombres; donde gran parte de los grupos musicales están liderados por hombres; en los libros de texto los inventos, los acontecimientos, los pensamientos, el ingenio y la creatividad son cosa de hombres; en la publicidad, los coches de alta gama que circulan por carreteras solitarias están conducidos por hombres mientras las mujeres sufren pérdidas de orina, tienen digestiones difíciles, toman infusiones para adelgazar y poder derrochar atractivo concupiscente en los anuncios de perfumes.

El de la tulla* escuchar reggaeton y canta en inglés lo que no comprende mientras engulle vídeos de sujetos con gorra que acercan su bálano a estrechas minifaldas quinceañeras. Su hermano pequeño también amuebla su infancia con  youtubers de memo ingenio mientras sueña con participar algún día en "Mujeres y hombres y viceversa" o soltar palabrotas e improperios en cualquier otro programa de máxima audiencia.

Me pregunto qué habrá sido de sulla*.  

domingo, 20 de noviembre de 2016

HOY NADIE SE ACORDARÁ DE SELMA

Verde niebla entre los árboles
20 de noviembre. La borrasca arrecia y la luz del amanecer pugna por abrirse paso entre nubes grises esponjadas de humedad. Me gusta empezar el día con un café y las noticias del mundo que se filtran entre ralladuras, vahos y demás efluvios publicitarios e interesados. Dedico más de una hora a podar, a abrirme paso entre la maleza, a desdoblar mensajes velados, a recomponer historias invisibles y a esquivar sin miramientos a molestos duendes que, cual Peeves fastidioso, desvían mi atención.

20 de noviembre. Muere, en 1910, León Tolstói, el viejo león, el conde que no haría rico ni a las grandes franquicias de ropa ni a las funerarias, el escritor infatigable que ahondó en el alma humana y dio su vida por la escritura, el pedagogo revolucionario que puso a los niños de Yásnaia Poliana en el mapa, y tantos logros y tantas generosidades y tantas miserias más de ser humano de vida intensa.
Tumba de Tolstòi

20 de noviembre. Hoy nadie se acordará de Selma. Hoy habría cumplido 158 años. Como no goza  de la indestructibilidad del latoso Peeves debemos suponer que Selma hace tiempo ya que ha abandonado este mundo. Efectivamente, Selma Lagerlöf falleció el 16 de mayo de 1940. Era sueca (pero no la  sueca estereotipada que protagonizaría un anuncio de la lotería si su nombre cayera en manos de los creativos de Leo Burnett, ¡hay tanta maleza que atravesar!, ¡hay tantos dragones contra los que empuñar la palabra y el pensamiento, que si Larra levantase la cabeza la perdería dos veces!

Selma Lagerlöf fue una escritora sueca, autora de un entrañable  libro de aprendizaje: El maravilloso viaje de Nils Holgersson (publicado por Anaya y, a día de hoy, posiblemente descatalogado). Pero es que además Selma fue una de esas mujeres cuya vida es un ejemplo de coraje y resolución. Siendo niña sufrió una displasia de cadera, lo que la obligó a pasar horas sentada. A pesar de los pocos recursos económicos de su familia se esforzó para estudiar una carrera universitaria. Fue una maestra excepcional, muy querida por sus alumnas. En 1909 recibe el Premio Nobel de Literatura. Es la primera mujer que lo consigue. Dedicó gran parte de su vida a la escritura pero también fue una mujer solidaria y combativa. Luchó incansablemente por los derechos de la mujer. Ya en su vejez, en las cercanías de la Segunda Guerra Mundial ayudó a muchos intelectuales que huían de la opresión nazi. Parece ser que subastó la medalla del Premio Nobel para esa causa.

En 1894 había conocido a Sophie Elkan, con quien convivió en pareja y a la que amaba profundamente, según se desprende de las cartas que se enviaban.

¡Cómo no recordar hoy a Selma!

Selma y Sophie

viernes, 2 de septiembre de 2016

Septiembre en marcha. Llega la hora de los pájaros.


Fotografía de Miguel Cabezas

Tras un verano que casi siempre se nos antoja fugaz llega septiembre con su promesa de hojas secas arrastradas por el viento y días más cortos que invitan a apurar el paso por la calle. Los gigantes del consumismo desbocado hace días que nos muerden con sus campañas de "vuelta al cole". Parece que estrenarlo todo es el camino para triunfar también en la escuela. Pero ninguna campaña de marketing podrá, en su vaporosa salvajada, alejar esa sensación  de caos, incertidumbre y desasosiego que invade a los que hemos leído la letra pequeña de esa ley educativa que muchos no querríamos para nuestros hijos.
Pero lo inevitable está encima y urge echar a correr esquivando como se pueda las piedras que Voldemort y sus mortífagos (lo entenderán quienes hayan leído Harry Potter) van poniendo en el camino. Sin capa invisible ni varita mágica, ni Nimbus 2000, alumnos, padres y docentes debemos adentrarnos en un bosque oscuro lleno de estándares de aprendizaje, rúbricas, descriptores y reválidas dispuestos a ahogarnos, asfixiarnos y oprimirnos al mínimo descuido, desánimo o vencimiento.

Por eso, a modo de autoayuda necesaria, rescato este brillante artículo que el escritor Manuel Vicent publicaba en El País el 13 de octubre de 2013: Tesoro.  Lejos de acusar las arrugas del tiempo, conserva  su frescura como si lo hubiera escrito hoy:

Está amaneciendo. Es la hora de los pájaros. A los colegios e institutos llegan en bandadas niños y chavales cargados con sus mochilas. Ellos no lo saben, pero todos se dirigen a la isla del tesoro. Puede que ignoren dónde está ese mar y en qué consiste la travesía y qué clase de cofre repleto de monedas de oro les espera realmente. El patio del colegio se transforma, de repente, en un ruidoso embarcadero. Desde ese muelle lleno de mochilas cada alumno abordará su aula respectiva, que, si bien no lo parece, se trata de una nave lista para zarpar cada mañana. En el aula hay una pizarra encerada donde el profesor, que es el timonel de esta aventura, trazará todos los días el mapa de esa isla de la fortuna. Ciencias, matemáticas, historia, lengua, geografía: cada asignatura tiene un rumbo distinto y cada rumbo un enigma que habrá que descifrar. La travesía va a ser larga, azarosa, llena de escollos. Muchos de estos niños y chavales tripulantes nunca avistarán las palmeras, unos por escasez de medios, otros por falta de esfuerzo o mala suerte, pero nadie les puede negar el derecho a arribar felizmente a la isla que señalaron los mapas como final de la travesía. Ese mar está infestado de piratas, que tienen su santuario en la caverna del Gobierno. Todas las medidas que un Gobierno adopte contra el derecho de los estudiantes a realizar sus sueños, recortes en la educación, privilegios de clase, fanatismo religioso, serán equivalentes a las acciones brutales de aquellos corsarios que asaltaban las rutas de los navegantes intrépidos, los expoliaban y luego los arrojaban al mar. De aquellos pequeños expedicionarios que embarcaron hacia la isla del tesoro solo los más afortunados llegarán a buen término. Algunos soñarán con cambiar el mundo, otros se conformarán con llevar una vida a ras de la existencia. Cuando recién desembarcados pregunten dónde se halla el cofre del tesoro, el timonel les dirá: estaba ya en la mochila que cargabais al llegar por primera vez al colegio. El tesoro es todo lo que habéis aprendido, los libros que habéis leído, la cultura que hayáis adquirido. Ese tesoro, que lleváis con vosotros, no será detectado por ningún escáner, cruzará libremente todas las aduanas y fronteras, y tampoco ningún pirata os lo podrá nunca arrebatar.

martes, 30 de agosto de 2016

De la enseñanza invisible y su importancia


Dibujo de Saint- Exupéry para El Principito

Lo esencial es invisible a los ojos es una de las frases célebres de El principito de Saint- Exupéry, esa lectura llena de sentencias filosóficas y enigmáticas que fácilmente nos pueden acompañar desde la niñez porque El principito posee  una magia peculiar, aquella que consiste, sin adaptación previa, en acomodar las palabras y su significado al entendimiento de quien lee, tenga cinco o noventa años. El curso pasado, en el colegio de primaria de mi hija pequeña se volcaron de tal manera en el Club de Lectura con  esa pequeña gran obra que llegué a pensar que cualquier fría mañana de primavera nos despertaríamos rodeados de baobabs. Como muchas de las actividades que se hacen en los colegios, de ésta apenas se muestra en las redes una estampa mínima de lo que supuso la experiencia para los niños y niñas que participaron en ella. Porque la mayor parte de la labor  realizada en la escuela permanece anonimada. Forma parte de un trabajo constante y callado ajeno a la incipiente moda de gurús de la enseñanza que un buen día dejaron las aulas para indicarnos el camino, cuando muchos ya llevábamos las botas rotas, desgastadas, remendadas, a veces llenas de piedritas que molestan al caminar, pero con el orgullo del montañero que sabe que el final de una ruta es el comienzo de otra y no quiere más horizonte que ver la luz en las montañas azules al atardecer. 
Porque lo esencial es invisible a los ojos de la misma manera que lo invisible es esencial a los ojos. 

No sé si se oirá bien pero les dejo el enlace a un rap inspirado en el episodio de Grisóstomo y Marcela, de El Quijote. Está compuesto por alumnos y alumnas de 1º de bachillerato. Es una de esas actividades invisibles que en algún lugar permanecerán, aunque solo sea en el recuerdo. 
Rap de Marcela

domingo, 24 de julio de 2016

Para eso están los maestros


Leszek Bujnowski
He visto a un niño tirar una lata de refresco en la calle, así, sin mirar atrás, como si el entorno fuera un inmenso basurero al servicio del estómago. A su lado, una madre giraba la cabeza con ojos perdidos ante la percepción de un sonido, una lata rebotando en la acera, solo eso, nada que recriminar al niño. Para eso están los empleados de la limpieza, he oído muchas veces, como otras he oído para eso están los maestros. 
A esa madre me la he encontrado más veces. Incluso un día me llamó. Parece ser que mi número de teléfono se parece bastante al número de un centro de salud cercano, así que ya me ven, corriendo escaleras abajo cada vez que, a las ocho de la mañana, suena como  grillo enjaulado el artilugio vil. Disculpas en el aire, señales amables por el sonrojado equívoco, creerán ustedes. Pues no, a veces, muchas veces, la respuesta es el portazo, el inaudible clic que desdeña al brazo perplejo en el aire como cuando descubres que no te van a responder al saludo. Para eso están los teléfonos y todas las máscaras que nos permiten el anonimato. Esa madre era ella. Como puede ser un padre. No quisiera hacer distingos de género, tal y como se enseña en la escuela.
Es que para eso están los maestros. Para concienciar sobre la necesidad de preservar el medio ambiente, para enseñar los rudimentos básicos de las normas de cortesía, para educar en la igualdad entre hombres y mujeres y en el respeto hacia todas las manifestaciones culturales, sociales y religiosas, para tomar conciencia del mundo circundante y diverso y fomentar actitudes empáticas y solidarias hacia nuestros semejantes. Además de eso no estaría mal que también trabajasen un poco y diesen de forma dinámica y creativa sus clases de Historia, Matemáticas, Lengua, Tecnología y demás disciplinas. Sin olvidar, por supuesto, la burocracia impuesta por los pedagogos administrativos como zancadilla sutil e ineludible por parte de  quien nunca ha entrado en un aula hacia quien se sumerge en ella.
¿Me estoy quejando? No. Desde los centros de enseñanza se lleva haciendo eso, con mayor o menor acierto, desde hace años. Y los estudiantes, cual fruta que ha llegado a su punto de madurez, salen de la escuela hacia el mundo exterior con su bagaje de conciencia, educación y conocimientos. Algunos también dejarán que sus hijos tiren las latas al suelo y pensarán para eso estan los empleados de la limpieza como quien piensa para eso están los maestros. Pero eso no se lo habrá enseñado ningún maestro porque la casa pesa más que la escuela. De nada sirven los remedios milagrosos de botica para el colesterol si en familia el alimento es una hamburguesa chamuscada con patatas de bolsa. Una niebla extraña parece haberse cernido por los intersticios de algunos hogares. Es la dejadez, el abandono de lo propio, y eso no lo va solucionar ninguna escuela.

Escribir esto me ha hecho recordar (así, sin que tenga una clara relación con lo anterior) un documento de 1734 sobre el hundimiento de la Escuela de Ohanes (Almería), en la que un maestro se queja al alcalde sobre el mal estado de una viga. Llegó a mí hace ya muchos años y ahora lo encontré en internet.  Creo que, como la historia es a veces circular, puede llegar a repetirse. Dejo AQUÍ el enlace.

viernes, 15 de julio de 2016

El ser humano es el único animal que utiliza el lenguaje para expandir el odio

Alberto Durero

El hombre es un animal que habla, decía el filósofo. Primero fue la palabra y luego el pensamiento. Ambos están íntimamente ligados. No es casual que en las sociedades más represivas se impida el acceso a la cultura, al pensamiento. O se desprecie vilmente. Los héroes de nuestro tiempo son personajes que no saben articular palabra pero que se sienten poseedores de una flota de riquezas materiales que podrían dar de comer a una nación. Mandatarios de nuestro país se expresan en un registro lingüístico coloquial pobre en formas como exhibirían, si hiciera falta,  un calcetín roto tras el zapato de marca, como muestra de campechanía para acercarse al pueblo llano, abotargado de consumismo salvaje y programas televisivos donde la idiotez y el vacío campan a sus anchas sin vallas ni rejas ni policía que impidan su entrada.Las redes sociales participan de esa vorágine que atrofia el pensamiento lúcido indicando qué noticias del mundo  deben convertirse en trending topic haciendo honor al significado del anglicismo: tema, tendencia, del momento, del momento presente. Solo eso. Mañana será otro.

Estos días  la tendencia es la muerte de un torero. La muerte de un hombre ejerciendo un oficio de riesgo frente a un animal que pesa alrededor de quinientos kilos y que debe morir para gloria del matador. Algunos creen que ese oficio es arte, espectáculo y desean su permanencia. Otros defienden que ese hombre y sus iguales son asesinos y desean su muerte.  Hay muchos oficios que conllevan sufrimiento y muerte: millones de personas trabajan en condiciones infrahumanas para grandes multinacionales (y no me pareció que el desplome del edificio Plaza Rana fuese trending topic el breve momento de su caída); armas de todo tipo están al alcance de cualquiera pero dudo que alguien se alegre de la muerte del heredero del imperio porque es probable que pocos se interesen por las familias que mueven el mundo a su antojo; miles, quizás millones de niños, no se sabrá, mueren en las minas de África para que el mundo civilizado pueda ser feliz en este engaño de espejos deformados. 

Pero a mí, que me pierde el lenguaje, de esa tendencia que mañana estará en el pozo del olvido lo que más me ha llamado la atención es el odio lingüístico que destilan los teclados de algunos defensores y detractores del toreo. Eso los aúna como aquellos extremos que se juntan. Parece ser que un maestro, jactándose de serlo, mostraba su desbordante alegría por la muerte del torero con expresiones como: "Nos mearemos en las coronas de flores que te pongan, cabrón". La respuesta viral llegó del supuesto ingenio de un humorista que deseaba que "en España existiera una ley para encerrar a los hijos no deseados de perras pestilentes". Era la llamada, el detonante para que se expandieran los "Dos minutos de Odio" (entenderán esto los que hayan leído 1984 de George Orwell, pelos como escarpias se me ponen cuando pienso en la literatura de ciencia ficción). A partir de ahí, las redes sociales se encharcaron de insultos y odio.


140 caracteres no dan para una argumentación sólida, pero sí para el sarcasmo y la ironía. Pero si practicas esas licencias inteligentes del lenguaje puedes acabar en la cárcel por apología del terrorismo. Lo que queda es el insulto, la palabra fácil, la respuesta sin cautela, el verbo irracional, el significante vacío.  Ese es el poder de los que, desde una sombra siniestra, manipulan el pensamiento y el lenguaje. Desde esa sombra alguien se felicita sin necesidad de articular una sola palabra.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Reflexión sobre el uso de las nuevas tecnologías antes de entrar en el aula


Palmira (Siria). Internet también ayuda a que no se convierta en una ciudad invisible. 
Aunque la destruya la abominación. 
 Foto de Ana Olga en 500px.

Hace un par de años escribí este artículo como comentario de un texto de Manuel Area para un curso on-line sobre nuevas tecnologías. Ahora, que empieza el nuevo curso, con nueva reforma y nuevos recortes y, como sospecho, con viejos ordenadores, me gustaría compartir aquí esta reflexión.

      "Que el vino mejora la calidad de vida está documentado en textos literarios desde el comienzo de la civilización. ¡Mejores son que el vino tus amores! exclama la Amada al inicio de El Cantar de los Cantares. Me quedé con ella a solas, sin más terceros que el vino confiesa Ibn Hazm en su hermoso tratado amatorio. Y para tercera, la vieja Celestina enseña que de noche en invierno no hay mejor escalentador de cama. Pero cuando la emoción nos embriaga demasiado no está de más recordar los sabios consejos que Don Amor daba al alocado Arcipreste: al que de más lo bebe sácalo de cordura, toda maldad del mundo fase e toda locura.
     Estamos emborrachados de tecnología y, extasiados entre las brumas de sus vapores, entramos en la esperada fase de la exaltación de la amistad, esa que más nos desasosiega al día siguiente, cuando descubrimos con pavor que hemos jurado amor eterno al sapo (o sapa) de todos los cuentos de princesas. Bebamos, más, para olvidar. Pero,… ¡esperen! Estamos aún en la fase de exaltación de la amistad. Disfrutémosla pues. Croac, croac. El libro electrónico es maravilloso (siempre y cuando no olvides el cargador), los más jóvenes son nativos digitales que han crecido a golpe de ratón (pero mi madre está en facebook y me ha solicitado amistad, ¿qué hago?), a través de twiter me he hecho amiga de las blogueras turcas (eso antes de que Erdogan lo bloqueara), ahora acabo de preparar una actividad chulísima para el aula Abalar (el ordenador de Borja nunca se carga, los altavoces siempre desaparecen, ni con fnf4 se puede ver la pantalla, abran ustedes su libro de texto por la página 51, sí, ese que tiene hojas de papel y no habla).
     Hace tiempo que dejé de creer en “El club de los poetas muertos”. Justamente cuando empecé a dar clase y empecé, por tanto, a aprender a tropezar todos los días. Lo digo sin derrotismos. Creo que el buen docente es aquel que tropieza todos los días. Otros abren el libro y le ponen voz. Si tuvieran que usar un libro electrónico seguirían pasando las hojas. Aplicar en las escuelas un sistema TIC sin una pedagogía eficaz haría aflorar todos los fantasmas de las tecnologías (que son muchos, lean sino a Nicholar Carr o a Zigmunt Bauman). Porque, efectivamente, como dice Manuel Area, se trata de formar ciudadanos cultos, críticos (yo también diría creativos) y preparados para afrontar, no solo la incertidumbre de un mundo tecnológico, sino para afrontar un mundo donde más de la mitad de la población no tiene acceso a una educación básica, donde las desigualdades son cada vez mayores (y no, no estoy pensando en África ni en Asia), donde los niños tienen cada vez más acceso a contenidos de adultos y donde los adultos muestran cada vez más inmadurez (soy tutora, tengo una colección de anécdotas de padres que aún no han pegado el estirón). Y eso en un contexto en el que, efectivamente, ya tenemos todo el conocimiento de todos los ámbitos solo con mover un dedo. Por cierto, llevar al cole una tablet en vez de siete libros y cuatro libretas sería maravilloso (pero eso lo dicen porque no conocen a mis hijas, porque al libro, si se rasga, lo embadurno con pegamento, pero no les compro otra tablet).
     Los avances tecnológicos poseen más beneficios que el vino pero los estamos bebiendo demasiado rápido. La escuela necesita una reforma urgente que incluya también el devenir de la modernidad pero, como ocurre en los países árabes, los contrastes son demasiado profundos: aquí también conviven modelos de escuela que no han evolucionado demasiado desde la Edad Media al lado de otros que viajan rumbo a las estrellas a bordo del Enterprise."

lunes, 31 de agosto de 2015

La Celestina y la sociedad actual. Propuesta de trabajo para 1º de bachillerato.



La Celestina de la compañía teatral Atalaya
¿Cómo hacer que los adolescentes aprendan de los autores clásicos? 
En primer lugar, no dejándolos solos con ellos. Venga, leed La Celestina, que es un clásico, e id marcando ya una fecha para la prueba de lectura. A pesar del fracaso de este método, muchos docentes de lengua y literatura siguen empeñados en que si un adolescente no ama la literatura es porque no muestra interés. En tercero de ESO solemos leer La Celestina en la versión adaptada de Vicens Vives. Se lee en voz alta en clase y les gusta. Cuando llegan a 1º de Bachillerato están preparados para leer una adaptación más compleja (la de la editorial Bambú es excelente). Como hago también con Rinconete y Cortadillo (aprovecho un episodio en el que la prostituta Juliana es maltratado por su hombre), intento que relacionen algún aspecto de la obra con temas de la actualidad. 

Esta es mi propuesta para La Celestina, por si a alguien le puede interesar:
1. Calisto, el primer nini.
- Calisto muestra una actitud caprichosa e infantil. No parece hacer nada de provecho. Antepone su bienestar inmediato y personal ante todo, no parece querer ni respetar a nadie. Establece los rasgos de su personalidad, su actuación en la obra, la actitud hacia los demás personajes, su tragicómico final.
- Investigación: La Generación Nini en la actualidad.
- Conclusión: ¿Es Calisto un nini?

2. Melibea, la adolescente incauta.
- Melibea es una joven resuelta y decidida, por amor es capaz de oponerse a todas las convenciones sociales. Pero los sentimientos de Calisto por ella no parecen ser los mismos. Traza su evolución sentimental desde el inicio de la obra hasta el final.
- Investigación: El machismo en la adolescencia. ¿Hemos avanzado? El papel de las nuevas tecnologías en el aumento de estas actitudes.
- Conclusión: ¿Sufre Melibea algún tipo de violencia de género?

3. Celestina, la vieja alcohólica y sola.
- A pesar de ser un personaje caracterizado por sus grandes vicios, como el egoísmo y avaricia, Celestina se lamenta continuamente: se siente sola, añora los felices años de la juventud. Ahora su única compañía es el vino. Detalla la personalidad de Celestina (sus verdaderas intenciones con los demás, sus ambiciones en la vida, su forma de ver el mundo).
- Investigación: Las lacras de la vejez en la actualidad (soledad, alcoholismo, mendicidad,…). Causas y consecuencias.
- Conclusión: ¿Es Celestina una vieja desamparada y sola?

4. Sempronio y Pármeno: la falta de respeto a la autoridad.
- Sempronio y Pármeno son los criados de Calisto. Aunque Pármeno intenta mantener la fidelidad a su amo, Sempronio, más falso y desleal, está unido desde el principio a su amo por razones meramente económicas. Compara: Sempronio versus Pármeno. Ideología y ética de cada uno. Evolución de Pármeno.
- Investigación: La creciente falta de respecto a la autoridad (sobre todo a profesores y personal sanitario). Causas y consecuencias.
- Conclusión: ¿Deberían ambos criados permanecer fieles a su amo?

5. Elicia y Areúsa: vivir de la prostitución.
- La vida no es fácil para ellas y, conscientes de las limitaciones de su clase social, muestran abiertamente su envidia y su resentimiento hacia la clase alta. A pesar de ello intentan vivir con dignidad. Señala las diferencias laborales que se dan entre Areúsa y Elicia y analiza su resentimiento hacia las clases altas.
- Investigación: La prostitución en España. ¿Trabajo o lacra social? Perfil de las prostitutas en España. La trata de mujeres.
- Conclusión: ¿Criadas (como Lucrecia) o prostitutas?: ¿qué les ofrece más seguridad? ¿Prefieren la seguridad o la independencia?

sábado, 22 de agosto de 2015

La muerte de un profesor y la muerte del león


Ilustración de Zdzislaw Beksinski
     Es cierto. No podemos pasarnos la vida llorando a todos los muertos que salen por la tele. No podemos vivir como nuestro un duelo que está reservado a los allegados. Nuestra intromisión no puede ir más allá de un escalofrío en el pensamiento que nos recuerda la lección que ya estaba presenta en la Epopeya de Gilgamesh: la inmortalidad está reservada a los dioses, no a los humanos. Así que decimos no somos nada, y nos abrazamos a la almohada con pelusillas de mala conciencia al sentirnos a salvo de un piloto suicida, de un terremoto devastador, de una guerra espeluznante, de unos terroristas despiadados, de una montaña inflexible, de un ex novio vengativo. Porque la muerte es un susurro adormecido que cualquier día nos puede desgarrar la oreja.
     La muerte de los otros nos conmueve el instante que dura su presencia en los medios de comunicación.
     Decía el poeta González que los muertos son unos pesados. Aunque ni por asomo  pensaba él en el león Cecil. Doscientos kilos y una belleza salvaje y descomunal que fue largamente alabada y llorada en las redes sociales hasta que desde Zimbabwe nos dijeron que no, que ellos no lloraban al león, acostumbrados como están al zarpazo arrogante del hombre blanco. Los desmanes de un dictador, la pobreza, la corrupción,... esa es la chincheta que habría que clavar en el mapa allí donde se sitúa Zimbabwe
     Quien seguro que nunca cazó un león fue Abel Martínez Oliva, profesor de Geografía e Historia asesinado en abril por un alumno víctima de un brote psicótico. La celeridad por proteger al menor fue notable. Ni un nombre, ni una imagen ni un rastro. La celeridad en olvidar al profesor también lo fue. Ni vestiduras desgarradas ni planto desesperado en las redes sociales por parte de los que más tarde pidieron la cabeza del dentista que acabó cruelmente con la vida del león.
     Su muerte,la del maestro, no produjo gran espanto y algunos de mis alumnos bromearon al enterarse de que un menor de catorce años es inimputable y que inimputable significa "Eximido de responsabilidad penal por no poder comprender la ilicitud de un hecho punible o por actuar conforme a dicha comprensión". No entendieron la mitad de las palabras de la definición pero yo les expliqué que si un menor de catorce años comete en delito no merece más castigo que el que le pongan sus padres ni más amonestación que la del psicólogo porque un niño de trece años no comprende lo que hace. ¡Quién lo supiera antes! suspiraron, ya quinceañeros, entre irreflexivas risas.
      A Abel Martínez Oliva, profesor de Geografía e Historia, le concedieron como homenaje póstumo la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.
     Eso es todo. Después, el olvido.
  

lunes, 17 de agosto de 2015

Función fática, me gusta y soledad.

Acuarela de  Sandra Sarmiento  

      "Qué soledad terrible si no tuviéramos las palabras", decía don Emilio Lledó en 2010 a David Cantero en La entrevista, de la 2. Me acordé de la cita cuando, hace unos días, en un centro comercial, mientras esperaba a que mis hijas salieran del cine, me cruce de bruces con la imagen de la soledad. De haberme atrevido (la fotografía callejera se me resiste) podría mostrar aquí un ejemplo más de lo que a fin de cuentas es fácil encontrar por internet: dos parejas no tan jóvenes mataban el tiempo alrededor de una mesa sumergidos cada uno en la pantalla táctil. Para ser fiel a la instantánea, uno sostenía su móvil en la mano mientras alargaba una mirada desenfocada hacia los carteles que anunciaban las películas. Un cuarto de hora largo sin palabras, sin más movimiento que unos dedos veloces. Por un momento fantaseé con la idea de que estuviesen comunicándose entre ellos, decidiendo qué film verían o qué oferta de palomitas les compensaría más. Ignoro si existe un sticker para expresar el deseo de cine+palomitas+refresco.
     No añado nada nuevo al constatar que cada vez hay más gente, y de todas las edades, con la cabeza inclinada hacia una pantalla en aquellas ocasiones en las que normalmente se hablaba, se discutía, se gesticulaba, se cantaba, se leía. He visto adolescentes sentados en el suelo en un concierto sin levantar la cabeza del móvil, mujeres maduras en la consulta del médico jugando con la tablet, madres y padres a los que he citado en la tutoría comprobando como quien no quiere la cosa las notificaciones del facebook mientras me decían que sí, que el niño es vago y no estudia y ellos ya no saben qué hacer con él.
     Pero no piensen que soy azote de redes sociales ni que tengo un teléfono de la época de los dinosaurios. Entiendo su utilidad y defiendo su uso. Pero llevo una cuantas noches pensando de turbio en turbio y despotricando  de claro en claro contra los grupos de  whatsapp con los que las amiguitas de mis hijas invaden mi intimidad a golpe de alegre emoticón besuquero.
     Así se comunican durante el verano, que no coinciden en la playa, las pobres, pensarán ustedes. Pero es que repaso el libro de Lengua y Literatura de 1º de Bachillerato y resulta que yo explico a mis alumnos que la comunicación consiste en transmitir información. E informar consiste en comunicar conocimientos nuevos. El ser humano se comunica a través del lenguaje, que es un medio por el cual se da forma al pensamiento. Dependiendo de la intención del hablante (transmitir información, convencer de algo, expresar sentimientos, etc.) se habla de diferentes funciones del lenguaje (representativa, expresiva, apelativa, ...). Son seis. Una de ellas parece menos importantes que las demás. Es la llamada función fática o de contacto. El acento no se pone ni en el emisor, ni en el receptor ni en el mensaje, sino en el canal comunicativo y se refiere a aquellos mensajes que tratan de iniciar, mantener o interrumpir una comunicación. Por ejemplo, los mensajes con los que nos saludamos (hola, ¿qué tal?)  o las muletillas en las que el emisor se apoya para mantener la comunicación (ya...ya, vale).
      La función fática es la más vacía de información. No transmite un mensaje complejo, no exige ningún tipo de esfuerzo. Iguala, como la muerte, al iletrado y al docto en su capacidad comunicativa.
     Constato con espanto que la función fática domina los nuevos canales de comunicación. Los emoticonos de los mensajes, los "me gusta" de facebook, los halagos comodín ("guapa", "grande", "eres el mejor"), no dejan de ser fórmulas vacías que empobrecen nuestro lenguaje y nuestra capacidad de pensar.  El receptor está ahí, pero no está dispuesto a leer el artículo periodístico que has compartido, ni a llevarte la contraria con argumentos convincentes cuando su idea no coincide con la tuya. Jamás, nunca te dirá que la foto de tu perfil está movida y que esas ojeras malvas no te favorecen. Pero sabes que te sigue, que mantiene el contacto, con el emoticón del aplauso, del beso, del zurullo con ojos, con frases estereotipadas, con un clic en "me gusta". Y tú, imperceptiblemente, vas transformando tu intención expresiva (la relacionada con la función expresiva, la que nos permite exteriorizar emociones y expresar nuestros sentimientos y deseos de forma subjetiva y hasta poética, a veces) en intención fática de contacto virtual, a través de una colección de caritas que simbolizan los estados de ánimo.
     En Los retos de la educación en un mundo líquido, Zygmunt Bauman alertaba de la tendencia en la sociedad actual a tomar atajos, a recurrir a tareas que exijan cada vez menos esfuerzo, a consumir productos que se preparan instantáneamente. Habla del "síndrome de la impaciencia":el tiempo es un fastidio, no podemos perder ni un instante en dedicarle tiempo al tiempo. Cocinamos en tres minutos, compramos las uvas sin piel, las rebanadas sin corteza, la lechuga troceada; queremos que nuestros hijos aprueben sin esfuerzo, que no suban escaleras, que nos curen el esguince en urgencias al llegar, que el autobús no se retrase, cruzamos el semáforo en rojo, pitamos si hay caravana por un accidente, que no llueva para no abrir el paraguas,  Y si no vamos a hacer el esfuerzo de morder pan con corteza tampoco haremos el esfuerzo de hablar, de leer, de escribir, de expresar, de opinar, de discutir.  Para eso están los emoticonos y los "me gusta".
    Sentenciaba  Emilio Lledó que "El ser humano es un animal que habla". Quizás nos encontremos, entonces, ante una especie en peligro de extinción.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Cascos

   Comic book readerRuth Orkin                                                
     Ya en el Poema de Gilgamesh, reconocido como el primer texto literario de la Humanidad, aparece un tópico que estará presente a lo largo de los siglos: los dioses siempre acaban castigando la osadía del ser humano. En aquellas primeras tablillas de arcilla los escribas grabaron la desesperación del héroe, inconscientes tal vez de la paradoja de la que estaban siendo artífices: Gigalmesh debía asumir con resignación que no está en sus manos conocer el secreto de la inmortalidad, pero en el mismo acto de la escritura le estaban ofreciendo la posibilidad de existir para siempre. A que Gilgamesh existiera para siempre contribuyó en el siglo XV (aunque lo ignoró completamente) un orfebre alemán de nombre Johannes. Ya no más ojos al borde de la ceguera a la insuficiente luz de una vela en una húmeda celda para transmitir al mundo aquello que nos hace dueños de una necesaria plenitud, según palabras del músico Stanislaw Skrowaczewski (El hombre sin la cultura es un ser incompleto). A que el hombre no se sienta incompleto sino que sienta que su poder es aún mayor que el de un dios contribuyó un mal estudiante llamado Steve haciendo que las pesadas tablillas de arcilla, que los inflamables libros de papel devinieran  ligeras tabletas en las que se atesora el mundo. Pero tempus fugit. Mientras saboreamos el asombro, la tableta se hace vieja y da paso al escalofrío de la ciencia ficción. Su nombre es grafeno y ya ha pasado a ser un  extraño que merodea por el barrio mientras los gatos duermen. 
     Pero, ¿y que pasa con el castigo de los dioses?, ¿Qué tributo hemos tenido que pagar? El castigo es sutil, ligero y maleable  como una tableta de grafeno. El castigo es el tiempo. 
     Leo con la expectación de quien busca un remedio herbal para sus dolencias cotidianas un librillo  publicado en Acantilado, La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine. Es una reflexión que toma como punto de partida la técnica del argumento de autoridad para convencer de la necesidad de la literatura, de las artes, de una escuela pública en la que primen los estudios humanísticos. Ha pasado un año, ahora ya no lo veo por las librerías. Quizás haya envejecido poblado de telarañas. Telarañas desde las que Ovidio, Dante, Petrarca, Kant, Leopardi, Gautier,Víctor Hugo, Baudelaire, Italo Calvino y tantos otros guiñan ojos desesperados, impotentes de no ser escuchados, como las muñecas del cortometraje Alma. 
     El castigo es el tiempo, la falta de tiempo, la  desvalorización del tiempo. Y eso ya lo sabía uno de los maestro del absurdo. El  manifiesto de Ordine recoge unas palabras que Eugène Ionesco pronunció en 1961: 
“Mirad las personas que corren afanosas por las calles. No miran ni a derecha ni a izquierda, con gesto preocupado, los ojos fijos en el suelo como los perros. Se lanzan hacia delante, sin mirar ante sí, pues recorren maquinalmente el trayecto, conocido de antemano. En todas las grandes ciudades del mundo es lo mismo. El hombre moderno, universal, es el hombre apurado, no tiene tiempo, es prisionero de la necesidad, no comprende que algo no pueda ser útil; no comprende tampoco que, en el fondo, lo útil puede ser un peso inútil, agobiante. Si no se comprende la utilidad de lo inútil, la inutilidad de lo útil, no se comprende el arte. Y un país donde no se comprende el arte es un país de esclavos o de robots, un país de gente desdichada, de gente que no ríe ni sonríe, un país sin espíritu; donde no hay humorismo, donde no hay risa, hay cólera y odio”. 
     Ahora, a esas personas, pónganles unos cascos.

jueves, 17 de abril de 2014

La historia de la bella Fata


Fotograma de Gato negro, gato blanco. Emir Kusturica. 
     De Ivo Andric solo leí Un puente sobre el Drina, novela histórica, densa y épica, en la que las palabras, como piedras, construyen el devenir de las múltiples historias y personajes que tienen en común su presencia en un ensanchamiento del puente, la kapia, que actúa como lugar de reunión o tránsito.
    A lo largo de cuatro siglos de construcción, lenta transformación y destrucción del puente que une a serbios y a bosnios, se entrelazan diversos acontecimientos, heroicos a veces, infaustos con frecuencia, cotidianos, brutales, en ocasiones esperanzados e incluso  monótonos como el ineludible paso de las estaciones.
     Una de esas historias habla de un amor imposible y trágico. Es la historia de Fata. He intentado adaptarla a mis alumnos de la ESO  evitando la descripción inicial de los espacios y de los personajes y recortando los pensamientos en la noche de la bella Fata mientras oye toser a su padre. Pero llegué a la conclusión de que adaptarla sería como cuando el profesor decide ver la película en vez de leer el libro. Es cierto que tiene mucho de guión cinematográfico, que se presta a la plasticidad de la imagen. Kusturica, gran admirador de Andric, podría hacer de ella una obra magistral. Pero no sería lo mismo que leerla. Literatura y cine se complementan cuando no se solapan. Por eso soy incapaz de comprender a esos docentes de literatura que ponen la película en vez de leer el libro. Conozco a muchos que consideran que ver La Celestina de Gerardo Vera es acercar a los alumnos a Fernando de Rojas. Hay unas cuantas formas de alejarlos y esa es una. Porque así como una imagen vale más que mil palabras, mil palabras no caben en una imagen.
   
La historia de la bella Fata 
En aquella época, se produjo en la kapia un acontecimiento verdaderamente importante; un acontecimiento del que no existía precedente y que, probablemente, no se repetirá en tanto haya un puente sobre el Drina y una ciudad junto al puente. Conmovió a toda la ciudad y se extendió lejos de ella, por otros lugares, por otras regiones, como una de esas historias que corren por el mundo.
    Fue, en realidad, la historia de dos aldeas: Veli Lug y Nezuka. Estas dos aldeas están situadas en los extremos opuestos del anfiteatro que forman, alrededor de la ciudad, las colinas pardas y los verdes alcores.
    El pueblo de Strajichta, al nordeste del valle, es el más próximo a la ciudad. Sus casas, sus campos y sus jardines están diseminados por unas lomas y empotrados en los valles que las separan. Sobre el flanco redondeado de uno de esos promontorios hay unas quince casas, sumidas en sus huertos de ciruelos y rodeadas por todas partes por el campo. Es la aldea de Veli Lug, colonia turca apacible, bella y rica, emplazada en las alturas. Forma parte del municipio de Strajichta, pero está más lejos de éste que de la ciudad; las gentes que viven en Veli Lug tienen a una media hora el barrio del mercado, donde poseen almacenes y efectúan sus negocios, como los otros habitantes de la ciudad. Entre ellos y los visegradeses no existe ninguna diferencia, si no es, quizá, la de que sus bienes son más estables y gozan de más seguridad, porque residen en tierra firme, al sol, y no corren el riesgo de las inundaciones; también se caracterizan por ser más modestos y vivir más retirados, libres de las malas costumbres de la ciudad. Veli Lug goza de una buena tierra, agua pura y una hermosa gente.LEER MÁS.

 Ivo Andric: Un puente sobre el Drina. Debolsillo, 2009.



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