domingo, 2 de abril de 2017

Agridulce sensación


La bella luminosidad del hispido tojo
Llevamos toda la vida culpándonos del fracaso escolar como en un efecto dominó que se muerde la cola: los padres culpan a los profesores, estos la toman con los maestros de primaria que a su vez despotrican contra sus compañeros de infantil que insisten en decir que de nada sirve la labor de la escuela si después en casa les limpian el culo a los niños y les recortan las mariquitas. Los profesores universitarios se preguntan qué han aprendido los adolescentes después de catorce años de escolarización y los de secundaria les lanzamos dardos envenenados preguntándoles si van a empezar a trabajar alguna vez o seguirán siendo tan ineptos como cuando nosotros pasamos por sus aulas. En el fragor de la discusión echaremos la culpa a quienes siempre la tienen, los gobernantes; y cuando nos invada la niebla de de la resignación culparemos a esa abstracción de humo que, cual fantasma de parroquia, ni se ve ni se puede tocar, pero se siente: la sociedad. Cuando uno descubre que la sociedad es la culpable los músculos se relajan y el fracaso se acepta como una adherencia inevitable. ¿A qué despacho hay que dirigir la reclamación formal si la responsable es la sociedad? La culpa no es ni de los padres ni de los profesores, sentenciaba hace poco un amigo mío, así que no hay nada que hacer. ¡Qué alivio tan grande supone descubrir de pronto que no podemos hacer nada porque no tenemos ninguna responsabilidad en el asunto!

Hace unos días, escarbando en el trastero con la intención de desclasificar los cascajos del pasado, encontré un primoroso cuaderno de lengua castellana de  2º de primaria en el que mi hija escribía una oración con la palabra cocinero: "El cocinero hoy cocinó pollo agridulce para todo el mundo". Me sorprendió, pues yo ignoraba que hubiese una receta de pollo agridulce. Si yo les mandase hoy en día hacer a mis alumnos de 3º de ESO una oración con cocinero, la coincidencia en muchas respuestas sería asombrosa: "Mi tío es cocinero". O mi padre, o mi hermano o Pepe, pero es cocinero.

Y aquí podía quedar la queja tanta veces repetida y adornada con otras anécdotas y ejemplos de desconocimiento de lo evidente y de lo tantas veces repetido. Esa queja tópica y manida y arrugada que no deja ver el árbol en el bosque, que nos hace afirmar que toda la playa es arena o que no hay más cuatro que el que resulta de sumar dos y dos.

Déjenme  hablarles de tres alumnos que escribirían "Mi tío es cocinero" en un examen de Lengua de 3º de la ESO. Como cualquier parecido con la realidad puede ser pura realidad en vez de nombres elegiré un color (en tangente homenaje a  Me llamo Rojo de Orham Pamuk, esa novela que leería una vez más si tuviera las vidas de un gato).

Blanco es un alumno pálido y tímido que parece esconderse detrás de sus miedos. Es el aspirante perfecto para la crónica de un fracaso anunciado y lo asume con resignación,  Ocre es un alumno inquieto y extrovertido que vive atrapado en la autopista de una hiperactividad que lo obliga a caminar con zancadas de tortuga. Aún es joven para comprender que quien tira piedras de resentimiento abolla su propio tejado.  Azul es un alumno atento y reflexivo que ha logrado llegar con esfuerzo al bachillerato bajo la atenta desconfianza de los profesores que lo vieron repetir en la ESO. Con ese "encanto descarado de la vida" que diría el poeta Gil de Biedma se ha buscado su hueco inmune al desánimo. Los tres escriben. Blanco cuenta historias de amistad que no pueden ocurrirle en la realidad porque apenas sale de su casa. Ocre rapea desde un corazón dolorido faltas de ortografía con las que restañar las injusticias de un mundo que invisibiliza su esfuerzo. Azul quiere dar salida a su impoluta creatividad con textos donde las palabras se atropellan a veces como canicas desbordadas que caen de la bolsa rota.

Blanco, Ocre y Azul están dotados de una sensibilidad que no se recoge en los estándares de aprendizaje de las leyes educativas que cambian como cambia de dirección el viento, alentadas por un dios malévolo que nunca ha entrado en un aula. Azul ha conseguido ajustar las velas y navega con alas,  inseguro aún en su rumbo claro. Blanco y Ocre flotan a duras penas  junto a aprendices de marinero más capaces que ellos mientras imaginan ocasos anaranjados que los rescaten de su invisibilidad.

Y la escuela tiene que darles respuestas que no queden  flotando en el viento.

Como parte de esa escuela que no siempre sabe acertar con las respuestas hoy me invade una agridulce sensación. 

sábado, 18 de febrero de 2017

El libro de texto como ingenio embrutecedor

Del fotógrafo ruso Andy Prokh
    
    ¿Bastón o lastre? Me debato entre dos polos y tengo claro el lado hacia el que me llevarán los cordones de mis zapatos, que saben más por viejos que por pellejos, que diría el poeta extraviado. Veinte años acumulando libros de textos en las estanterías del desaliento vocacional son suficientes para hacer volar por la borda  miles de ejercicios, textos e imágenes que se posan, como polvo o grasa o pequeñas motas de escoria, en sus páginas. 
     Desconozco el contenido de otras materias pero en Lengua Castellana y Literatura, sea cual sea la editorial en la que deposites tu voto -más irreflexivo que ingenuo-, ten por seguro que tus alumnos tendrán que poner el acento en "bolígrafo", "césped" y "camión" desde cuarto de primaria hasta cuarto de la ESO. Y lo que en primaria puede ser un descubrimiento de cierta complejidad con quince años ayuda a hacer tanto camino como una ruta de senderismo en una cinta de correr. Supongo que el encargo de nutrir los libros de texto con ejercicios que ayuden crecer y a pensar (dos palabras que las programaciones de aula han exprimido hasta estrangularlas) es oficio mal pagado cuando en 3º de ESO se pide poner en plural "El niño juega con la pelota" para descubrir -¡oh, prodigio!- que el sujeto es el grupo de palabras que concuerda con el verbo.
     Las programaciones didácticas se amoldan a los requerimientos de la LOMCE, se modernizan las propuestas didácticas con recursos digitales adaptados "a la nueva realidad del proceso de enseñanza- aprendizaje". ¡Evohé! ,¡Evohé!  Júbilo ante la posibilidad de conect@rse y experiment@r. Pero en los libros de 4º de la ESO los neologismos, esas palabras nuevas que se incorporan a un idioma para nombrar nuevas realidades, siguen siendo -invariablemente- "líder", "vagón" y "club".
     En mi creencia de que la imagen vale tanto como mil palabras busco en vano al Viajero sobre un mar de nubes de Friedrich en el tema dedicado al Romanticismo. Vano pues. Insulsas ilustraciones asexuadas, descontextualizadas y simples ocupan el lugar reservado a las manifestaciones plásticas que, como arena y olas o como río y bosque, brotan indisolublemente unidas a las manifestaciones de la palabra.
    "La igualdad de trato y de oportunidades entre hombres y mujeres y el rechazo de estereotipos que supongan discriminación sexista" es un objetivo general de la educación secundaria que, cual globo de aire que se suelta de la atónita mano infantil en la feria para fundirse en la infinitud terrible del espacio, o desaparece o no ha existido nunca. Me he hartado de buscar, desde 4º a 2º de bachillerato, alguna referencia a las Sinsombrero, esas mujeres que fueron mejores escritoras  y más lúcidas intelectuales que muchos de los poetas que están grabados a tinta como miembros de la Generación del 27. Encontré, lo confieso, una mención a Concha Méndez y a Ernestina de Champourcín en uno, pero ahora, como la protagonista de El papel pintado amarillo (de Charlotte Perkins Gilman, -se lo recomiendo a quienes echen de menos a las mujeres en los libros de texto-) me arrastro por los manuales del Departamento buscando a una mujer y no es ella. ¿Dónde la habré dejado?
     En fin, supongo que pensarán que para qué utilizo libro de texto y les diré que lo he desterrado de mis clases en el bachillerato (y ahora uso la plataforma Schoology, la recomiendo) pero que me resulta útil como bastón -y lastre-. Este curso me he cambiado de centro y heredo unos libros que me obligan a admitir que aceptar una herencia supone hacerse cargo tanto de los bienes como de las deudas. Es el bastón en el que se apoyan los alumnos y alumnas que necesitan tener una referencia tradicional y que se pierden entre fichas y folios que habitan  desordenados archivadores tan desordenados como el mío. Porque esa escuela que defiende César Bona con adolescentes animosos buscando información en ordenadores de aula con conexión rápida, intercambiando impresiones y trabajando con igual pasión en grupo ... en fin, que hay días que lo veo más bien de color chocolate espeso, y no tengo nada más que decir, señoría. 
     Aunque, paradójicamente, el libro de texto es el lastre que agudiza el ingenio. En 4º de ESO han hecho por grupos unos Diccionarios de Neologismos que para sí quisiera la RAE. Ahora vamos dando tumbos por el Callejón del Gato y, después de leer Luces de bohemia, y además de hacer trailers de algunas escenas en vídeo, pondremos a prueba la competencia artística diseñando unas camisetas con las frases que más les gustan de la obra. Me quito el cráneo.  En 3º, entre una rebanada de sintaxis y otra de  verbos rebosa el compango de La Celestina. Lectura dramatizada con la adaptación de Vicens Vives. 
     Pienso en la monotonía de lluvia tras los cristales que tiene que ser dedicar la profesión a ponerle voz al libro, pienso en lo embrutecedor de todo un coro infantil cantando la lección una tarde parda y fría de invierno. Aprendió tantas cosas [...] que no tuvo tiempo para pensar en ninguna de ellas, nos recuerda Machado en la voz de Mairena. Pero también pienso en el mal hacer de las editoriales y en su poder y en sus privilegios y, por qué no, en su falta de nobleza. 

domingo, 12 de febrero de 2017

Tacones rojos para explicar denotación, connotación y contexto


Del fotógrafo Michel Tcherevkoff
No sé en qué estaba pensando Michel Tcherevkoff cuando concibió este singular y extraordinario zapato pero mi mirada, bajo los efectos de un cierto vaho escarmentado, se ha fijado en las piernas entaconadas de la mujer que arrastra con veloz soltura empeine y suela como si temiera llegar tarde a algún lugar. Yo, por afinidad, la veo más queriendo llegar a tiempo que huyendo. Aunque cualquier interpretación puede ser posible si entendemos que la obra de un artista deja de pertenecerle cuando la lanza al mundo ("El nacimiento del lector, o del espectador, se paga con la muerte del Creador" decía Roland Barthes). En la jungla de la posverdad no estaría de más repasar dos conceptos que, cual guerrillero sigiloso arrastrándose por las plantaciones de sorgo o ajo (me he acordado de Mo Yan), se han colado en nuestros circuitos de comunicación como el orvallo que parece que no moja pero que nos recuerda lo desprotegidos que estamos frente a los caprichos de la naturaleza. 

 Estos conceptos, repetidos hasta la saciedad -sin reparar en su hondura- en los libros de texto, son connotación y denotación

El significado denotativo es el significado objetivo, común a todos los hablantes, es decir, aquel que aparece en el diccionario. Así, zapato se define en el diccionario de la RAE como "calzado que no pasa del tobillo con la parte inferior de suela y lo demás de piel, fieltro, paño u otro tejido, más o menos escotado por el empeine"; rojo, "dicho de un color, semejante al de la sangre o al del tomate maduro, y que ocupa el primer lugar en el espectro luminoso"; y tacón es la "pieza de mayor o menor altura, unida a la suela del calzado en la parte que corresponde al calcañar".

El significado connotativo es aquel significado subjetivo que adquiere una palabra en una situación o contexto determinado. Así, para los creativos de esta marca de productos de belleza de supermercado, "zapatos rojos de tacón" adquiere un significado especial. Este significado especial viene reforzado por los labios selfirrojos, por el nombre del producto, Sexy 9 (¿por qué no 10? Llámenme depravada pero he querido ver una relación fónica entre "sexy9" y 69) y por esa ambigua apostilla final "seductora para 9 de cada 10 hombres"(¿quién seduce y a quién?)


Millones de mujeres mueven el mundo cada día, al igual que millones de hombres, La mayoría no lo hacen enfundadas en unos zapatos rojos con un tacón de aguja de 12 cm. por la misma razón que millones de hombres no lo hacen: el pie soporta todo el peso del cuerpo y una descompensación excesiva entre la altura del talón y el metatarso puede provocar problemas más o menos graves como hinchazón, picores, pesadez y varices, entre otros. Un martirio. 

Un martirio que estiliza las piernas, ayuda a ver el mundo desde otra estatura y es un complemento fundamental en la estética cotidiana de muchas mujeres. El tacón de vértigo lleva asociado connotaciones festivas y ligeras: fiestas, eventos especiales, ocio, frivolidad, noche, belleza, acicalamiento, lujo, placer, amor mundano. Así, una directora de cine podrá ir en tacones a la gala de los Goya pero es probable que elija un atavío más cómodo para sus pies si tiene que levantarse a las cinco de la mañana para dirigir una película. No será habitual que una arqueóloga baje a una cueva en tacones, de la misma manera que no lo es que una doctora o una peluquera o una taxista o una maestra o una charcutera o una investigadora o una limpiadora o una empresaria o una pintora pasen su jornada laboral calzadas en la incomodidad, si pueden evitarlo. 

Y aquí entra, sin necesidad de calzador, otro concepto importante (aunque los políticos actuales lo hayan mancillado haciendo de él un uso abusivo y cobarde): el contexto, es decir, el conjunto de elementos y circunstancias que rodean al acto comunicativo y que ayudan a la comprensión del mensaje. 

Podemos hablar de tres tres tipos de contextos: 

- El contexto lingüístico: las palabras adquieren su verdadero sentido de acuerdo a lo que le precede o le sigue en el discurso. Así, el presentador de la ceremonia de entrega de los Premios Goya 2017, el actor y humorista Dani Rovira dijo
 "Chicas, os admiro tanto. Es que no sé cómo hacéis con el tema de los tacones, de verdad."
 Si no hemos visto la Gala y nos transmiten sus palabras necesitamos conocer otras secuencias de su monólogo para entender que el presentador lleva puestos unos tacones: 
 "¿Que por qué me pongo tacones? Pues para ponerme en vuestros zapatos." 

 - El contexto situacional (o situación comunicativa): el entorno físico en el que se produce el acto comunicativo permite la correcta interpretación del significado de las palabras. 
Dani Rovira llevaba puestos unos zapatos para "seguir potenciando el papel de la mujer en todos los puestos de la sociedad" y "para seguir reivindicando que las mujeres ocupen puestos de toma de decisiones y en el cine siguen haciendo falta mujeres que hagan películas".
Aplausos arrobados del público, primerísimo primer plano para mostrar la dulce y ofélica aprobación de la actriz novia del presentador ante las palabras (encorsetadas y empolladas) de su hombre. Simbólica firma en zapato de tacón a manos de un director aclamado por su capacidad para reflejar lo más oculto de la condición femenina. Hombres y aplausos para rogar por la autoridad de la mujer. "A ver si me mato" bromeaba el presentador haciendo malabarismos sobre los incómodos manolos. Chistes frívolos al volver al pinrel. Alivio tras el trámite cumplido. 

 - El contexto sociocultural: es el conjunto de circunstancias históricas, sociales y culturales (conocimiento del mundo, creencias, ideas y valores) que comparten el emisor y el receptor. 
Y no vamos a entrar en el papel de las mujeres en determinadas sociedades fuertemente patriarcalizadas  ni en épocas pasadas. Ya conocemos las dificultades que las mujeres han tenido siempre para mostrar su creatividad, su inteligencia, su curiosidad, su capacidad, su valía, sus ansias, sus deseos, sus aportaciones, su impronta. Ya conocemos las zancadillas, las dificultades,los abusos, los ultrajes, los desprecios, incluso las muertes que han soportado aquellas que lucharon por defender la presencia femenina en  todas las espirales y pliegues y recovecos de esa telaraña que llamamos sociedad. 
En el hoy y el ahora conocemos que  hubo pintoras desde la Prehistoria pero su presencia no se muestra aún en los libros de texto, sabemos que hubo escritoras cuya actividad fue tan febril y entusiasta como la de sus compañeros varones pero su presencia no se muestra aún en los libros de texto, descubrimos cada día la importancia de las mujeres en la ciencia cuyas aportaciones fueron atribuidas a científicos varones pero, insisto, su presencia no se muestra en los libros de texto.

Aunque desde algunas instituciones y organizaciones se hacen esfuerzos para rescatar de entre los escombros a las ilustres olvidadas y para animar a las mujeres a proseguir en su lucha contra la invisibilidad y aunque en las redes surjan iniciativas colaborativas francamente laudables como la de Naukas, el topetazo contra el alfalto llega con la cruda luz del alba, quiero decir, con la cruda luz del asfalto (perdón por el cruce de cables con la sinestesia sabinera). Porque hasta la música y los deportes y ese preocupante y naciente fenómeno aún poco estudiado que da lugar a los youtubers son mundos en los que las caras visibles, mediáticas, millonarias, influyentes, imitadas y valoradas son hombres. Y eso no se ve en los libros de texto pero sí en la tele.

Cuando oigo "tacones rojos" connotativamente pienso en Melania Trump o en Victoria Beckham, pero no pienso en una mujer trabajadora, ni creativa, ni intelectual, ni influyente, ni pionera (aunque cualquiera de ellas, en algún momento, calce el mundo a bordo de unos Tcherevkoff ).

Por eso, hacer creer que estamos juntos codo con codo en la visibilización de los logros de la mujer y denunciando las trabas para llegar a puestos de poder poniendo como símbolo unos zapatos rojos de tacón queda, como poco, bastante fuera de contexto. 

sábado, 7 de enero de 2017

Los libros no son sagrados.


Kafka, Alicia, Pippi, Gerónimo. Todos, aunque no lo parezca, están aquí.


     Para los que leemos de forma habitual el libro es un objeto de culto. Así como unos no pueden evitar pararse ante los escaparates de ropa o de comida o de recambios neumáticos, un apasionado del libro verá reflejada su silueta  en todas las lunas que muestren la promesa de vidas y visiones diferentes a la de la repetitiva cotidianidad.  Decía Borges que el libro es una extensión de la imaginación y de la memoria. Y ahora se me ocurre pensar que el mundo va hacia donde va porque le falta la rebeldía que nace con la imaginación y le falla la memoria que siempre está a tiempo de reconquistar en los libros.
     La capacidad de concentración aumenta al entrar en una librería y, aunque afuera arrecie la canícula o el frío invierno nos aturda con el aullido húmedo del vendaval, no hay mejor refrigerio que la promesa de una historia inexplorada ni mayor abrigo que el susurro de las hojas en su tránsito hacia la búsqueda y el conocimiento.
     Para los que consideran el libro como un objeto sagrado tirar un libro es una profanación, un acto de tal irreverencia que no se puede pensar en ello sin sentir un escalofrío de desconcierto.
     Por lo mismo, porque el libro es sagrado y en él se esconde la verdadera esencia del ser humano y de la vida, con sus bondades, inquietudes, logros, fracasos, desalientos y demás emociones, por ello y mucho más, quienes consideramos al libro un objeto sagrado no podemos pensar siquiera en la posibilidad de la censura. Defendemos con vehemencia la independencia del creador porque somos conocedores de obras imprescindibles que se vieron a un traspié de acabar en la pira de la intransigencia.  En 1857 Gustave Flaubert y Charles Baudelaire fueron llevados a juicio por escribir obscenidades el primero y por hacer apología del mal el segundo. Tiemblo al pensar que, en  estos tiempos aliados de la prisa, lenguaraces voces sin sentido del contexto puedan condenar al poeta maldito francés como inductor a la violencia de género. Juzguen ustedes si no:  El vino del asesino
     Hace unos meses levantó polvareda en las redes una polémica acerca de una obrilla infantil que, en formato autoayuda y a modo de consejos con pretensión humorística, incita a niños y niñas a la desobediencia caprichosa y a un cierto desprecio hacia los demás. Sí, leí el libro antes de la polémica y me desagradó que tras un envoltorio inocente, con la promesa de pegatinas al final, se escondiese justamente la opción vital que no queremos transmitir muchos de los  que nos embarcamos diariamente en las aulas intentando el desarrollo de un pensamiento crítico que nos haga fuertes ante los diferentes tipos de manipulación y que fomente, sobre todo, el respeto hacia los demás, sin olvidar la dosis de rebeldía y transgresión que nos han ofrecido, a través de la ficción, tanto Pippi Calzarlasgas como Charles Baudelaire, por poner dos ejemplos.  
     Muchos pidieron la retirada del libro por considerar que su lectura puede abrir puertas al acoso escolar que ya es mal extendido en un país y en una escuela que solo reacciona  (y no siempre) cuando, como indicaban todos los pronósticos, las lluvias torrenciales inundan las casas con tejas desplazadas en los tejados desconchados. 
     Otros clamaron al cielo porque los libros no se prohíben ni censuran. Lo que está escrito es sagrado. La palabra impresa es un tatuaje inquebrantable como un dogma de fe por los siglos de los siglos amén.
     Yo, he de confesarlo, a veces entro en las librerías  y cual Cervantes atrevido, a quien no le tembló la pluma en ristre al lanzar a la pira del olvido todas las novelas de caballerías y demás bodrios de su tiempo, pienso que no, que el libro no es sagrado. 


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