viernes, 24 de diciembre de 2010

Cuento de otra navidad


Gatos callejeros soñando despiertos.
 Ahora que estoy descubriendo las obras descatalogadas de ese gran escritor del que ya he hablado en otras ocasiones,Wenceslao Fernández Flórez,  quiero compartir con vosotros un cuento suyo con marco navideño que me encanta. Es la historia de un niño mendigo, lazarillo de su abuelo ciego, que se enamora de una niña rica. El niño, que siempre tuvo "el vicio de soñar", en las largas jornadas mendicantes se entretiene soñando con su amada e imaginando que... Pero es mejor que lo leáis, aquí está:

    Todos los días mi abuelo y yo nos situábamos cerca del pórtico de san Cosme. Mi abuelo era alto, era enjuto: entre la orla de sus barbas enmarañadas, la roja nariz semejaba un grueso goterón de sangre a punto de resbalar de la frente hasta el pecho; sus ojos sin luz estaban siempre abiertos. Cuando entraban los fieles en la iglesia, los niños lo miraban temerosos y se apretaban contra sus madres. A veces aún sueño yo con él y lo veo tal como era, encorvado ya por la edad, envuelto en su sucia zamarra, apresando aquel grueso garrote con que tanteaba el suelo al andar. Siento aún, entonces, la presión de su enorme mano nudosa en mi hombro de lazarillo. Cuando la desdicha me amarga, aquella presión parece hacerse amistosa y decirme:
     _ ¡Eh, pequeño Esteban, acuérdate de aquellos tiempos nuestros!... ¿No te parece que, por mal que te vaya ahora, eres feliz?...
     Vivíamos en la boardilla de todos los cuentos de mendigos. La conocéis bien para que os hable yo, una vez más, de las puertas mal ajustadas por las que el viento helado penetra, y del roto colchón tendido sobre las tablas del piso y de la estrecha ventana donde un vidrio quebrado no había sido sustituido jamás. Mis hermanos se arrastraban como vermes entre los destartalados cachivaches, con las piernas rojas al aire. En las noches de lluvia, una gotera simulaba en la estancia un apagado ruido de reloj: “tac-tac”, “tac-tac...” Os digo en verdad que era una vida miserable. La costumbre llega a atenuar los sufrimientos; pero aún así, cuando yo pude izarme por la cadena de un buque y esconderme en la sentina, cuando sentí la trepidación de las máquinas que nos impulsaban hacia América, tuve la más grande alegría de mi vida.
     En aquellos tiempos, ya tenía el vicio de soñar. SEGUIR LEYENDO

En Tragedias de la vida vulgar, editado por Ediciones 98.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Manteca de jamón

procedencia de la imagen
     Cuando vi en Las Noticias a un lloroso niño traumatizado porque, siendo él musulmán, el profesor osó mencionar el jamón, me fijé sobre todo, en los gestos de la madre, asintiendo ella compungida ante la afrenta sufrida por su pequeñuelo. En ningún momento pensé en su procedencia árabe.
     Yo solo vi a un niño malcriado y a una madre que lo apoya, es decir, más de lo mismo pero con una anécdota simpática. Que el niño sea musulmán y el motivo de la queja no me parecieron  trascendentes, más allá del rubor que debieron sentir muchos miembros de la comunidad árabe, cuyos líderes calificaron la denuncia presentada por la madre de "soberana tontería", y de las molestias sufridas por el profesor, obligado a declarar ante un juez (espero, por lo menos, que el ayuntamiento de Trevélez le regale un jamón,  porque yo, la próxima vez que vaya al Sur, a lo mejor, en vez de comprarme uno en Serón, me acerco a Granada).
     La anécdota podría quedar ahí si no fuera porque al día siguiente, casi sin quererlo, mientras apoyaba mis codos en la barra del bar de un hospital,  me vi envuelta en la polémica sobre el caso en uno de esos programas televisivos matutinos de gran audiencia nacional en los que los contertulios son expertos en todo y donde cada uno expone con virulencia su dogma de fe. Una, la más versada y respetada, defendía denodadamente al sufrido pimpollo frente a la poca pedagogía del profesor (sí, aunque los efluvios tabernarios me impedían el seguimiento total del acalorado debate, oí varía veces la referencia a la poca pedagogía  del profesor, que, en vez de contestarle áridamente al atribulado alumno, debió tener en cuenta la sustancia mantecosa y  etérea  con la que están compuestos nuestros alumnos. ¿No sabe él acaso que los angelitos se han educado sin defensas ante la frustracción, el esfuerzo y la diversidad de pensamiento? Hagamos de un capricho infantil un problema nacional, crucifiquemos una vez más al maestro e interpongamos la justa denuncia cada vez nuestros hijos suelten una lágrima de cocodrilo en el colegio. Es la mejor manera de seguir desautorizando al profesor.
Yo, por si acaso, voy a aprovechar las vacaciones para aprender finlandés.  

lunes, 6 de diciembre de 2010

De guisantes y habas

Foto de Ruth Matilda Anderson, Niña con lechera. La he visto en la exposición que estará en Ferrol hasta el 9 de enero.
      Nadie duda del valor alimenticio de las legumbres, sea este cual sea, pero puestos a darles valores metafóricos y figurados, a las habas las imagino bastas, faltas de entendimiento y catetas y los guisantes se me figuran  juguetones, bonitos e ingeniosos. Si tuviera que aplicar estos sentidos figurados a los alumnos, sin pensarlo dos veces, me iría con los guisantes. O no.
     La metáfora, que considero desafortunada, no es mía. Se la oí una vez (no pregunten, he olvidado cuándo) a alguien que se lamentaba de que un alumno bueno académicamente hubiese caído en un grupo malo y proponía cambiarlo para el grupo de los buenos para que así  fuera uno de ellos. Vamos, dijo literalmente, es como dejar un guisante en el medio de las habas. Por supuesto no apoyé ese cambio que, felizmente, no se dio. Pero desde entonces no he dejado de pensar en ello y escribo ahora sin saber siquiera hacia donde voy.
     Con la autoridad que me da el convivir cotidianamente tanto con el grupo de las habas como con el de los guisantes les diré que las habas tienen buen corazón, se esfuerzan aunque les cueste y ¡sorpresa! hay más de un guisante entre ellas  (yo diría incluso que, cual príncipe que no sucumbe  al hechizo, algunas habas imperceptiblemente van adquiriendo el verdor saludable de los guisantes). De las habas constato que su calidad de legumbres en decadencia no les viene dada por factores intelectuales; lo que las unifica y las marca son estigmas sociales y lingüísticos: hay inmigrantes (bastante integrados) vienen de zonas rurales (bastante bonitas) y hablan, en su mayoría, gallego (bastante frecuente en la zona que nos ocupa). Como tierno contraste, los guisantitos son urbanitas (eso sí, de pueblo pequeño), de estirpe conocida (y respetada) y hablan, mayoritariamente, castellano (yo también, casi siempre, lo confieso). Entre ellos, tímidamente y sin muchas posibilidades de adaptación al medio, se vislumbra la forma achatada y blanquinosa de alguna haba. Los guisantes son inquietos y charlatanes, no muy dados a atender en las clases, ¡qué simpáticos! y pocos dudan de sus aptitudes académicas aunque algunos las escondan tras su pertinaz pereza. Cuando crecen un poco más se metamorfosean, se multiplican y se bifurcan  en especies menos vegetales entre las que destacan lo que aquí se ha dado por llamar  frikis y guays. Entonces, se producen extrañas mutaciones y algunos guisantes caen en la red friki y habas muy duras de roer se convienten en cabecillas guays capaces de hundir una clase. La adolescencia, ya se sabe, es una época de  cambios turbulentos.
     Paradójicamente el alumno-haba tendrá en la vida más oportunidades que la princesa del guisante porque tanto nosotros como él mismo desconfiamos de sus posibilidades ("Cuando el río suena...ya se sabe... pon tus barbas a remojar") y eso le imprimirá carácter. El Esfuerzo Diario vencerá a la Capacidad Dormida. Lo he visto ya muchas veces, incluso en mi condición de estudiante. Cuando yo hacía EGB en un colegio de monjas también nos dividían (siempre lo sospeché, tengo indicios) en habas y guisantes. Algunos, pobres, no salieron de la cazuela. Las habas resultaron ser muy espabiladas.¡Si las monjas levantaran la cabeza!

jueves, 25 de noviembre de 2010

El miedo, cuento de Wenceslao Fernández Flórez

Al sonar las once en el reloj, encerrado en la larga caja de nogal como en un ataúd, Felipe dejó el periódico sobre la mesa, subió hasta la frente las antiparras y se frotó los cansados ojos, en los que la vejez había ensangrentado los bordes. Doña Mariana bostezó, sacudida de su sopor por los once sonidos agudos de la campana. Hizo el signo de la cruz sobre la oquedad negra de la boca, donde amarilleaban aún algunos dientes; luego suspiró:
- ¡Ay, Jesús!
Y miró a reloj, donde el disco dorado del péndulo iba y venía, centelleando al mostrarse plenamente en el centro de la larga caja.
-Las once ya, Felipe.
La viejecita se levantó y salió. Se arrastraron sus pisadas por un corredor; se sintió, un poco lejos, el ruidillo de una cerilla que se enciende. Felipe volvió á encorvarse sobre su periódico, reanudando la truncada lectura de un suelto. Bajo la luz, su calva tenía un matiz rosado y un puntillo brillante sobre la prieta piel.
Desde el fondo del pasillo llegó la voz de doña Mariana, un poco impaciente:
- Pero, Felipe.
-¡Voy, mujer!
Alzóse; y llevó su mano enflaquecida hasta la llave de la luz. Antes de hacerla girar, devoró aún las últimas líneas del suelto, moviendo los labios como si modulase las palabras leídas, con las cejas enarcadas hasta lo sumo de la frente rugosa. Luego, arrojó el periódico, apagó la luz, marchó hacia el pasillo, advirtiendo:
- ¡Voy, voy!
Los filamentos de la bombilla quedaron luciendo como rayitas rojas en la oscuridad del comedor; después fue amortiguándose su tono; después se desvanecieron en la negrura. Por una contraventana mal ajustada entró entonces, en una estrecha faja, la difusa claridad de la noche. CONTINUAR LEYENDO

Este relato está incluido en Tragedias de la vida vulgar de Wenceslao Fernández Flórez. Libro descatalogado.YA NO ESTÁ DESCATALOGADO. Ediciones 98 acaba de rescatarla del olvido a través de una cuidada edición. Además pretenden seguir publicando obras descatalogadas de Fernández Flórez. Feliz idea.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Pronto llegó noviembre


Al fin llegó el otoño a las Fragas do Eume

Soy un espíritu de otoño. Me inspiran el viento y el frío.  Noviembre me parece el mes más plástico. Hace unos días me tiré al monte para hacer fotos de los colores del otoño y me he acordado de Julio Llamazares, el escritor leones. ¿Qué será de él? Tengo todos sus libros, incluso los que he dejado a medias (me decepcionó hasta el enfado El cielo de Madrid, creo que no debió publicarlo, no lo veo terminado estilísticamente). Pero se lo perdono. Me interesan de él esa concepción de la montaña y de la soledad, ese aprecio por la vida en la naturaleza y y esa manera tan poética y descriptiva de narrar. Esa manera tan narrativa de escribir versos:

Todo lo aprendí de quien nunca fue amado:la nieve, y
el silencio, y el grito de los bosques cuando muere
el verano.
O aquella canción celta que Kerstin me cantaba:
"¿Quién puede navegar sin velas? ¿Quién puede remar
sin remos?¿Quién puede despedirse de su amor
sin llorar?"
Pero ahora ya la nieve sustenta mi memoria.Y el silencio
se espesa tras los bosques doloridos y profundos
del invierno.
Por eso puedo navegar sin velas.Por eso puedo remar
sin remos.
 Por eso puedo despedirme de mi amor sin llorar.
                                       (de Memoria de la nieve, poema 10)



Lo primero que  leí de Julio Llamazares fue La lluvia amarilla. Cada uno de nosotros, puestos a escribir, tenemos unos intereses argumentales y un estilo propios. No sé cómo ha podido suceder, pero a mí se me ha adelantado Julio Llamazares. Siempre quise escribir como él y retratar con hermosas personificaciones el final del otoño en una novela en la que la injusta guerra lleva a los hombres a huir al monte acosados por los enemigos y perseguidos por su propia soledad : "Al atarceder cantó el urogallo en los hayedos cercanos. El cierzo se detuvo repentinamente, se enredó entre las ramas doloridas de los árboles y desgajó de cuajo las últimas hojas del otoño" (Luna de lobos). Yo habría querido empezar una novela escribiendo:"La pregunta no es si hay vida después de la muerte; la pregunta es si hay vida antes de la muerte", que es como comienza Escenas de cine mudo, esa rememoración de la infancia al hilo de los recuerdos que le traen al autor las fotografías de un viejo álbum familiar. Ahora que los viajes ya no son lo que eran, -"el viajero, aunque no es turista, o al menos así lo cree (turista es el que viaja por capricho y viajero es el que lo hace por pasión)"- fantaseo con la idea de recorrer,cuaderno en mano, el universo 'pechado' de Trás-os Montes.También me habría gustado nacer en un pueblo perdido del Pirineo (en vez de en una villa de petulante solera) y que eso me marcara  pero que no me destruyera, como les sucede fatalmente a Andrés y a Sabina, los  últimos habitantes de Ainielle. De La lluvia amarilla, hoy que caen las hojas ocres balanceadas por el viento, vienen a mi memoria estas pinceladas:
"Pronto llegó noviembre con su pálido aliento de lunas y hojas muertas. Los días fueron haciéndose más cortos cada vez y las interminables noches junto a la chimenea comenzaron a sumirnos poco a poco en un profundo tedio, en una pétrea y desolada indiferencia contra las que las palabras se deshacían como arena y en la que los recuerdos daban paso casi siempre a inmensas extensiones de sombra y de silencio. Antes, cuando aún estaba Julio y su familia (y, antes aún, cuando Tomás todavía no había muerto y sostenía tenazmente en solitario la vieja casa y la memoria de Gavín), nos reuníamos todos en una de las casas, junto a la chimenea, y, allí, durante largas horas, mientras la nieve y la ventisca gemían en lo alto del tejado, pasábamos las noches del invierno contándonos historias y recordando personas y sucesos, casi siempre de otro tiempo. El fuego, entonces, nos unía más que la amistad y que la sangre. Las palabras servían, como siempre, para ahuyentar el frío y la tristeza del invierno. Ahora, en cambio, a Sabina y a mí, el fuego y las palabras nos volvían más distantes, los recuerdos nos hacían cada vez más silenciosos y lejanos. Y así, cuando llegó la nieve, la nieve estaba ya, desde hacía mucho tiempo, en nuestros propios corazones."

miércoles, 3 de noviembre de 2010

LA NIÑEZ PERDIDA


Estos días he seguido con una mezcla de conmiseración y espanto la noticia de la  niña rumana de diez años que ha dado a luz en un hospital de Sevilla. Cuando pensamos en una niña de diez años  nos gusta imaginarla jugando con las Moxie Girlz , coleccionando pulseras locas y dibujando corazones en la agenda de Kello Kitty porque, ¡horror! se ha enamorado de un repetidor  de 6º de primaria que se parece muchísimo a Ulrich de Código Lyoko. Al lado de esa niña de diez años tranquilizadoramente real despunta la niña de diez años que fuma a escondidas, que ya ha ido al botellón con sus primas de quince y a la que le preocupa repetir quinto de primaria porque quiere llegar cuanto antes al instituto, aunque no precisamente para estudiar. ¿Trazo un retrato real? No lo sé, yo miro para mis alumnas de 1º de ESO y las puedo encasillar, con matices y sin caricaturas,  en uno de estos dos grupos, una minoría en la inocencia de la infancia que se esfuma y otra mayoría que parten veloces hacia la adolescencia que despunta con sus diabluras de nínfula. Pero como no  las puedo imaginar por más que me lo proponga es embarazadas de un niño de trece años. Incluso el más tenue pensamiento en esa dirección que parece  una perversión.
La niña rumana no estaba escolarizada, probablemente no tendrá jamás esa oportunidad; si sigue la ley de vida de su comunidad a los treinta años será abuela, envejecida prematuramente, como la famosa niña afgana; no podrá prosperar; abandonada a su suerte por el padre de su hija (él, niño -padre también) dependerá de otros para vivir...ni siquiera ha tenido ocasión de pensar qué quiere ser de mayor.
Pero esta visión trágica y negra sorprende a la familia, que está feliz por el nacimiento del nuevo miembro, niña también, la pobre Nicoletta con nombre de princesa delicada y niñez incierta. No entienden el revuelo. Elena ya estaba preparada para ser madre con diez años, como antes lo estuvo su madre y antes lo estuvo su abuela... que actúa de portavoz con el permiso de su marido. Estamos a años luz unos de otros en un mismo espacio y en mismo tiempo. La Tierra no es plana ni redonda, está plagada de sinuosidades y recovecos culturales donde lo que a unos ojos es blanco y límpido a otros es negro y atroz. Me da pena esa niña que es feliz porque su hija ha nacido sana.

Mientras reflexiono sobre esto, y a la vez que preparo la clase para mis alumnos de 1º de bachillerato (ya que tengo la útil habilidad de poder hacer dos o más cosas a la vez)  encuentro casualmente un poema de la lírica tradicional del siglo XV que habla de los amores prematuros, ¿frecuentes quizás en la Edad Media? La diferencia es que esto es solo literatura:

La niña gritillos dar
non es de maravillar

Mucho grita la cuitada
con la voz desmesurada,
por se veer asalteada;
non es de maravillar.

Amor puro la venció,
que a muchos engañó;
si por él se descibió
non es de maravillar.

Temprano quiso saber
el trabajo y el placer
que el amor nos faz aver;
non es de maravillar.

A los diez años complidos
fueron della conocidos
todos sus cinco sentidos;
non es de maravillar.

A los quince, ¿que fará?
Esto notar se devrá
por quien la praticará;
non es de maravillar.

(Poesía lírica medieval. Edición de Vicenç Beltrán.  Biblioteca Hermes. Clásicos castellanos)

sábado, 30 de octubre de 2010

Los versos de Miguel Hernández inundan la Red

"Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Miguel Hernández, poeta al que hemos ido recordando en Internet con numerosas actividades. Hagamos que la Red se inunde con sus versos."



LAS ABARCAS DESIERTAS
Por el cinco de enero,

cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.
Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.
Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

De la antología que Vicens Vives publica en su colección Cucaña: Corazón Alado. Antología poética. Miguel Hernández.

domingo, 17 de octubre de 2010

Universo Mendoza

Desconfío de la calidad de una obra que merece un premio desprestigiado que es  pasto de burlas entre gente que se precia de  buen nivel lector. El trastornado detective de "El laberinto de las aceitunas" podría bien, como elemento cómico, llevar bajo el brazo un libro premiado en dicho certamen con el fin de disimular su poca instrucción. Por eso no sé si compraré "Riña de gatos". La verdad es que no me gustan todos los Mendozas. "Sin noticias de Gurb" hizo que volviera a la  portada varias veces para comprobar si la novelilla había sido escrita por el mismo autor que alumbró "El misterio de la cripta embrujada". No fui capaz de terminar "El año del diluvio",... quizás no fuera el momento. Gente de la que me fío insistió en que " El asombroso viaje de Pomponio Flato" no llegaba, ni por asomó, al nivel de "La aventura del tocador de señoras" , así que no la leí.  En 2º de bachillerato han cambiado "La verdad sobre el caso Savolta" (que explicaba perfectamente, a pesar de sus dificultades, el paso de la novela experimental al modo de narrar tradicional) por "Plenilunio" de Muñoz Molina. No me gustó el cambio. Me sorprende que el propio Mendoza diga de su novela, la primera que escribió, que "se siente orgulloso de ella, pero no mucho". Veis, tengo motivos para desconfiar.
Repito, no me gustan todos los Mendozas. Pero me encanta aquel que fue capaz de crear un universo cómico, mordaz y descabellado a través de un personaje singular: el detective innominado, completamente trastornado, de tan baja calaña que a nadie le importa su vida, ajeno a las normas elementales de la convención social, analfabeto funcional, que sin embargo, de forma completamente verosímil, se expresa con un lenguaje cuidado, casi afectado, sin que la desternillante acción novelesca se resienta un ápice.O sí se resiente, a veces, la descabellada acción, pero no importa porque la forma de narrar se manifiesta con tal maestría que se impone sobre los hechos.  Sin duda, me quedo con "El laberinto de las aceitunas" y con "El misterio de la cripta embrujada", libros que, por cierto, me recomendó mi buen profesor de literatura, Antonio Couto, cuando yo estaba en COU. Tardé aún unos años en leerlos, pero no los olvidé.
No sé si leer "Riña de gatos".

sábado, 2 de octubre de 2010

El bosque animado

Viejo castaño del Caurel. Llegué a pensar que en cualquier momento se atrevería a hablarme.

                          
La fama es un valor perecedero y caprichoso. Sin que podamos retenerla se disuelve como el humo y desaparece dejando en el aire una tenue cadencia, un hilo de cometa invisible a las miradas. Del azar depende que, inesperadamente, alguien recobre ese hilo y lo salve de la oquedad del olvido. Digo esto pensando en Wenceslao Fernández Flórez, un escritor de amplia trayectoria periodística y literaria, cuyas obras, a excepción de la que hoy nos ocupa, están descatalogadas. De su narrativa me gustaría leer  las colecciones de cuentos en las que el elemento fántástico y supersticioso se inserta en lo cotidiano, como sucede en Fantasmas o Tragedias de la vida vulgar. En este último volumen se encuentra un relato de vampiros,onírico e inquietante,  El claro del bosque, que también publica Alianza en su Antología de cuentos de terror,3.

Hace unos días he ido al Caurel, no demasiado lejos (y tan lejos) de la casi desaparecida  fraga de Cecebre que retrató Fernández Flórez en su entrañable novela  El bosque animado. Y allí,  mientras caminaba sin prisa por congostras y rueiros creí oír  - no miento- la risa de la infeliz  Pilara y el suave correteo  angustiado de Furacroyos, canté con los árboles la alegre canción que imita a la presa del molino, y temí encontrarme en la hosca umbría de los sequeiros de Mostad con el bandolero Fendetestas (por si las moscas, ¡oh ,el odioso pueblo pardo! fui repasando mentalmente tácticas de regateo para no perder con él las escasas viandas de mi mochila). Pasé por delante de casas empobrecidas y ruinosas como la choza de Marica da Fame y discurrí junto al río Lor, plácido y bello, nada hay tan hermoso como su corriente en cuanto pueden ver ojos humanos. Descansé al abrigo de viejos castaños que viven tras su muerte, porque la fraga es toda vida, es un ser hecho de muchos seres. Sin embargo, - he de decirlo-  no perturbó mi estancia la presencia del  pueblo pardo, pero sí el incordio de sus primas las avispas.

La noche de mi vuelta a casa,embriagada de  verde y musgo, adapté para mis alumnos de 1º de ESO la estancia I de "El bosque animado". Empezamos, pues, con buena literatura.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Tarea docente:reír para no llorar



Este vídeo lo ha colgado en facebook una amiga mía que no tiene ninguna relación con la enseñanza. Pensábamos que estábamos solos frente a una inmensidad hostil y resulta que no, que nuestras cotidianas desventuras empiezan a ser pasto de los programas de humor. Me parece bien, es una manera de empezar a salir del armario  en el que estamos sumidos.

martes, 31 de agosto de 2010

La lectura como lastre

Mike Stilkey

                                            
No es lo mismo imaginar a los elefantes caminando lentamente bajo el sopor de la sabana que imaginar que tenemos que llevar el elefante a cuestas. Además, un buen día uno descubre que, aunque es más propio del elefante la lentitud dado su tremendo peso (algunos pueden llegar a pesar 7000 kilos), a diferencia de los seres humanos su magnitud  no lo entorpece y, si el peligro lo ronda, puede correr y alcanzar la velocidad de  40 kilometros por hora. Y si imaginamos a un elefante corriendo a 40 kilómetros por hora para subirse a horcajadas a nuestra espalda lo mejor que nos puede pasar es despertar de la pesadilla sudando felices de que no sea verdad.
A veces pienso que muchos alumnos deben sentirse así cuando al inicio de curso se les da la lista de libros que tienen que leer. No sé cómo se llevará el tema de la lectura en otros institutos, pero en el mío, qué duda cabe, se ha malinterpretado el Plan Lector de Centros. Desde que este existe, la lectura es un lastre. A muchos departamentos les ha entrado de pronto un Furor Lector  y han entendido que los alumnos deben leer aunque sucumban en el intento. Lengua Castellana, Lengua Gallega, Filosofía, Historia, ¡sí!, incluso en Matemáticas, cada maestrillo recomienda su librillo. Y lo malo es que algunos, como Torquemadas justicieros, imponen las pavorosas novedades de literatura juvenil actual  (¿dónde está la hoguera en el patio de ese loco ilustre, que me quemo solo de pensar lo que a veces se les recomiendan a los alumnos pensando que, además de analfabetos funcionales, son necios?). Y todo esto bajo pena capital: ¡si no lees el libro, a la cruz de los suspensos, descastado!
Algunos con los que hablo me miran resignados, con ojos de animalillo melancólico, como Platero. Unos, porque son buenos lectores, y, como me dijo cierta mañana una alumna de bachillerato con un "infumable" de reconocido autor juvenil en la mano: "A ver si termino pronto esto  porque tengo ganas de ponerme a leer". Otros han pasado la noche en vela, leyendo de un tirón para expulsar al día siguiente sobre el examen ese cuerpo extraño. Los más listos toman un atajo y se aconsejan con los clásicos en esa Biblioteca de Alejandría  Moderna que es "El rincón del vago". No hay resumen de lectura recomendada que se le resista. Algunos, por supuesto, leen con agrado e incluso se aficionan a la lectura. También hay profesores que recomiendan buenas lecturas y hablan con pasión de los libros.
Pero hoy he decidido ver de lo malo lo peor y por eso sigo.
Las editoriales, como el pan de pueblo, ya no son lo que eran. Si hay que destruir a los clásicos para que los almacenes acumulen Best-Bodrios pues se hace y punto. Es lo que se vende, hasta los políticos los leen. Y esa táctica comercial se ha trasladado a la literatura juvenil. Las editoriales han hecho suya la máxima de "El cliente siempre tiene la razón" y cual mayordomo solicito con la anciana rica y rara de la que espera heredar  se afanan en dar a los jóvenes aquello que piensan que desean: sexo, droga, violencia en el instituto, aventuras inverosímiles, diálogos plagados de tacos, etc. ¡Eso es lo que demandan los jóvenes, ese es el camino para que sean buenos lectores!, nos dirán tantos malos escritores para justificarse y publicarse. Porque si algo destaca en los catálogos de literatura juvenil es la baja calidad literaria, aunque algunos autores tengan ya su estrella en el Paseo de la Fama de las letras, sobre todo, y no por otra cosa, por haber conseguido parecerse a Lope de Vega en el misterio que rodea su magna producción (hay algunos que, como el clásico, han escrito más libros que días tiene su vida).
Lo importante no es la calidad, lo importante es que se lea, parecen pensar muchos, algo les entrará en la cabeza a estos zoquetes. Pero conozco a más de uno que se jacta de no haber leído jamás las lecturas que recomienda a sus alumnos porque no tiene tiempo para perderlo removiendo entre la basura. Miedo me dan estos enseñantes que convierten la lectura en un lastre.

sábado, 21 de agosto de 2010

Poetas medievales: el rebelde Villon

músico callejero

Si el capellán Guillaume Villon hubiese vislumbrado los quebraderos de cabeza que el pequeño François Montcorbier le iba a ocasionar en su juventud,  quizá no le hubiese permitido tomar como suyo su apellido y   el poeta no habría pasado a la posteridad con el nombre de  François Villon. Y si este hubiese nacido hace sesenta años en España en vez de hacerlo en la Francia del siglo XV, no es descabellado pensar que, en vez de relacionarse con la poco recomendable hermandad de La Coquille, se hubiese juntado con otros poetas goliardos vividores y tabernarios como él. Imagino a Ángel González celebrando su "Balada de la vieja armera a las mozas de París"  o a Joaquín Sabina inspirándose en alguno de los versos de la Balada de los Proverbios. Pero Villon nació en 1431 y, aunque  le tocó vivir una infancia marcada por la orfandad y la miseria, su suerte cambió cuando el canónigo Villon, hombre de inquietudes intelectuales, y por lo que se deduce, dotado de una personalidad generosa y altruista,  se convierte en su tutor. François pasa de jugar en las calles con el pantalón roto y la cara sucia a acceder a una formación erudita. Cuando inicia sus estudios en la Facultad de Artes de París su afición a la noche, a las prostitutas y a las malas compañías lo pierden. Con todo, obtiene su licenciatura. Pronto demuestra cualidades para la  poesía, inspirada con frecuencia en la mujer de su vida, que jamás le hizo caso, Catherine de Vaucelles. Pronto demuestra también grandes habilidades para meterse en líos de esos que pueden terminar en la época con resultado de horca. Mata a un sacerdote en una pelea, participa  en un sonado robo con sus colegas Guy Tabarie, Colin Cayeux, Petit Jehan y Damp Nicolas, ... muy malas compañías que acabarán en la cárcel o ajusticiados. François Villon se pasa la juventud huyendo de París para evitar el mismo final que sus compinches, aunque no puede evitar ser detenido y torturado en más de una ocasión.  Sin embargo, el bueno e influyente Guillaume consigue siempre ayudar a su protegido (¿Por qué tanto interés?, se preguntan algunos estudiosos sin hallar respuesta cierta). De nada sirve. Villon ama el derroche, las prostitutas, el vino y las tabernas, las trifuncas callejeras, la jerga oscura de los Coquillards, , el carpe diem frente al mañana incierto...en fin...es dificil llevarlo por la recta vereda. Escribe  El Legado y El Testamento, extensos poemas autobiográficos, consciente de que en cualquier momento puede desaparecer definitivamente, lo que sucede en 1463, cuando el poeta tiene treinta y dos años. En diciembre del 62 es condenado a muerte. Todo hace pensar que será ajusticiado en el Patíbulo de Montfoucou y escribe la Balada de los ahorcados como despedida del mundo, pero, una vez más, las influencias de sus allegados consiguen cambiar la terrible pena  - la mayoría de sus amigos han pasado ya por ella- por un destierro de París por diez años. A principios de enero, "cuando los lobos mascan viento,/y uno se encierra entre sus muros", el rebelde Villon abandona París y, a día de hoy, no hemos vuelto a tener noticias de él. Por si lo reconocen por la calle, esta es su cara:

Villon fue un poeta al que le tocó  vivir en  ese difícil tránsito entre el miedo a la Muerte medieval y las ansias renacentistas por disfrutar de la vida terrenal antes de que sea tarde, aun siendo tarde ya, como la vieja armera de la Balada. Sus composiciones son fundamentalmente autobiográficas, con muchas referencias a personajes del momento, de los que raramente traza una semblanza bondadosa. Tanto en El Legado como en El Testamento, Villon hace de su elocuencia un dardo que lanza contra los hipócritas e insolidarios, sin que le tiemble la mano al incluir nombres propios concretos, conocidos e influyentes en la época, que se convierten en víctimas de su burla y de su queja. A la vez, su poesía (clásica en su molde  métrico) es un canto a la vida, al amor carnal, al disfrute del momento presente... él, que pasó su juventud esquivando a la muerte.

A excepción de la Balada de los ahorcados, todos los enlaces que aparecen en la entrada se corresponden con poemas de Villón que he tomado de:
- La edición bilingue de la editorial Pre- textos (Valencia,2001), con introducción, notas y traducción de José María Álvarez.
- La edición de Juan Victorio publicada en Letras Universales, editorial Cátedra (Madrid, 1985)
Más información en la Wikipédia francesa, con enlaces a sus poemas en versión original

martes, 10 de agosto de 2010

Recuerdos de infancia

Con mi prima Paz. La que está delante soy yo. Me gusta la niña que fui.

"El pueblo solo recuerda y cuenta aquello que puede transformar en leyenda.  Lo demás discurre junto a él sin dejar huella profunda, en la indiferencia muda de los fenómenos naturales y anónimos, sin tocar su imaginación y sin grabarse en su memoria". Un puente sobre el Drina, Ivo Andric

A veces leo en  La voz de Galicia una sección veraniega en la que personajes gallegos famosos rememoran los veranos de su infancia. Como sospecho que no se pondrán en contacto conmigo para pedirme un ejercicio de memoria más o menos poético y nostálgico, ahora que tras  un mes gandul he recuperado el placer de levantarme a las siete, lo haré aquí.

Lo que recuerdo de mi infancia también se ha transformado ya en leyenda (íntima y escondida, eso sí, pero leyenda), aunque  más que veranos lleguen a mi memoria los otoños. Los otoños gallegos, cuando quieren, son un deleite para los sentidos.  No conozco mayor placidez que pasear en octubre por una playa desierta y blanquecina con retazos de humo en la lejanía y mi sueño inconfesable en irme a vivir al Caurel acuarelas en ristre para retratar la caída ocre y amarilla de las hojas. Me alimentaré de castañas y de vino.
Una vez escribí:
“¿Hay algún atajo en la memoria que nos permita recuperar las miradas de la niñez? Aquel sol de octubre presentido tras el abrazo de los abedules... Siente frío en el rostro la niña de mirada perdida mientras arrastra con sus zapatos de charol las hojas muertas del otoño."
Es un recuerdo de mi infancia.
Me temo que los veranos de mi infancia se enredarán con los otoños y al lado de la tortilla de patatas y arena se sentará el recuerdo de las uvas recién cogidas, del vino mosto que los niños bebíamos aun sin reposar, de la cocina de leña donde se asaban las manzanas de caramelo a las que mi abuela llamaba  papanduchas. No he oído esa palabra nunca más fuera de mi ámbito familiar. Sé que deriva de papanduja, que significa fruta demasiado madura. Pero me gusta pensar que, al igual que tenemos unos gestos comunes también disponemos de unas palabras que genéticamente nos identifican aunque sea por deformación de otras existentes. 
En verano íbamos a la playa andando, cogíamos moras por el monte, hacíamos comiditas con hojas de helecho y tallos de zarzas (¡y luego nos las comíamos, de verdad!), jugábamos al tejo y nadie corría angustiado detrás de nosotros para que merendaramos. No había parque ni ludoteca de verano, jugábamos por los caminos, y nuestras rodillas estaban rojas de mercurocromo (que nosotros llamábamos cromer) todo el año.  No voy a idealizar tanto el verano para que parezca que no llovía jamás. Llovía más y mejor que ahora. Entonces recortábamos mariquitas y dibujábamos mientras nuestra madre planchaba en la cocina. Pero también salíamos a jugar fuera cuando llovía, ¿por qué no? Entonces cogíamos caracoles y les hacíamos casitas.¡Los encerrábamos en campos de refugiados pensando que así serían más felices! Al día siguiente, los muy desagradecidos ya no estaban. Nadie se iba de veraneo a la aldea de los abuelos porque ya estábamos en la aldea de los abuelos. Eran otros los que venían, maravillados ante hechos tan codidianos que nos desconcertaba su fascinación, como coger manzanas del árbol (¡con su gusano, claro!) o beber leche recién ordeñada. Las comidas familiares se hacían, con frecuencia, en un huerto propiedad de mi tía. Nos subíamos a los árboles y nos escapábamos al río.  Absortos en nuestra maravillosa  libertad no buscábamos los ojos adultos que velaban por nuestros juegos.

Mientras escribo esto mi hija Clara despierta y le enseño las fotos antiguas que he estado escaneando. En muchas estoy con mis hermanas o con mi prima. Le pido que me ayude a elegir una pero ella atiende más a un detalle que la asombra para mi sorpresa: me pregunta por qué estamos solas, por qué nadie nos cuida. Le respondo que ella también está sola en muchas fotos, o con su hermana o con sus primos. Me mira desde el fondo de sus siete años y no se convence. Percibe que yo ya he cumplido su sueño infantil de ser una aventurera. 

sábado, 1 de mayo de 2010

De como Giambattista Basile retrató sin miramientos la tan vilipendiada Generación Ni- Ni en su magnífico aunque poco conocido Cuento de los cuentos.



En el siglo XVII, un escritor llamado Giambattista Basile recopiló los relatos de la tradición oral de su tierra y los vertió al napolitano en un libro lleno de ingenio, sátira, crueldad, gracia, impudicia, malicia, amor y otros sentimientos humanos protagonizados por necios, princesas, ogros, pulgas, hadas, gatos, reyes y demás bestiario humanizado. Publicado póstumamente en 1634, dos años después de la muerte de su autor, no parece haber gozado de éxito en su época. No solo porque estaba  escrito en un dialecto difícil de entender sino porque además, en 1779, un tal Ferdinando Galiani le hace una crítica tal implacable que el libro cae herido en el peor de los pozo posibles: el olvido. Ahí permanecerá hasta que, a finales del siglo XIX, el pensador y crítico literario Benedetto Croce, consciente de su valía, lo rescata en el dialecto original que ya nadie hablaba ni entendía,... y fracasó completamente. Sin embargo, pertinaz como solo él, años más tarde emprende la tarea de traducirlo al italiano. En español lo podemos leer gracias a la traducción de César Palma (editorial Siruela).
 El Pentamerón o Cuento de los cuentos son relatos insertos en una historia marco en las que diez mujeres, Zeza la patoja,  Cecca la chueca, Meneca la papuda, Tolla la nariguda, Popa la gibosa, Antonella la cachazuda, Ciulla la jetona, Paola la bizca, Ciommetella la tiñosa y Iacova la perdularia, relatan historias para entretener en su embarazo a la caprichosa esposa de un príncipe.
La primera historia, "El cuento del ogro",  comienza así:
Se cuenta que había una vez en el pueblo de Marigliano una mujer de bien llamada Masella, la cual, además de seis hijas solteras, flacas como seis estacas, tenía un hijo varón, tan patán y tan bruto que no valía ni para el juego de la nieve, tanto es así que la madre estaba como gorrina con vinco y no pasaba día sin que le dijese:”¿Qué haces todavía en esta casa, pan maldito? ¡Ahueca el ala, granuja! ¡Largo de aquí, macabeo! ¡Qué la tierra te trague, cenizo! ¡Apártate de mi vista, zampabodigos! Me robaron de la cuna un niñito lindo, un pimpollo de oro, y en su lugar me pusieron a un marrano papanatas como tú”. Pero mientras ella no cesaba de decirle estas cosas, él no hacía sino silbar.
La tercera, "Peruonto", también está protagonizada por un personaje similar:
Una ilustre mujer de Casoria, de nombre Ceccarella, tenía un hijo llamado Peruonto, que era el más desdichado, el mayor estúpido y el más solemne zoquete que la Naturaleza hubiese creado jamás. Por ello la pobre madre tenía el corazón más negro que un estropajo y maldecía mil veces al día a las rodillas que le habían abierto la puerta a ese papamoscas, que no valía ni como cuajo de perro; pero la infeliz ya podía gritar y desgañitarse, que el pelafustán no dejaba de cagar para hacerle el menor servicio.
Yo, a la luz de una cervecita, y arrellanada en el sillón, ahora que las niñas duermen, voy a leer otro cuento del Pentamerón. Estáis invitados.

lunes, 19 de abril de 2010

Vale a pena ficar de olho nesse blog


Antonio Solano desde Re(paso) de lengua y  Carlota Bloom desde En ocasiones...leo libros mencionan este blog como uno de tantos que vale la pena visitar, gesto que les agradezco de corazón. Yo, por mi parte, voy a incluir, no los blogs que visito habitualmente y que tengo enlazados, y que por supuesto, valen muchísimo la pena, sino otros que guardo en mi página de netvibes y que me parecen  muy interesantes:

arelarte.blogspot.com

elbuscadordetusitalas.blogspot.com

latabernadeltato.blogspot.com

artenoafonsox.blogspot.com

algundiaenalgunaparte.wordpress.com

veinticuatrobofetadas.blogspot.com

mesecosicas.blogspot.com

el hombre que salió de la tarta

confieso que he leído

lenguayliteraturaespañola

jueves, 15 de abril de 2010

La literatura es un arma cargada de peligros

Caperucita y el lobo. Ilustración de Gustave Doré

Cuando Clara Sánchez afirmó al final de la Clausura del Congreso Virtual de la Lengua que "la literatura es un arma cargada de peligros" seguro que más de uno (y una) malinterpretó sus palabras. Porque Clara Sánchez (estoy convencida) no estaba pensando cuando hablaba en el sinfín de ogros, monstruos, madrastras, locos, asesinos y pervertidos que pueblan las páginas de los cuentos infantiles o los relatos de Allan Poe o El Perfume de Patrik Süskind o la Lolita de Nabokob (¿Prohibirán esta última cuando reparen en el peligro potencial que supone su lectura si el libro cae en manos de alguna inocente pero turbadora nínfula o de algún depravado cuarentón?).
Clara Sánchez pretendía decir que la literatura ofrece una visión del mundo tan plural, tan compleja, que quien se sienta tocado por el placer de leer no podrá ser fácilmente manipulado. Aquel que lee no solo se adentra en el conocimiento de otros mundos, no solo se pone en la piel de otros seres, no solo vive situaciones diversas y asiste a sus diferentes resoluciones; aquel que lee, además, aprende sin esfuerzo a expresar verbalmente su mundo, tanto el exterior, el que lo pone en contacto con los demás,como el interior, el que  lo pone en contacto consigo mismo (en serio, creo que hay personas cuyo problema principal es que nunca se han sentado a dialogar tranquila y sinceramente consigo mismas, que quizá desconocen su propia existencia ).
Ya lo decía el filósofo Emilio Lledó en el mismo congreso: "Los seres humanos somos fundamental, esencial y sustancialmente lenguaje". Si físicamente nuestro organismo es sobre todo agua y su falta nos mata, espiritualmente somos lengua y su escasez nos atrofia. La literatura no nos hará mejores, o sí, pero su cercanía contribuye, sin duda, al dominio de nuestra expresión verbal y quien sabe ponerle nombre a lo que siente, a lo que comprende, a lo que no le gusta, a lo que cambiaría, a lo que no soporta, a lo que le duele, a lo que desea, ese es más dueño de sí mismo que aquel que, pasmado ante las palabras, no las puede interpretar.
Leer tampoco nos hará más felices. La literatura proporciona momentos de auténtico deleite pero también provoca instantes de confusión, desasosiego, tristeza, ira, miedo, ... y eso no es malo porque el ser humano debe aprender a convivir con todos sus sentimientos. Los popes del progreso (¡progreso! ¡qué palabra tan polisémica y con cuántas aristas tan finas!) y los dogmáticos del pensamiento  se empeñan en manipular la literatura para ofrecer una visión sesgada de la realidad  sin reparar siquiera en que maniatar la literatura, aunque sea con el candoroso fin de ofrecer una visión dulcificada de la vida,es una traición a la literatura.

domingo, 21 de marzo de 2010

La poesía está en todo

                                        El río Eume entre los árboles, un día de niebla y de invierno

Cuando estudiaba 5º de Filología Hispánica tuvimos la oportunidad de elegir la optativa de Lengua Rumana. El profesor, no recuerdo su nombre, había conseguido huir del régimen de Nicolae Ceausescu y llegó ya empezado el curso. No sé qué habrá sido de él. Al principio era un hombre triste, demacrado y envejecido, dueño de  una mirada resignada cargada de agradecimiento y nostalgias. A final de curso empezaba a ser feliz. Compró ropa nueva y rejuveneció. Aprobó a todos los alumnos. Yo aprendí rumano. Aún conservo los apuntes pero olvidé ya una lengua que no tuve oportunidad de hablar jamás. Sin embargo, sigo teniendo presente a un poeta del cual nos hablaba, Marin Sorescu. En clase traducíamos sus poemas. A mí el que más me gusta es este, que en su lengua original se titula "Am legat". Lo copio tal y como lo conservo en una libreta, traducido por mí:
He atado a los árboles por los ojos
con una pañoleta verde
y les he dicho que me encuentren.
Y los árboles me han encontrado inmediatamente
con una carcajada de hojas.
He atado a los pájaros por los ojos
con una pañoleta de nubes
y les he dicho que me encuentren.
Y los pájaros me han encontrado con un canto,
con un canto.
He atado a la tristeza por los ojos
con una sonrisa
y la tristeza me ha encontrado al día siguiente
dentro de la pasión.
He atado al sol por los ojos
con mis noches
y le he dicho que me encuentre.
Estás ahí, ha dicho el sol,
detrás de aquel tiempo,
no te escondas más.
No te escondas más,
me han dicho todas las cosas
y todos los sentimientos
a los que he intentado atar por los ojos.
                                              

viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes, el guardabosques de las palabras


Mario, el Nini, Daniel el Mochuelo, el señor Cayo, Azarías,... todos son creaciones geniales de un narrador que dominó como pocos los diferentes registros de la lengua, que poseía un talento innato para plasmar en sus obras  la  cercana humanidad de algunos personajes y la palpable miseria humana de otros, que pintó con sus palabras paisajes que  veía por sus ojos y que pisaba con sus pies.
Ha fallecido hoy, 12 de marzo de 2010, a los 89 años de edad, tras una larga enfermedad.  Muere el ser humano, la envoltura física, lo perecedero  y se consolida la figura, el clásico, lo permanente.
Hablaba  Caballero Bonald, en el Congreso virtual de la Lengua, del empobrecimiento del idioma. Decía que  las palabras están desapareciendo de nuestra lengua, que el español medio usa alrededor de 4oo palabras cuando en el Diccionario de Manuel Seco se recogen 72000 términos. Miguel Delibes los conocía todos y  los utilizaba  con precisión y naturalidad, como quien se levanta por las mañanas y mira qué tiempo hace desde la ventana y se pone los calcetines.
Caballero Bonald piensa que cada día desaparecen de forma alarmante palabras comunes que pasan a convertirse en arcaísmos.
Abro al azar El  camino y leo: Daniel, el Mochuelo, evocaba sus primeros pasos por la vida. Su padre emanaba un penetrante olor, era como un gigantesco queso, blando, blanco, pesadote. Pero, Daniel, el Mochuelo, se gozaba en aquel olor que impregnaba a su padre y que le inundaba a él, cuando, en las noches de invierno, frente a la chimenea, acariciándole, le contaba la historia de su nombre.
Ahora hojeo Las ratas  y a mi encuentro salen  un sol rojo y turgente como un globo,... una tibia calina que se fundía con el humo rastrero,... el alcotán palomero[...]agitando frenéticamente las alas,... telera, cascabeleo, poncho, chisquero de yesca, cayada, esquilas,... y tantas y tantas palabras, arcaísmos ya, que han perdido a su guardabosques.
Descanse en paz.

miércoles, 3 de marzo de 2010

CHILE

El grito, Edvard Munch

Nadie expresa mejor el horror como quien lo siente de verdad. Desde Puerto Natales, Hugo Vera en su blog inmaculada decepción escribe este relato, digo mejor, esta oración, esta elegía, sincera, emotiva, contenida, hermosa, trágica,... Desde aquí nuestro recuerdo y nuestra solidaridad.
Este infierno tan querido
Primero se cortó la luz. Inmediatamente después llegó el terremoto. Energía liberada. Terror. De repente te encuentras en manos de nadie. A merced de lo que estime venir. De pronto se te caen las paredes. Todo lo peligroso vuela por los aires. Un cuchillo atraviesa la garganta de una jubilada. Imposible sostenerse en pie. Te abandonas a tu suerte. A tu mala suerte. La tierra se abre y se cierra. El techo queda a la altura del piso. Los autos caen de las autopistas. Los edificios se derrumban. Gente llorando desnudas por las calles. Algo grave muy grave ha pasado. Es el primer minuto. Y no ha terminado. La tierra sigue temblando. Otro minuto. Todo sigue temblando. Cada vez más fuerte. Más fuerte. Ahora se siente más fuerte. Más que en el primer minuto. No da tregua. No se acaba nunca el segundo minuto. Ya nunca más acabará. No se acabará nunca. Comienza el tercer minuto y cada vez es más fuerte. Pánico. Muchísima gente ha partido a un lugar más apacible que éste. El viaje sin retorno. Muchos se fueron al primer minuto. Sepultada gente entre los escombros. Construyes una casa por tumba. Vas a la deriva. No hay luz no hay nada. Caminas ciego a ningún lugar. Todo se colisionó. Dejó de tener sentido. No hay comunicación, si alguna vez lo existió ya no. Todos los celulares callaron. Tierra arrasada. Peor que cualquier guerra. Una señora va en busca de su casa y encuentra una foto de la hija. Se da cuenta que allí estuvo su casa. Comenta que llegó por un sentido de orientación. Encuentra la foto de su hija pero no a su hija. Veo aquello por televisión y me pongo a llorar. Como nunca lloré en mi vida. Chile, que Dios se apiade de ti por los siglos de los siglos. Atravesaremos juntos el infierno. Este infierno tan querido. Mi país. Te quiero. Amén.
Ahora que las tragedias humanitarias son tantas que corremos el riesgo de banalizarlas y olvidarlas, no puedo dejar de recordar aquel poema atribuido falsamente a Beltolt Brecht pero que en realidad fue escrito por un pastor luterano, Martin Niemöller:
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los
comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
tampoco protesté,
porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme a mí,
no había nadie más que pudiera protestar

domingo, 28 de febrero de 2010

EL BOSQUE QUE NO DEJA VER EL ÁRBOL


Ahora que nos quejamos tanto del adormecimiento mental en el que parecen caer nuestros adolescentes no está de más recordar que no está brotando, cual habichuela mágica, una nueva estirpe social salida de la nada. Ya hacia el siglo I d.C. Petronio inicia su Satiricón (¡lo que escandalizaría hoy en día si se leyese, con lo mojigatos que nos hemos vuelto!) una amarga queja contra la educación de los jóvenes:
"Seguro estoy de que la razón del total embrutecimiento de estos jovencitos en la escuela es que nada de lo que allí oyen o ven les da una imagen real de la vida. Solo se trata allí de piratas emboscados con cadenas en las playas, de tiranos que obligan a la gente con sus edictos a decapitar a sus propios padres, de sentencias de oráculos que en epidemias ordenan inmolar tres o más vírgenes. Todo no es sino fraseología altisonante y dulzona. Todo, palabras y acciones, da la impresión de estar sazonado con adormidera y ajonjolí."

Más adelante leemos, ahora por boca de otro personaje:
"A fin de cuentas, no son los profesores los que tienen la culpa de estas prácticas pues están obligados a decir tonterías en medio de tantos imbéciles. Si sus lecciones no agradaran a estos chicos, 'se quedarían solos en sus conferencias', como decía Cicerón. [...] El maestro de elocuencia es como el pescador que, si no pone en su anzuelo el cebo deseado por los pececillos, permanecerá toda la vida sobre la escollera sin esperanzas de pescar nada.
¿Conclusión? Son los padres quienes deben ser reprobados, pues no quieren hacer educar a sus hijos con una disciplina severa."

Para los que no conozcan El Satiricón, les advierto de que no se trata de un libro sobre educación en valores ni mucho menos. Es la primera novela occidental, escrita en latín vulgar. Se considera el antecedente de la novela picaresca, irreverente, realista, plagada de referencias sexuales, escrita en un lenguaje a veces crudo y soez, inconclusa, sarcástica, despiadada, caótica y transgresora. Relato en el que se insertan otros relatos, el hilo que hilvana todas las historias es el deambular del protagonista, Encolpio, junto con su amante Gitón, en un periplo, aparentemente sin rumbo, que sirve al autor para retratar la sociedad de su tiempo. Por favor, no se la recomienden a sus alumnos, no la entenderían.

O sí. A veces pienso que no estaría de más aplicarme aquello de que la frondosidad del bosque ofusca los sentidos e impide ver los árboles. No todo serán estacas para quemar en la fabulosa pira de la ignorancia. No nos ha tocado vivir el peor de los escenarios educativos aunque es el que nos ha tocado vivir y nos duele. Miro a mi alrededor en las aulas donde doy clase y constato con preocupación que en 4º de la ESO hay alumnos que escriben "pos", "haiga", "ayí","mui", que no saben leer con soltura y a los que les resulta imposible desentrañar el contenido de un capítulo de Los pazos de Ulloa que no debería ofrecer tantas dificultades como ellos me muestran, abrumados porque no entienden. Pero a su lado hay otros que sí entienden. Solo ahora, ya tarde, caigo en la cuenta de que gran parte de mis alumnos de Literatura Universal de 2º de bachillerato (no son muchos, solo siete) no han mejorado su opinión con respecto a las grandes obras de las que hemos leído fragmentos. A propósito de Kafka, mencioné una anécdota de la vida del escritor checo que Jordi Sierra i Fabra recrea en una de sus imnumerable lecturas juveniles. De pronto, despertaron contentos de poder opinar sobre uno de los mejores escritores que conocen (y no me refiero a Kafka), incapaces de entender mi desprecio hacia sus artes literarias. Sin embargo, hace unos días, una alumna me dio las gracias porque está aprendiendo mucho en mis clases. Ahora, sin que yo se lo haya mandado, está leyendo Lolita de Nabokov. Otro se ha llevado de la biblioteca El guardián entre el centeno, eso sí,...para que lo lea su madre... por algo se empieza.

lunes, 1 de febrero de 2010

LAS CRISISES ME ATORMENTAN


Cuando leí en el examen de Pendientes de 2º de ESO que el plural de crisis era "crisises" y el de vejez "vejezes", que el pobre muchacho hubiera puesto como femenino de varón "varona" me pareció un fallo menor. ¡Y a mí, que nunca he dado clase ni en 1º ni en 2º de la ESO, me parecía que preguntar por la formación del femenino o del plural era lanzarlos en cohete hacia un sobresaliente seguro!
Pero que lo que está mal se puede empeorar lo comprobé cuando eché el ojo a un segundo examen y vuelvo a leer que el plural de crisis es, como no podía ser de otra manera,"crisises". ¡Dos de un golpe!, que diría El sastrecillo valiente.
Algunos docentes zanjarían el asunto desentendiéndose de él, es decir, echándole la culpa a otros: los maestros en la primaria, ¿qué enseñan?; los padres, ubi sunt?; las TIC´S, ¿realmente mejoran la capacidad de raciocinio?;o mejor, la culpa es de la tele, ese muñeco diabólico,...si no, ¿por qué Mercedes Milá ha pasado de ser una periodista profesional a convertirse en una cebolla histriónica y malhablada? (Quizás lo soñé, pero creo haberla visto disfrazada de cebolla, histriónica y malhablada ella).
Ya lo decía Daniel Pennac, sin añadir nada nuevo, en Mal de escuela: "Sí, al escuchar el zumbido de nuestra colmena pedagógica, en cuanto nos desalentamos, nuestra pasión nos impulsa primero a buscar culpables. El sistema educativo parece, por otra parte, estructurado para que cada cual pueda pueda designar cómodamente al suyo. LEER MÁS.
Cualquier persona sin estudios que no sepa lo que es un plural sabe, aunque no pueda explicarlo, que crisis no tiene plural. El aprendizaje de la lengua no es un fenómeno ajeno al desarrollo de la capacidad de pensar. Solo una persona que no piensa lo que dice puede decir crisises. ¡Qué más da como se ponga! me repite continuamente un alumno de 4º de ESO cada vez que leo lo que escribe y le señalo que cuando se empieza a escribir se pone mayúscula, que un texto se puntúa, que los nombres propios se escriben con mayúscula pero los nombres comunes, no. ¡Qué más da, ohhh! Y ahí está, a mi parecer, el hilo del que hay que tirar: hay alumnos que no quieren pensar, que les da igual.
Me pregunto qué responsabilidad tenemos nosotros, los docentes, en este deterioro intelectual. Porque no podemos olvidar que es mucho el tiempo que pasamos juntos, nosotros y ellos. ¡Te veo a ti más que a mi madre, profe! me dijo un día una alumna, abrumada porque le mandé hacer una redacción para la que necesitaba el testimonio de un familiar.
El fracaso escolar pesa como una losa y otros que nunca han estado en las aulas deciden por nosotros los planes de estudio y las nuevas estrategias educativas mientras consentimos en silencio, -rencorosos, abatidos o incombustibles- pero aislados en celdas mínimas como monjes medievales resignados a la suerte que les manda su Señor.
Pero esos muchachos que escriben lo que no son capaces de meditar -más ellos que ellas- son el futuro: son los padres, los profesionales, los dirigentes del mañana. Dice el gobierno que al no aumentar la tasa de natalidad tiene que retrasarse la edad de jubilación hasta los 68 años para que no peligren las pensiones. Si no hacemos oír nuestra voz en la decisiones que atañen a la educación, si no digerimos nuestra ración de culpa, no serán las pensiones lo único que puede peligrar. La historia ha dado ya suficientes muestras de la habilidad de los ignorantes para subirse al carro del poder.

sábado, 30 de enero de 2010

30 de ENERO,¿DÍA DE QUÉ?


Día Contra la Violencia de Género, Día Mundial para la Defensa del Medio Ambiente, Día de la Paz,... ¿Son campañas que consiguen algún objetivo de los que persiguen? Creo que en general, no. Por eso desconfío de ese tipo de celebraciones, a las que le viene bien aquello de "Pasó el día y pasó la romería" y esto otro de "A otra cosa, mariposa". Tras el reparto de carteles, pegatinas, lacitos y caramelos casi siempre queda un vago rumor que se atenúa a la vez que se activa de nuevo el mercandising del siguiente Día Mundial, porque después de un Día Mundial llega otro Día Mundial con la partida presupuestaria necesaria para celebrarlo. ¿Cuidan más el medio ambiente los que no lo hacían?, ¿Nos interesa consumir menos para contaminar menos?,¿El maltratador en ciernes recordará aquello de "Si te pega no te quiere" antes de levantar la mano?,¿Y la mujer, lo tendrá en cuenta?, ¿Será nuestro mundo más pacífico que hoy pasado mañana? Cuando en la plaza de alguna ciudad importante se lancen palomas al aire de las ondas televisivas, ¿cuántos pensarán Afganistán, Chad, Danfur, Irak, Sri Lanka, Chechenia, Palestina, Israel, ...?

viernes, 15 de enero de 2010

HAITÍ

Reuters
El terremoto de magnitud 7 que sacudió hace unos días Haití fue 35 veces más potente que la bomba atómica que desoló Hiroshima al final de la Segunda Guerra Mundial (en palabras de Roger Searle, profesor de Geofísica en la Universidade de Durham). Poco podemos hacer cuando el horror (sea este causado por el ser humano o por la Naturaleza) nos atrapa en sus redes de muerte y dolor. Pero ese poco que podemos hacer puede ayudar a muchas personas. Leo en la prensa la desesperación de los haitianos, impotentes ante su desgracia, incapaces de enterrar a sus muertos; ellos, los vivos, también muertos de alguna manera, víctimas de una muerte transitoria que permanecerá siempre, desesperados porque la ayuda internacional que existe, que se prevé generosa y que llega a Puerto Príncipe, no ha llegado aún, sin embargo, para paliar su dolor ni su rabia ni su hambre ni su sed. Las deterioradas infraestructuras, las personas que se agolpan en la frontera para abandonar el país, los cadáveres sin nombre abandonados al pairo, los vivos supervivientes, ... asistimos desolados a una pesadilla en la que aunque queremos correr no avanzamos. Haití, Hiroshima... todos los infiernos son el mismo. Sólo la solidaridad, aunque llegue tarde, los salvará: "Piensa globalmente, actúa localmente".
Del diario El País tomo este enlace con los números de cuenta de las distintas ONG'S con las que podemos colaborar.
Fragmento del poema Cero, de Pedro Salinas:Invitación al llanto. Esto es un llanto,
ojos, sin fin, llorando,
escombrera adelante,
por las ruinas de innumerables días. [...]
Ya encontré mi cadáver, el que lloro.
Cadáver de los muertos que vivían
salvados de sus cuerpos pasajeros.
Un gran silencio en el vacío oscuro,
un gran polvo de obras, triste incienso,
canto inaudito, funeral sin nadie.
Yo sólo le recuerdo, al impalpable,
al NO dicho a la muerte, sostenido
contra tiempo y marea: ése es el muerto.
Soy la sombra que busca en la escombrera.
Con sus siete dolores cada una
mil soledades vienen a mi encuentro.
Hay un crucificado que agoniza
en desolado Gólgota de escombros,
de su cruz separado, cara al cielo.
Como no tiene cruz parece un hombre.
Pero aúlla un perro, un infinito perro
—inmenso aullar nocturno ¿desde dónde?—,
voz clamante entre ruinas por su Dueño.

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