lunes, 16 de diciembre de 2013

#poema27




Me uno a la iniciativa de Toni Solano para inundar la red con los  versos de los poetas del 27 en el 86º aniversario de la creación de este grupo.  He utilizado la herramienta Fotobabble para ponerle voz (trémula y nocturna, para no molestar a los durmientes)  a un poema de Luis Cernuda, "Pregunta vieja, vieja respuesta", recogido en su poemario Desolación de la Quimera. La foto la hice la semana pasada, temprano, camino hacia el instituto. Es el río Eume con la niebla cortando el aire.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Magia potagia


Roca que observa a los aguillones desde la hermosa playa de Céltigos... o quizás sea la revés.  

     Nunca he pretendido hablar de política en este blog, así que no lo haré. En su lugar hablaré de algo parecido, la magia. ¡Ah! La magia, esa palabra tan polisémica y de pliegues y repliegues tan sugerentes. La magia nos envuelve en su manto de asombros. La magia del amor, la magia del fútbol, la magia del cine, la magia de la desnudez, la magia de la navidad, la magia de la primavera, la magia de una voz olvidada susurrando en nuestro oído después de tantos años, ... Pero, ¡ojo!, la magia, como la cara oculta de la luna, como el mordisco inesperado del cocodrilo en el pantano, como el humo en el monte, se despliega también en magia negra, en maleficio, en encantamiento destructivo. Que los dioses nos libren del inmenso poder de la maga Morgana, que los monstruos de la razón no se las tengan que ver con la voracidad lectora del sabio Frestón, ese tan grande enemigo nuestro.
   Hace ya tiempo que asistimos a un espectáculo de magia que no resulta deleitoso sino ciertamente inquietante, algo así como lo que sentía el narrador de Mario y el mago cuando observaba expectante el tira y afloja del siniestro Cipota.
   Observo en las imágenes el parloteo de esos hombres y mujeres que nos desgobiernan y pienso en qué cosa más bonita es la mentira bien dicha, la convincente, esa que decimos mirando a los ojos del enfermo terminal con el que hacemos planes para el invierno que viene, ya tan cercano en su decadencia de hojas muertas y cobrizas. A nuestros gobernantes  no debería encomendárseles la tarea de cuidar a un enfermo terminal. Carecen del encanto de la  magia en sus  mentiras. En seguida se les ve el doble fondo del vaso, el rabo de conejo debajo de la mesa, el mando a distancia levitando en el bolsillo, la bolita en el puño de la camisa, las cartas marcadas.
     No hay nada más  turbador que un mago incapaz. 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La lengua es el aire

     
Procedencia de la imagen
     En un lugar de la nube cuyo nombre no he retenido en mi cabeza hallé no hace mucho estas palabras atribuidas a ese gran cuentista llamado Gianni Rodari:
     "La lengua no es una materia separada de las demás que tenga límites bien precisos: aquí está la lengua y aquí está la geografía. Sin lengua no hay geografía, sin lengua no hay ciencia, sin la lengua no existe ninguna de aquellas que nosotros distinguimos, clasificamos y llamamos materias. No puedo hacer historia sin la lengua, no puedo hacer filosofía sin la lengua, no puedo hacer política sin la lengua, no puedo vivir sin la lengua. Nosotros estamos dentro de la lengua como el pez está dentro del agua, no como un nadador. El nadador puede tirarse en clavado y salir, pero el pez no, el pez tiene que estar adentro."
     La lengua es el aire. Pero es el aire que respiramos. Contaminado y sucio, unos pocos intentan preservarse de las partículas negativas y van por la vida con mascarilla, como esos chinos que cruzan presurosos las calles de Pekín con el temor constante de verse contagiados. Se encierran en sus casas como quien se encierra en un libro.
      La contaminación lingüística se cuela por todas las rendijas de lo cotidiano.
     Oigan sino el habla-rastrera de la tele-inmundicia.  Frente a ella, el registro vulgar propio de los estratos sociales más desfavorecidos de la sociedad es pura poesía. 
      Escuchen sino a los políticos que engordan con sus meteduras de pata  las carcajadas en las redes sociales. 
     Todo parece indicar que muchos  jóvenes han crecido a golpe de contaminación lingüística. Su universo está atrapado en una nube de palabras malsonantes y vacías como aletargada e impotente  se muestra la mariposa atraída hacia la tela de araña. 
      ¿Qué Protocolo de Kioto nos obligará a reducir las emisiones de significados contaminados?, ¿qué conciencia política  liberará a los significantes apresados  por el efecto invernadero?  
      Parece demostrado que a más contaminación, más pobreza; a  más temperatura, más desigualdad. Eso también vale para la lengua, porque la lengua es el aire. 



viernes, 13 de septiembre de 2013

Apunte rápido e indignado contra Wert

¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!
El ministro Wert, risas y desvíos, quiere que yo vaya a la huelga general convocada para el 24 de octubre. Intuyó mi apego al vil peculio y con sus ojos lindos y su boca roja ha lanzado las flechas de Eros, el cinto de Cipria, la rueca de Onfalia contra la comunidad educativa. Ha dicho que el nivel de discrepancia en España se puede considerar una fiesta de cumpleaños comparado con otros países¡Ay de quien sus mieles y frases recoja! Ahora sí que ya no tendré más remedio que acudir a la huelga porque a esta menda le corroe la indignación cuando oye a un petulante que desdenes rudos lanza bajo el ala.  Al oír las quejas de los profesores, ríe, ríe, ríe la divina Eulalia, porque sabe que no podemos hacer mucho. Con las huelgas se ahorrará un pastón; la calidad de la enseñanza mermará;  si, desanimados por la situación, nos relajamos en el trabajo, ostentará su gloria de triunfos mundanos afirmando que la educación concertada y privada son mejores. Como la labor callada y silenciada de los maestros en otra época tendremos que trabajar a pesar de la adversidad mientras él la enseñanza destroza con sus tersas manos. Pero aquí estoy, fuerte y dispuesta para la resistencia, no me intimida aunque sea  cruel y eterna su risa de oro. Que Rubén Darío me perdone. 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Bella, la cruel.

Bebé tibetano. Steve McCurry
     Acercar la literatura a los alumnos. He ahí el reto. Jornadas lectoras, marchas por la lectura, globos en el cielo para que los jóvenes lean, cien mil firmas en favor de la creatividad narrativa, huelga de hambre docente para animar a leer poesía. ¡Leed, leed, malditos! Leed todo lo que os hemos preparado para que no digáis que no. Lo hemos acercado tanto a vuestro pequeño mundo que no podéis decir que leer no os gusta: tramas sencillas y previsibles, narrador lineal, en primera persona para que os identifiquéis con él y con sus granos, narrador en tercera persona amigo de los buenos e implacable con los malos. Nosotros somos los buenos. Decimos tacos, eskribimos guay, estamos a punto de caer en la anorexia, pero esa amiga en la que no creíamos nos salva, exaltación de la amistad a tope. Estamos a punto de caer en las drogas, nuestro amigo muere, pero nosotros no. Nos violan, nos acosan en el instituto, asesinamos al profesor de matemáticas, venimos en patera, odiamos al inmigrante, queremos ser futbolistas, nos enamoramos del profesor de matemáticas, la protagonista se comunica con el fantasma de su padre asesinado a través de la tablet. ¡Qué fuerte, Dióooos, tía! Acompañamos al protagonista en su lucha contra el Mal. Sabemos dónde está el Mal porque solo con leer dos novelas de J.M. Latorre ya nos olemos que por donde pasa hay un hedor pútrido que siempre es el mismo. Y cuando el profe reparte el cuestionario de lectura siempre podemos decir que el libro me gustó porque es sencillo, no hay palabras que no se entiendan (bueno, hubo que busca "pútrido", que quiere decir "podrido, corrompido" según el buscador RAE del Samsung Galaxy que utilizo para copiar en los exámenes). También me gustó el libro porque al final todo se soluciona y la chica de la minifalda azul se lía con el neonazi que le rompió la cabeza al rumano en el primer capítulo. Al final, el rumano deja de robar por amor a la chica pero vuelve a su país (muy emotiva si despedida, ya la había leído en otros diez libros similares)  y el neonazi comprende, por amor a la chica (que nunca, nunca lo abandonó a pesar de los desplantes porque en el fondo sabía que era bueno), que todos somos iguales. Educación en valores.  Lo que más me gustó del libro fue que se lee rápido, no tiene palabras raras (de esas que usa la profe) y el final es feliz. Yo le pongo un 10 y se lo recomiendo a todo Dios.Objetivo cumplido. Un punto en la evaluación. Éxito total del comistrajo. Que la editorial nos envíe al  insigne creador de entre la legión de pipas, chalinas y melenas del mercantilismo literario para charlar con los alumnos e intercambiar impresiones.¿Cómo se te ocurrió la historia?, ¿has estado alguna vez en Rumanía? No, no ha estado jamás en Rumanía pero para perfilar al personaje, el artesano de las palabras ha usado la valiosa información de la Wikipedia. Además la historia se me ocurrió por casualidad una ventosa tarde otoñal en la que había visitado el caserón familiar allá en la aldea. Sabéis, chicos, en mi familia guardamos el secreto de una turbia historia,...Qué curioso. Muchos productores de literatura juvenil esconden una turbia historia familiar que les sirve de fuente de inspiración.

     ¿En serio creen que eso es acercar la literatura a los alumnos? Lo que yo creo es que el profesor que se queda en esa fase lo hace por alguna de estas razones:
a) No le gusta su trabajo.
b) No sabe, no contesta.
c) Cree que eso es justamente acercar la literatura a los alumnos.
d) No le gusta la literatura.

    ¿Por qué esa obsesión por meter con calzador ciento ochenta y tres páginas con portada, contraportada  y lomo en una mente que no lo desea? Un libro, aunque sea malo, es un libro, parecen pensar algunos. La absurda adoración del libro. Uno no se inicia en  la guitarra pretendiendo tocar un solo de Jimi Hendrix  pero tampoco se puede exigir que disfrute destrozando su sensibilidad con los acordes de Aserejé. Pues lo mismo para la literatura.

     De mi infancia lectora recuerdo los libros de lectura de Senda (Santillana). Dickens, Cervantes, Dostoievsky, Sánchez Ferlosio, Mark Twain, Jack London, ... Fragmentos de calidad literaria que permanecerán en la hipodermis de muchos. ¿Por qué renunciar a ello? ¿Por qué no acercar a los alumnos a la literatura, no a través de engendros pseudoleíbles y facilvendibles sino a través de fragmentos de buenas obras a las que, probablemente, muy pocos tendrán acceso en su vida?

     Yo les dejo aquí uno. Es de la novela de Mo Yan, Sorgo rojo. Dura,descriptiva, con constantes saltos temporales. Sorgo y sangre son palabras que se repiten hasta la asfixia. La violencia es extrema, los perros salvajes se comportan como humanos salvajes, la ternura amorosa se percibe vagamente en el ímpetu desbordado. La guerra, la muerte, el dolor, la maldad  son una forma de vida.

     Y de pronto, este fragmento anecdótico, hermoso y cruel:

                                                              BELLA, LA CRUEL
     Otra tormenta eléctrica  había estallado en esos días y la abuela vio un lugar en la plantación de sorgo, del tamaño de un mojón, donde las hojas estaban chamuscadas y quemadas: un punto de blancura cadavérica en medio del  verdor circundante. Sabía que allí había caído un rayo y recordó que el año anterior el rayo había matado a su amiga Bella, una chica de diecisiete años, friéndole literalmente el cabello y reduciendo a cenizas su ropa. En su espalda habían visto, dibujadas a fuego, unas figuras que, según decía la gente, eran la escritura de los renacuajos celestiales.
     Hubo rumores de que la avaricia de Bella le había costado la vida y había sido la causa de la muerte de un bebé abandonado. Nadie ahorraba los detalles espeluznantes al relatar que, de camino al mercado, la joven  oyó el llanto de un bebé cerca de la carretera. Se acercó a echar una mirada y cuando apartó las mantillas se encontró con un niño rosado, recién nacido, y con una nota que decía: “El padre tenía dieciocho años, la madre diecisiete, la luna brillaba en medio del cielo, las tres estrellas lucían al oeste del firmamento, cuando nació nuestro hijo Alegría del Camino. El padre ya se había casado con la Hermana Segunda Zhang, una muchacha  de la Aldea de Poniente, que no tenía pies vendados. La madre se casará con el Tuerto de la Aldea de Naciente. Nos destroza el corazón tener que abandonar a nuestro hijo recién nacido. Por el mentón del padre y por las mejillas de la madre no cesan de rodar las lágrimas, pero ahogamos nuestros sollozos para que nadie pueda oírnos. Alegría del Camino, Alegría del Camino, nuestra alegría en el camino, quienes te encuentren habrán de ser tus padres. Te hemos envuelto en una pieza de seda y hemos dejado veinte dólares de plata. Suplicamos al corazón tierno de quien pase por la carretera que aumente su karma salvando la vida preciosa de nuestro hijo”.
     La gente decía que Bella se quedó con la seda y los veinte dólares y abandonó al bebé en el campo de sorgo; por eso los cielos la castigaron enviándole un rayo mortífero. Como Bella había sido su mejor amiga, la abuela no había creído aquellos rumores, por supuesto; pero al reparar en los misterios trágicos de la vida, su corazón era presa del desconsuelo y la melancolía. 

miércoles, 26 de junio de 2013

Las aceitunas moradas o el triunfo de la vulgaridad


Demasiados vizcondes en demasiados lugares.


     Hay un libro que ustedes difícilmente encontrarán en las estanterías de los trending topic literarios. Se llama Impresiones de un hombre de buena fe (Espasa-Calpe) y es una recopilación de artículos periodísticos que Wenceslao Fernández Flórez publicó en ABC entre 1920 y 1936. Después, el olvido.  Y es que la lucidez y el ingenio provocan desconfianza a los mediocres y acritud entre los iguales. Y Fernández Flórez fue blanco fácil. No quería estar en el lugar adecuado en el momento justo. Y eso se paga con la ausencia. 
     Si los políticos portavoces (y menos portavoces) leyeran a Fernández Florez mejorarían su dicción, su sintaxis y su vocabulario. Y sus mentiras seguirían siendo mentiras pera daría gusto oírlas.
      Los demás leyendo a Fernández Florez comprobamos que la historia es cíclica, que estamos siempre "un pasito p'alante, María, un pasito p'atrás", que la vulgaridad triunfa, que nos queda el consuelo de la ironia, de la rabia, de la insumisión, pero nunca del silencio.

 ¡Alto, señor vizconde! Wenceslao Fernández Flórez.
     Hemos leído que el señor vizconde de Eza piensa retirarse de la política. Más de una vez hemos opuesto reparos a la capacidad del señor vizconde como gobernante. Entonces, el señor vizconde creía firmemente que no teníamos razón, y los periódicos a él afectos nos despellejaban con un ardimiento convencional. Bien ven los tales periódicos que han quedado en ridículo. El propio vizconde de Eza se inclina ahora a pensar como nosotros acerca de sí mismo, y se va.
     Pero he aquí una cosa inesperada para el señor vizconde Y para los periodistas que le elogian; he aquí que somos nosotros los que nos colocamos ante la puerta de salida con los brazos abiertos para impedir esa marcha.
     Espere usted, señor vizconde, y óiganos. ¿Adónde va? ¿Qué es lo que intenta usted hacer? ¿No comprende, desventurado, que precisamente es ésta la ocasión de quedarse, de atornillarse fuertemente a la política, de alcanzar las más elevadas ambiciones?
     Hasta ahora, ¿quién era usted? Usted era un político cualquiera, difuso y gris. No tenía ninguna grave culpa sobre sus espaldas. Ni aun la de haber sido ministro. Fue ministro porque otros hombres lo hicieron, y porque el país es así y tolera muchas cosas absurdas. Ser ministro no tiene importancia alguna. Cualquiera es ministro. Se pone uno el uniforme, jura en Palacio, entrega su fotografía a los periódicos, y ya está todo hecho. Muchos ministros son totalmente desconocidos Y no logran hacer carrera alguna. Llegan a los consejos de la Corona de una manera apacible y mecánica, o por consideraciones de relatividad. En España, las razones por las que muchos hombres alcanzan ese puesto son análogas a aquellas que impelieron al honorable y escrupuloso señor Vázquez a comerse la aceituna morada.
     El señor Vázquez, pequeño rentista, vivió siempre en fondas. En una de ellas, al sentarse a la mesa el primer día invirtió esos minutos que anteceden a la llegada de la sopa en contemplar el platillo de las aceitunas. Y vio algunas verdes y apetitosas y otras negras ya, envejecidas por una larga exhibición infructuosa, y otra que no estaba verde ni estaba negra, apenas un poco seca y un poco parda.
     El señor Vázquez se dijo:
     «Nunca comería esa aceituna.»
     Y devoró, día tras día, las aún jugosas. Hasta que no quedaron más que las francamente podridas Y la parda, que había llegado a adquirir un color morado. El señor Vázquez la encontró revolviendo en el platillo.
     «He aquí una que no está del todo averiada», pensó. Y la comió. Este suceso pequeñito contiene la enseñanza de por qué fue ministro el señor vizconde, que así se relaciona en el mundo lo gigantesco y lo microscópico. En los partidos españoles se han acabado las aceitunas jugosas. Y lo malo o lo sencillamente vulgar pasa a adquirir categoría de relatividad bondadosa.
     Es fácil ser ministro, pero no es fácil que ocurra una catástrofe mientras uno lo es. Las catástrofes no se producen todos los días ni aun en todos los meses. Se pueden perder las colonias una vez, pero no todos los años; se puede sufrir una trágica derrota un día, pero la imprevisión más refinada no logra que cada lunes o cada martes se hunda un ejército de veintitantos mil hombres.
     Y usted, señor vizconde, era ministro de la Guerra en julio último. Bien sabemos que no fue usted precisamente quien preparó las circunstancias, y que su responsabilidad no es, ni mucho menos, de las más sobresalientes. Pero no importa. El nombre de usted, por un azar, va unido a esa hecatombe. Lo mismo le ocurriría a cualquier otro ministro de los que figuraron, figuran o figurarán en ese departamento. Pero fue usted el que allí estaba. Y este favor singularísimo de la suerte es el que usted va a desdeñar ciegamente ahora.
     Señor vizconde, usted tiene a su porvenir político asegurado. Usted cuenta con un gran fracaso en su vida de gobernante, y esto vale mucho. Aquí no se asciende por méritos. Mire usted alrededor y díganos quién tiene algún mérito. Los industriales que no han sabido crear una industria, reciben la especial y creciente protección del Estado. Los generales que han perdido más batallas, sucumben bajo el peso de las grandes cruces. Los nombres de los políticos que han arruinado, disminuido y depauperado a España, son los de aquellos que aún siguen rigiéndola. En España, cuando cierta clase de funcionarios delinquen, se los traslada con un ascenso, y si son sencillamente tontos, se los traslada y se les da una encomienda. Un general que no haya perdido algunas batallas, un político que no sea responsable de algún terrible fracaso, no es nadie, no representa nada, y la suerte le vuelve desdeñosamente el rostro.
     Usted ha pasado a ser un hombre con el que es preciso contar. Usted puede llegar a hacer ministros, a presidir el Consejo, a manejar el país, a tener un partido propio. Si usted se va, tira todo esto por la ventana y rompe una larga costumbre amada por los políticos y por la nación. Si los hombres fracasados se marchan, ¿quién nos gobierna?
     Verdad es que usted asegura que se irá «poco a poco», como un ser que se hundiese en arenas movedizas. Irán sumiéndose sus largas piernas, su tronco, su alto cuello almidonado...; al fin, no se verá sobre la superficie más que una pálida mano diciendo adiós. En todo esto se tarda mucho, y usted tendrá tiempo de meditar acerca de este buen consejo. Mientras tanto, a la orilla de ese abismo que le va tragando a usted lentamente estamos nosotros, agarrados a los faldones de su chaqué, tirando fuertemente de ellos, con los pies bien ahincados, rogándole:
     -Salga usted, señor vizconde; aún es tiempo. Usted llegará, como han llegado otros. Usted es un elegido. Mire que catástrofes así no las pillan siempre los políticos para abrirse camino. Salga, hombre ingenuo, que no conoce usted su propia patria.
                                                                                                   3 de noviembre de 1921.

lunes, 7 de enero de 2013

Arquitecturas, literaturas y docencias.


Óscar Niemeyer visto por Walter Toscano.
Palabras del maestro: "Si uno se preocupa solo por la función, el resultado es una mierda"
El 5 de diciembre de 2012 fallecía a los 104 años de edad Óscar Niemeyer, el arquitecto que no podía estar parado, el pesimista que creía que el tiempo cósmico es tan corto  "que uno tiene que mirar al cielo y darse cuenta de que es pequeñito, de que hay que ser modesto, de que nada es importante".
El constructor de Brasilia protagoniza un interesante documental,  La vida es un soplo,  en el que expone sus ideas sobre la función de la arquitectura: "La arquitectura es algo que tiene cierta fantasía, igual que la poesía". Considera Niemeyer que en la arquitectura el factor sorpresa es muy importante, la belleza es importante. La capacidad de sorprenderse ante algo bello es fundamental y no tiene por qué contraponerse a la función para la que está destinado el edificio. Me gustan los edificios de Niemeyer, ese choque con la naturaleza y a la vez esa integración en ella. El ojo humano debe acostumbrarse a su presencia. Su creador es un artista consciente de querer alumbrar una obra de arte, no es un mero burócrata que piensa exclusivamente en la utilidad de su obra.  Está claro que la inspiración no puede hacernos perder la cabeza. De nada serviría el más bello y grandioso hospital sin rampas o quirófanos cómodos y bien iluminados (o un aeropuerto en el que un escaso espacio de giro impida aterrizar a los aviones). Pero he comprobado que la belleza influye en el estado de ánimo, al igual que un aroma o una sonrisa.

Si observamos las edificaciones de muchas ciudades comprobamos que algunos arquitectos se han preocupado exclusivamente por la función. Rectangulares cajitas de cerillas, aceradas cajas de zapatos, indigestas cajas de galletas, contundentes cajones de hormigón armado lanzados  al tiempo cósmico con la única finalidad de servir de parapeto, de cubículo en ciudad dormitorio. El resultado es una paradoja: adormecen y perturban, agitan el ánima y la vuelven indolente. Por eso muchos buscan el locus amoenus, el lugar agradable, fuera de ciudad, tan cargada, por otra parte, de estímulos y extraversiones. ¡Lo que puede llegar a conseguir un burócrata del cemento, un urbanista sin imaginación, un técnico sin capacidad para sorprender!

Sustituyamos ahora al arquitecto por el escritor, pensemos en la construcción de una novela. Imaginemos también un aula  llena de alumnos observando al profesor ...¿Podríamos extrapolar la reflexión?, ¿nos valdría la reflexión de Niemeyer?: "Si uno se preocupa solo por la función, el resultado es una mierda"

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