lunes, 24 de diciembre de 2012

Alguien pasa de largo y no quisiera ser yo


Del fotógrafo Javier Bauluz
     Esas manos son un rostro. Y no solo porque su autor haya hecho la fotografía intentando reflejar un rostro. Se requiere el  esfuerzo de ajustar encima de la nariz los ojos de ver la realidad con otros ojos. Solo así veremos un rostro, con nariz, boca, orejas, arrugas, ojos y sonrisa. Unos ojos que habrían querido levantarse todas las mañanas y ver las colinas de su aldea, las farolas de su ciudad, oír la cafetera familiar en la cocina, esperar estoicamente en la cola del pan con la desidia del que sabe que regresará a casa con sus manos y con sus ojos intactos. Esos ojos no vienen a quitarse las patas de gallo en nuestra sanidad pública. Son manos, ojos, orejas, uñas, voces  que se aferran a la incierta esperanza de una vida digna. "A vida é um mal digno de ser gozado" en este mundo que "nao é verdadeiro mas é real" me ha susurrado Pessoa a través  del humo de su copa de Macieira. Pero  la literatura, el arte, a pesar de sus verdades, de su denuncia, de su conciencia, de su incomodidad, no pueden evitar que a muchas manos los zapatos se les llenen de piedritas que hacen más difícil el camino. Aunque sean otros los que se quejen.
     Esas manos, ese rostro, están cargadas de desolación, son un nudo en el estómago en una fotografía artística. Es la denuncia de un mundo insolidario que no ha reparado, por ejemplo, en las últimas noticias que encharcan los diarios, las que aparecen ahogadas por las decisiones de los entrenadores, el precio del marisco y las mentiras de los torpes gobernantes. Esas que hablan de hambre, de carencias, de violaciones, de atropellos a los derechos fundamentales, de guerras a las que torcemos la cara. Por eso huyen hacia nosotros buscando el cobijo que no les damos. No vienen a quitarnos el pan.
     Eduardo Galeano, en su Libro de los abrazos,  se pregunta cómo el poeta Juan Gelman ha sido capaz de sobreponerse a la muerte de su hijo Marcelo, asesinado por los militares argentinos. Al final concluye: "Si Dios existe, ¿por qué pasa de largo? ¿No será ateo Dios?" No, no estoy de acuerdo con Galeano. Yo creo que si Dios fuese ateo no pasaría de largo.
                                   Más de 40.000 muertos en Siria en una guerra sin dios, a 24 de diciembre de 2012.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Casa con fantasma


Casa con fantasmas en medio del bullicio urbano de un pequeño pueblo industrial. Casi nadie repara ya en la "Casa Encantada". Los fantasmas se lamentan de su abandono pero, como no se ven, nadie  escucha sus quejas desconsoladas. Nada hay más funesto para un fantasma que el olvido y la indiferencia.

Hace tiempo envié un relato a La voz de Galicia. Se llamaba "Casa con pantasma" y lo escribí originariamente en gallego. Casualmente lo he encontrado en la red, en la hemeroteca de ese periódico, aunque no se menciona mi nombre. Por lo que leo al pie de página en el diario, yo ya no debo de ser la dueña de mis palabras. Pero me voy a permitir traducirlo al castellano:

    No lo podía creer. Pero el anuncio estaba allí, delante de sus ojos, en la página 34 del  periódico que llevaba cinco años recibiendo ininterrumpidamente. “Se alquila casa con fantasma. Excelentes vistas. Rúa do Tempo, s/n. 400 euros al mes”. Se añadía un número de teléfono en el que un tal Román informaría con más detalle a quien pudiera estar interesado. Él, desde luego, no. ¿Casa con fantasma? ¿Acaso alguien querría vivir en un sitio así? Hay locos para todos los gustos. ¿Y quien sería ese tal Román que pretendía aprovecharse del miedo ajeno cobrando 400 euros al mes? “¡Menudo robo!", pensó, "aunque es cierto que yo poco entiendo de alquileres”. Llevaba algunos años viviendo en aquella casa sin pagar un duro, si bien es cierto que el dinero no era un problema para él. Además, no era el precio de la vivienda lo que le preocupaba. ¿Cómo sabía el tal Román que en la casa había un fantasma? Tendría que probarlo y no era nada fácil. Uno no puede llegar a una casa e invocar así por las  buenas a los fantasmas que allí habiten. Se supone que los fantasmas aparecen en los momentos más inesperados para provocar verdadero pánico entre la gente. Cuánto más efectivo no será hacer levitar los platos de la vajilla por toda a casa y  dejarlos caer finalmente en el aseo, ante la mirada espantada del inquilino,  no durante una oscura noche de relámpagos y truenos, no, sino en el silencio placentero de un hermoso atardecer de verano, con la penetrante fragancia amarilla de los limoneros entrando por las ventanas abiertas... Decididamente, solo un gracioso contestaría a ese anuncio, eso sí, sin intención de alquilar la casa, solo por llamar y  hablar con el  tal Román  para preguntarle si el  fantasma es joven o viejo y si aparecería decapitado, con la cabeza bajo el brazo, haciendo crujir las cadenas, y si podría mandar a través de él un mensaje a un pariente que se ahorcó y que no debe de tener  descanso para su alma atribulada. O quizás se sentiría interesado uno  de esos tipos raros, a los que les gusta el color negro, no solo para la ropa sino  también para pintar las uñas y  la raya de los ojos y  los labios, causando más pavor que el propio fantasma e incluso al propio fantasma.
     Por eso, cuando aquella deliciosa mañana de primavera vio desde el desván como un coche aparcaba en el jardín, y  bajaban de él  dos hombres, un cincuentón gordo de bigote y un joven  alto y de pelo rizado, aventuró “el de bigote debe de ser el tal Román”. Pero quedó de piedra cuando vislumbró en la parte trasera a una hermosa mujer rubia con un bebé en los brazos y a una niña que se apeaba del vehículo mirando hacia la ventana. “Vaya", pensó, "no sé como le afectará al desarrollo psicomotriz de la chiquilla mi  numerito de la vajilla”.

sábado, 27 de octubre de 2012

Pienso en magenta

No es nube todo lo que reluce
 Pienso en magenta. Pienso en lo bien que quedaría mezclar magenta y una pizca de amarillo cadmio para lograr un color que envuelva en el ensueño este amanecer nebuloso por el que corren eucaliptos y cables y casas aún dormidas y coches que adelantan en línea continua para desviarse en el primer cruce a la derecha. Eucaliptos en verde vejiga y azul prusia con un toque de esmeralda mientras Jeff Tweedy entona Everlasting Everything por esa carretera con una eternidad de humos al fondo. Violeta titán y blanco para las nubes y texto de Benito Feijoo para 2º de bachillerato. El monje en una celda defendiendo a las mujeres y avisando de la tiranía de las modas en el siglo XVIII, la modernidad tal lejana. Por la tarde, tender la ropa, recoger a las niñas del cole, llevarlas a clase de  inglés, a ver si no llueve, escarcha sobre la hierba comprobada empíricamente al hacer la foto, en ella no se aprecian los arces, otra vez rojo magenta, esta vez con mucho amarillo para  resaltar las hojas anaranjadas y rojas, esa delicia del otoño, esos colores que pasan mientras suena Deeper Down, examen de 1º de bachillerato con un texto del programa Callejeros para el comentario diastrático, quizás difícil para ellos, ahora es tarde para cambiarlo, atrás quedan las casas grises entre la bruma con el Forgoselo al fondo, tierra siena y verde cinabrio, ramas de los arces con un pincel muy fino, del número dos. Metáforas para 1º de ESO, los ojos son ventanas, el humo de la central térmica es una nube, niebla que se posa en lejanía como un velo turbio es un símil, los ojos aletargados como ventanas también, verso enigmático. Ventanas abiertas al relente de la noche es pura poesía. Eso es lo que pienso cuando pienso en magenta, cuando pienso en verde cobalto para el musgo vagamente lactescente de los abedules. Para la bofetada gris del asfalto no olvidar mezclar también un poco de rojo. Releer a Stefan Sweig, sus memorias, antídoto contra la soberbia. Descubrir a Herta Müller, no esperes que te lo dé todo hecho, la literatura no es un camino fácil, pensar cuesta y duele pero es necesario, ya lo decía Feijoo (el otro, el pensador, el reformista utópico). Aclarar en el examen que ar keli es 'a  casa' y fumar una platilla es 'fumar heroína'. Cómo nos hemos dejado llevar a un callejón sin salida, la poesía urbana, el progreso que no era, la modernidad de otros, el batacazo contra el asfalto, la bofetada del humo.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Leer adelgaza pero ensancha

De la ilustradora Claudia Bettinardi. Marcovaldo encuentra setas en la ciudad. Del gran Italo Calvino. Apto para todas las edades, incluso para los adolescentes. De como el choque entre los sueños y la realidad puede arrancar una sonrisa.

Ahora me entero de que leer las etiquetas de los alimentos adelgaza . Así que aquello de que la  lectura es alimento del alma  no era pura poesía sin  base científica. Basta con leer para mantener la figura. Y si nos fijamos bien, esto ya estaba en El Quijote porque el de la Triste Figura debe la suya al mucho leer y poco comer. Claro que muchos pueden decir que mientras uno lee no come, pero es que yo, como diría Henry Miller, "Si tuviera que elegir entre un chuletón de ternera y Jean Giono, me quedaría con Jean Giono". ¡! Bueno, he de confesar que Henry Miller no lo dijo exactamente así, pero yo quería aprovechar para recomendarles la lectura de El húsar en el tejado.
Tengo una vecina cubana que, aun sin estudios ni aficiones lectoras conocidos, debe de haber leído bastantes etiquetas.  Lleva diez años viviendo aquí y, cuando coincidimos con nuestras hijas de la misma edad, me cuenta sus tribulaciones del día a día: las dificultades para encontrar trabajo estable, el malabarismo diario de ocuparse  sola de  sus tres hijos. Hoy hemos hablado "del que dirán" en los pueblos pequeños. Porque vivimos, para que ustedes se hagan una idea, en el Yonville-l'Abbaye de Flaubert, pero con mar. Ella, con la contención del que teme ofender pero con la seguridad que da la confianza en el receptor, me hablaba de la mentalidad cerril (en realidad, no usó esa palabra) que observa diariamente en ciertas personas. Con amargura contenida, reivindicaba su espíritu extrovertido, su carácter espontáneo  y confiado, su alegría de vivir de forma responsable pero sin los corsés de unos prejuicios hipócritas.  Y yo la instaba a huir de la necedad de los que no han salido de su ombligo, oponía su sangre caliente del Caribe a las seseras calenturientas absorbidas por el tedio y la envidia. De pronto me dice: "Oye, yo no sabía que tú tenías una mente tan abierta. Pero claro, es normal, con los libros que lees". Es que leer, además de adelgazar, ensancha. Y de eso se da cuenta cualquiera.

lunes, 23 de abril de 2012

Día del Libro recordando a Dickens

No, Stefan Sweig no habla ni de un futbolista guaperas, ni del cantante melódico de turno ni de la avispada escritora que ha encontrado un filón de oro hilvanando simplezas con sobresaltos. No, Sweig habla de cosas que ya no pasan en el siglo XXI, ¡hasta ahí podíamos llegar!:

“La popularidad de este autor no ha tenido parangón  en ninguna época: si no aumentó en el curso de los años fue simplemente porque la pasión llegó al límite de lo posible. Cuando Dickens  se decidió a leer en público, cuando apareció por primera vez cara a  cara ante sus lectores, Inglaterra fue presa del delirio. La gente asaltó la sala, la llenó hasta los topes, algunos entusiastas se colgaron de los pilares, otros se arrastraron bajo la tribuna, solo para poder oír al adorado escritor. En Estados Unidos la gente durmió sobre colchones extendidos ante la taquilla las noches más rigorosas del invierno  y los camareros le traían comida de los restaurantes cercanos, pero la aglomeración fue imparable  Todas las salas  resultaban demasiado pequeñas y finalmente se tuvo que acondicionar una iglesia de Brooklyn como sala de conferencias para el escritor. Desde el púlpito leyó las aventuras de Oliver Twist y las historias de la pequeña Nell.  Su fama no era  fruto de una moda pasajera; arrinconó a Walter Scott, durante toda su vida hizo sombra al genio de Thackeray, y, cuando la llama se extinguió, a la muerte de Dickens, el mundo inglés entero se resquebrajó. Gentes desconocidas comentaban entre sí la noticia en la calle, la consternación de apoderó de Londres como después de una batalla perdida. Lo enterraron en la abadía de Westminster, el panteón de Inglaterra, entre Shakespeare y Fielding; miles de ciudadanos se agolparon ante su sencilla sepultura, que permaneció durante días inundada de flores y coronas.”

 Stefan Sweig: Tres maestros (Balzac, Dickens, Dostoievsky) Acantilado.

martes, 17 de abril de 2012

Ismaíl Kadaré , 1º de ESO y la chica que se casó con una serpiente

Ilustración de Ana Juan
Ismaíl Kadaré es un escritor albanés que me gusta mucho.
En sus novelas reflexiona con frecuencia sobre los acontecimientos históricos que han afectado a su país. Para ello, y sirviéndose de un cuidado lenguaje poético, sitúa con frecuencia a sus personajes en ambientes  irreales y oníricos que sorprenden al lector.  Una delicatessen  no apta para el paladar betsellista. Pero sí para mis alumnos de 1º de ESO.
En Frías flores de marzo  se incluye una hermosa y trágica leyenda protagonizada por una muchacha que, para expiar la culpa familiar, debe desposarse con una serpiente. La primera vez que la leí entendí que tendría que adaptarla o recortarla (procurando no hacerle mucho daño) para leerla en clase. Los de 1º de ESO han resultado ser especialmente receptivos a la lectura. Para ellos podé la historia de Kadaré cortando las ramas más altas, aquellas que coquetean con la lúcida reflexión, y me quedé con la silueta del árbol, que refleja lo que es sin mostrarlo completamente. Sólo puedo decirles que no respiraron mientras escuchaban la historia. Eso sí, no les gustó el final. Pero se están acostumbrando a la buena literatura.

La muchacha que se casó con la serpiente:
Extrañamente, nadie recordaba la culpa en que había incurrido la familia o el clan de la muchacha. La terrible falta que sólo podía ser lavada con su sacrificio.
Cuando su padre la había llamado a la sala de los huéspedes para hablarle, ella había esperado cabizbaja la condena. Es severa, le había advertido el padre por segunda vez: cualquiera que sea, yo obedeceré padre. Había tomado la decisión de obedecer aunque se tratara de encerrarse en un convento, de casarse con un nonagenario, incluso de lo más aterrador: ser emparedada en los pilares del nuevo puente.
Estaba resuelta... Y sin embargo, cuando oyó pronunciar la sentencia se puso pálida como la cera. ¿Qué es lo que has dicho, padre? ¿Que debo desposarme con una serpiente? La esperanza de que hubiera oído mal se disipó al instante. En efecto, debía casarse realmente con una serpiente. No con un hombre al que hubieran adjudicado ese apelativo a causa de su felonía, de su aspecto o quién sabe qué otro motivo, sino con una verdadera serpiente.
Se llevaron a cabo pues las nupcias de acuerdo con los ritos, con la sola diferencia de que no fue la esposa quien hubo de trasladarse a casa del novio, sino el esposo quien fue conducido a la casa de la novia. Lo llevaron metido en una cesta colocada a lomos de un caballo. La noche cayó y la joven desposada, a la que ahora llamaban “la mujer de la serpiente”, fue conducida a la estancia nupcial donde él la esperaba.
Nadie en toda la aldea consiguió pegar ojo. Todo el mundo esperaba oír el grito de la desgracia. El de la novia mordida por su esposo. El grito de la familia que acababa de encontrar a la muchacha muerta.
Pero la noche trascurrió apaciblemente y de idéntico modo se levantó la aurora. Todos pudieron ver a la novia con aspecto adorable, exhibiendo aún en las mejillas y en el cabello las huellas de los afeites del día anterior, yendo y viniendo por la casa radiante de gozo. Sin lugar a dudas se había vuelto loca. SEGUIR LEYENDO

Ismaíl Kadaré, Frías flores de marzo (Alianza Literaria, traducido  del albanés por Ramón Sánchez Lizarralde).

viernes, 13 de abril de 2012

Meditaciones a medianoche



Si llueve saldremos a la lluvia
No, no es que haya abandonado la vida bloguera. La verdad es que ya no paro mucho por aquí porque he vuelto a pintar. Viendo todos los días el paisaje de la foto desde la ventana era previsible que los viejos pinceles (esos que tiritaban bajo el polvo como los cuchillos de Lorca) desempolvasen las telarañas de sus pelos de petit gris y tomasen la iniciativa de incorporarse de nuevo al universo de las sensaciones, siempre plagado de gratos obstáculos que vencer. Aunque he de decirles que no me mueve el vil peculio como a Damien Hirst (¿seremos el hazmerreír de la galaxia cuando alguien  - el niño del cuento "El traje nuevo del emperador", por ejemplo-  repare en que el soberbio mundo del arte contemporáneo  admira una obra llamada Mil años consistente en una gran caja transparente con gusanos y cientos de moscas revoloteando en torno a la sangrante cabeza de una vaca? ¡No lleva nada. Pero si no lleva nada! empezará a gritar el niño del cuento ante la narcotizada turba ). Es que soy muy ignorante, dirán los entendidos. Yo, que me formé tarareando el Aqualung de Jethro Tull mientras pegaba en las carpetas del instituto  láminas de Van Gogh, Modigliani, Klee y Millet,  no logro captar la magistral irreverencia de La alfombra de pipas de porcelana de Ai Weiwei en la Tate Modern. ¡Con lo que ha costado! Y me veo ya muy vieja y muy pelleja  para apreciar las sugestivas y conceptuales telas plateadas de Jacob Kassay (si tuviera óleos con sedimentos de plata, con quevedesca intención susurraría "si fueran plata los pigmentos, vacío su bote fuera, y, diligentes,mis dedos los pelaran por vendellos").


jueves, 23 de febrero de 2012

Paisaje con granos de odio



Caín matando  a Abel. Grabado de Alberto Durero
Me ha impresionado el titular de la noticia: Homs se desangra a la vista del mundo. La imagen que antecede al texto es sobrecogedora: un padre herido abraza a su hijo muerto, demasiado pequeño para haber vislumbrado la fatalidad de su destino. Es uno entre tantos que ya no soplarán una vela por su cumpleaños. La vela de su vida ha sido arrebatada por un soplo de odio. El mismo con el que se cruzaron la periodista  Marie Colvin y  el  fotógrafo Remi Ochlik. Y tantos otros que sabían que debían estar allí, justamente para eso, para que el mundo sepa que lugares como Homs se desangran a la vista del mundo. Y es que el odio, como decía Wislawa Szimborska, no es como los otros sentimientos. Hay sentimientos que nos llevan a creer que la lucha por la vida tiene un sentido: la valentía de los que son capaces de dejar el calor del hogar para dar testimonio del padecimiento de los que no pueden sentarse al calor del hogar; la rabia de los que no se arredran ante la injusticia y sueñan con mejorar el mundo aun a costa de su vida;  la generosidad de los que ofrecen agua y aliento incluso a su enemigo;  la humildad de los que saben que no somos más que un grano de arena en un universo imperfecto. Otros sentimientos nos revelan que el imperfecto no es el universo sino su habitante más imperfecto: la petulancia del que piensa que eso aquí no puede pasar; la necedad del que no sabe no contesta; la indolencia del que no conoce más sufrimiento que su propia apatía personal; la insensatez del que sigue descorchando champán para que siga la fiesta.

Pero el odio:
Ved cuán activo está
y qué bien se conserva
el odio en nuestro siglo.
Con que ligereza salva obstáculos,
y que fácil le resulta saltar sobre su presa.
No es como los otros sentimientos.
Más viejo y, a la vez, más joven.
Por sí mismo genera la causa
de su despertar a la vida.
Duerme a veces, pero jamás con un  sueño eterno.
Y el insomnio no le resta fuerzas, se las da.
Buenas son las religiones,
con tal de estar en la línea de salida.
Buenas son las patrias,
con tal de lanzarse a la carrera.
Al principio, incluso la justicia funciona.
Después correrá solo.
El odio. El odio.
La faz se le retuerce en una mueca
de amoroso éxtasis.
¡Qué anemia y apatía
la de los otros sentimientos!
¿Desde cuando la fraternidad
arrastra multitudes?
¿Ha llegado alguna vez  la compasión
primera a la meta?
¿A cuántos voluntarios seduce la duda?
El odio sí seduce,¡y cómo!, es perro viejo.
Avispado, listo, trabajador.
¡Cuántos cantares ha compuesto!
¡Cuántas páginas de la historia ha numerado!
¡Cuántas alfombras humanas ha desplegado,
en cuántas plazas, en cuántos estadios!
No nos engañemos:
sabe crear belleza.
Espléndidos son sus incendios en la negra noche.
Soberbias las humaredas de sus explosiones al alba.
Imposible negar el patetismo de sus ruinas
 ni el humor chabacano 
de la única columna que queda en pie.
Es  maestro del contraste
entre silencio y estruendo,
entre sangre roja y nieve blanca.
Y nunca jamás se cansa
del leivmotiv del verdugo pulcro
sobre la inmunda víctima.
Siempre dispuesto a nuevas tareas.
Si es necesario esperar, espera.
Dicen que es ciego. ¿Ciego?
Tiene los ojos de lince del francotirador 
y mira el futuro con denuedo.
Él, solo él. 
Wislawa Szimborska: de Paisaje con grano de arena. Editorial Lumen.





lunes, 13 de febrero de 2012

Ahora soy pobre


Del fotógrafo británico Lee Jeffries
"Y ahora soy pobre". Estas palabras estuvieron dando vueltas por mi cabeza durante todo el día, errantes y vagabundas, sin hallar lugar donde guarecerse. Y es que hace frío, también en mi cabeza. Por la noche se acurrucaron en un resquicio, cerca del ojo, al lado de unos versos de Wislawa Szimborska ("Escucha/en mí late, desbocado, tu corazón").
"Y ahora soy pobre". Ella, una mujer rumana en las Noticias. Apenas veinte segundos de fama para ilustrar los estragos que la ola de frío causa  en los más desfavorecidos,  los que carecen de hogar, los sin techo. Sin techo, sin trabajo, sin familia, sin patria,  pero con manta. "Antes tenía dos mantas" -mira con fijeza a la cámara, como los mendigos de Lee Jeffries- pero me robaron una. Y ahora soy pobre."
A eso llamo yo dar una buena lección. Ahora que, como el hombre que comía altramuces, nos toca llorar lo que hemos derrochado.
Y es que una manta cuando el frío acuchilla el alma es la mayor riqueza. Como el agua en el desierto, el pan de horno que sabe a pan, los zapatos que no hacen rozaduras, el paraguas con todas las varillas intactas, el lápiz con punta, el jarabe aunque sepa mal, la comida en la mesa a mediodía,la leña en la chimenea, el colchón con muelles, la  habitación sin grietas, el edificio con ascensor, el autobús que lleva a la escuela, las farolas en la calle, la rueda sin pinchazos, las instrucciones legibles, la mano que impide la caída, la voz que saluda, la palmada que anima, la foto de los que ya no están, el regreso tras un largo viaje, el agua, el pan, los zapatos,el techo, ...la manta.

sábado, 4 de febrero de 2012



Dormir a pierna suelta no es lo mismo que estar en la luna
 Los sábados Hashîm y yo

arreglamos el mundo:

aislamos a un dictador, lo amordazamos,

ponemos voz a los sin nombre,

repartimos las ganancias y el agua

también entre los invisibles que no salen en la foto.


Hoy precisamente es sábado.

Dos bajo cero

la nariz congelada

sobre la cálida sonrisa

recordando las montañas de Azilal.

No podemos nada contra el frío

Dios dispone -a mí, a la descreída, me habla de Dios-

pero los dos estamos contentos

ninguna bomba mudará la pierna suelta en pesadilla

-por ahora-.


Los sábados arreglamos el mundo

pero, luego, entre semana,

alguien nos lo desbarata

y el dictador desoye sin horror a sus cadáveres

desde las cuencas pétreas de su delirio

mientras uno que tiene una bomba

no soporta ver la bomba en el ojo ajeno.

Los invisibles,

¿se quejan?, ¿estudian con mis hijos?

¿su transparencia es contagiosa?

¿me costarán dinero?

La bomba,

¿caerá lejos? ¿la tienen ellos o nosotros?

Ls guerras, por la tele, no huelen.

Ni hablemos entonces del dolor.

No cayendo aquí me da igual.


Con gente así,

- Hashîm  está de acuerdo conmigo-

no hay manera de arreglar el mundo.

Te puede interesar también...

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...