miércoles, 23 de diciembre de 2009

IN VINO VERITAS O NON VERITAS?

Fragmento de Baile de labriegos, de Pieter Bruegel, el Viejo (h.1525-1569)

Ahora que se acercan fechas de excesos, descanso y trasiego la Dirección General de Tráfico advierte una vez más de los peligros de conducir con unas cuantas copas al volante. Sin duda, su campaña es necesaria, aunque haya quien critique la contundencia del mensaje.
Que los vapores etílicos empañan más que apañan lo tenía claro Juan Ruiz cuando, por boca de Don Amor, lanza esta invectiva contra el vino:

La vista debilita, disminuye la vida,
piérdese fuerza toda al beber sin medida;
hace temblar los miembros, todo seso se olvida
es, con el mucho vino, toda cosa perdida.

Hace oler el aliento, repugnante basura,
huele muy mal la boca, no hay para eso cura;
abrasa las entrañas, el hígado tritura,
¡si quieres amar dueñas, de beber vino abjura!
CONTINÚA...

Pero como tampoco se trata de pasar los días de asueto abrazados al volante, y como bien dice el refrán "Al buen vino, buena cara" (... ¿o no era así?) os dejo con estos versos compuestos en la Edad Media por los goliardos, a saber, clérigos cultos y vagabundos aficionados al vino, a las mujeres y a la poesía y que alaban de esta manera la tradicional ambrosía:

El vino del buen sabor
bebe el abad y el prior;
del peor, con descontento,
bebe el convento.
Salve, dichosa creatura,
licor de las puras vides;

no hay comida sin dulzura,
tú si presides.

Feliz el pecho que irrigas,
y felices las barrigas.
Beatas las lenguas que tocas,
beatas las bocas.
CONTINÚA...

¡FELICES FIESTAS!

miércoles, 16 de diciembre de 2009

HOMENAJE AL 27

Me entero, a través del blog Re(paso) de Lengua, de que hoy se cumplen 82 años del famoso homenaje que dio nombre a la Generación del 27: un grupo de artistas - no solo poetas- se reunieron tal día como hoy en el Ateneo de Sevilla para conmemorar el Tercer Centenario de la muerte de un oscuro poeta casi olvidado a la sazón llamado Luis de Góngora. Los poetas del 27 admiraban en Góngora la audacia de sus metáforas y lo vieron como un precursor de la poesía pura. Toni Solano, desde su blog, nos propone celebrar este evento publicando en nuestros blogs un poema de algún poeta de esta generación.
He elegido dos poemas y un dibujo de Federico García Lorca. Los dos poemas son amorosos. Uno, un soneto del poemario Sonetos del Amor Oscuro, muy gongorino, correcto técnicamente pero más forzado - el poeta indagando en el estilo y la métrica-; otro, de Diván del Tamarit más sincero, más musical, más lorquiano.

SONETO GONGORINO EN QUE EL POETA MANDA A SU AMOR UNA PALOMAEste pichón del Turia que te mando,
de dulces ojos y de blanca pluma,
sobre laurel de Grecia vierte y suma
llama lenta de amor do estoy parando.
Su cándida virtud, su cuello blando,
en lirio doble de caliente espuma,
con un temblor de escarcha, perla y bruma
la ausencia de tu boca está marcando.
Pasa la mano sobre su blancura
y verás qué nevada melodía
esparce en copos sobre tu hermosura.
Así mi corazón de noche y día,
preso en la cárcel del amor oscura,
llora sin verte su melancolía.

GACELA VII: Del recuerdo del amor.
No te lleves tu recuerdo.
Déjalo solo en mi pecho,

temblor de blanco cerezo
en el martirio de Enero.

Me separa de los muertos
un muro de malos sueños.

Doy pena de lirio fresco
para un corazón de yeso.

Toda la noche en el huerto
mis ojos, como dos perros.

Toda la noche, comiendo
los membrillos de veneno.

Algunas veces el viento
es un tulipán de miedo,

es un tulipán enfermo,
la madrugada de invierno.

Un muro de malos sueños
me separa de los muertos.

La niebla cubre en silencio
el valle gris de tu cuerpo.

Por el arco del encuentro
la cicuta está creciendo.

Pero deja tu recuerdo
déjalo sólo en mi pecho.

sábado, 12 de diciembre de 2009

CONCURSO


En el blog “Libros y Literatura” organizan un sorteo entre todos sus lectores, así como un concurso específico para blogs a la mejor reseña literaria. En cada uno el premio consiste en un lote de libros compuesto por la colección completa “Viento abierto” de Ediciones del Viento formada por 15 títulos y valorada en 249€. Si quieres saber más detalles y participar entra aquí: http://www.librosyliteratura.es/concurso2009.html
Para participar hay que incluir la reseña de un libro leído este año. Yo voy a participar con una entrada de mi blog en la que hablo de Atiq Rahimi y su novela corta La piedra de la paciencia.

jueves, 10 de diciembre de 2009

CUENTO DE OTRA NAVIDAD

Ahora que se acerca el gran monstruo navideño disparando sus dardos de publicidad agresiva y engañosa, yo en mis clases, cual minúsculo David frente a un Goliat invencible (o mejor, cual Garbancito indefenso ante la vaca que se come la col), he decidido contraatacar ¡LEYENDO! y, con la esperanza de que un poso de inquietud que atisbo en algunos alumnos (sobre todo, alumnas) no se desvanezca, elijo un cuento triste del escritor ruso Antón Chejov, "Vanka". El relato empieza así:
Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad. Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada, y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir. Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró el icono oscuro del rincón y exhaló un largo suspiro. El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.
«Querido abuelo Constantino Makarich -escribió-: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti...
leer más.
(Esta traducción la he bajado de Internet, pero a mí me gusta más la que hace Víctor Gallego Ballestero en Cuentos, Antón Chéjov, Alba Editorial, 2004, un libro que me regalaría si no lo tuviera).

miércoles, 25 de noviembre de 2009

CRISTINA DE PIZÁN Y SU DEFENSA DE LA MUJER

Ahora que andamos con celebraciones institucionales por el Día Internacional contra la Violencia de Género recuerdo que en el DOGA del 23 de junio de 2008 (donde aparecen recogidos los contenidos de las diferentes asignaturas) leo como en el Currículo de Lengua Castellana y Literatura de 1º de Bachillerato se incluye el estudio de la labor de las mujeres escritoras en las diferentes épocas: "Panorámica general de la presencia de las mujeres escritoras en el canon literario de la época" o "La conquista del espacio público por parte de las mujeres escritoras". Curiosamente, los libros de texto olvidan completamente estos apartados y supongo que pocos se pararán en clase a hablar de aquellas mujeres que, en épocas pasadas, ofrecieron su aportación al mundo de las letras y del pensamiento.

Una de las primeras mujeres intelectuales de la literatura europea fue Cristina de Pizán (1364 -1430), dama veneciana asentada en Francia, autora, entre otras obras, de La Ciudad de las Damas (Biblioteca Medieval, Siruela). En él, la joven, tras leer un libro plagado de invectivas contra las mujeres, reflexiona acerca de la verdadera naturaleza de estas y denuncia la misoginia de la época. Las palabras de Cristina de Pizán me parecen apropiadas para una reflexión en el aula porque -si lo leéis lo comprobaréis- lejos de resultar obsoletas, y salvando las distancias, se asemejan a la forma de pensar de muchas mujeres que se han sentido despreciadas. Así comienza:

"Sentada un día en mi cuarto de estudio, rodeada toda mi persona de los libros más dispares, según tengo costumbre, ya que el estudio de las artes liberales es un hábito que rige mi vida, me encontraba con la mente algo cansada, [...]. Estando en esta disposición de ánimo , cayó en mis manos cierto extraño opúsculo[...] que tenía como título Libro de las Lamentaciones de Mateolo. Me hizo sonreí, porque, pese a no haberlo leído, sabía que ese libro tenía fama de discutir sobre el respeto hacia las mujeres. [...]. Pese a que ese libro no haga autoridad en absoluto, su lectura me dejó, sin embargo, perturbada y sumida en una profunda perplejidad. Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra bien en escritos y tratados.[...] no hay texto que esté exento de misoginia. [...] Volviendo sobre todas estas cosas en mi mente, yo, que he nacido mujer, me puse a examinar mi carácter y mi conducta y también la de otras muchas mujeres que he tenido ocasión de frecuentar[...]. Me propuse decidir, en conciencia, si el testimonio reunido por tantos varones ilustres podría estar equivocado. Pero, por más que intentaba volver sobre ello, apurando las ideas como quien va mondando una fruta, no podía entender ni admitir como bien fundado el juicio de los hombres sobre la naturaleza y conducta de las mujeres. Al mismo tiempo, sin embargo, yo me empeñaba en acusarlas porque pensaba que sería muy improbable que tantos hombres preclaros[...] hayan podido discurrir de modo tan tajante y en tantas obras que me era casi imposible encontrar un texto moralizante, cualquiera que fuera el autor, sin toparme antes de llegar al final con algún párrafo o capítulo que acusara o despreciara a las mujeres. Este solo argumento bastaba para llevarme a la conclusión de que todo aquello tenía que ser verdad, si bien mi mente, en su ingenuidad e ignorancia, no podía llegar a reconocer esos grandes defectos que yo misma compartía sin lugar a dudas con las demás mujeres. Así, había llegado a fiarme más del juicio ajeno que de lo que sentía y sabía en mi ser de mujer.[...].
Abandonada a estas reflexiones, quedé consternada e invadida por un sentimiento de repulsión, llegué al desprecio de mí misma y al de todo el sexo femenino, como si Naturaleza hubiera engendrado monstruos.[...].
Así, me deshacía en lamentaciones hacia Dios, afligida por la tristeza y llegando en mi locura a sentirme desesperada porque Él me hubiera hecho nacer dentro de un cuerpo de mujer.
Hundida por tan tristes pensamientos, bajé la cabeza avergonzada, los ojos llenos de lágrimas, me apoyé sobre el recodo de mi asiento, la mejilla apresada en la mano, cuando de repente vi bajar sobre mi pecho un rayo de luz [...]. Levanté la cabeza para mirar de dónde venía esa luz y vi cómo se alzaban ante mí tres Damas coronadas, de muy alto rango.[...].
Entonces, la primera de las tres damas me sonrió y se dirigió a mí con estas palabras:
-No temas, querida hija, no hemos venido aquí para hacerte daño sino para consolarte. Nos ha dado pena tu desconcierto y queremos sacarte de esa ignorancia que te ciega hasta tal punto que rechazas lo que sabes con toda certeza para adoptar una opinión en la que no crees, ni te reconoces, porque solo está fundada sobre los prejuicios de los demás. Te pareces al tonto de la historia que, mientras dormía al lado del molino, disfrazaron con ropa de mujer: cuando se despertó, en vez de fiarse de su propia experiencia, creyó las mentiras de los que se burlaban de él afirmando que se había transformado en mujer. ¿Dónde anda tu juicio, querida?"

domingo, 22 de noviembre de 2009

DE JARDINES Y VOCACIONES

Tengo un jardín pequeño, aunque a veces parezca una selva. Es un jardín lleno de arbustos. Los voy plantando caprichosamente según les echo el ojo. Compré un magnolio que hace honor a la sugerencia de su nombre: crece magnífico aún en su tierna infancia, mostrando unas hojas imponentes, excesivas, como para acallar las quejas de sus escasas flores, que no parecen querer mostrarse. Compré después un acebo, pequeño e insignificante, tocado por la modestia característica de ciertas personas que, sabiéndose admiradas, no se significan y van por la vida escondiendo tras el disfraz de mendigo una inteligencia natural y una fructífera vida interior. Ahora, incapaz de enfrentarse al devenir de la naturaleza, ha pegado un estirón y luce, indolente ante las inclemencias del norte, sus hojas duras y brillantes y sus atrayentes bayas coloradas. Mi padre me dio un camelio de flores rojas que coloqué frente a otro de flores blancas. Se miran ambos por encima del hombro, decadentes y soberbios, conscientes de su prestancia ilustre. Planté también azaleas y rododendros; un arce de hojas granates y unos arbustillos de flores blancas y aroma delicado; una enfermiza gardenia, que, a pesar de sus males de espíritu, florece hermosa cada verano; una futinia voluble que no cambia de color cada estación, como me dijeron en la tienda donde me esperaba, sino cuando le da la gana, más atenta a los cambios de su humor que a la época del año. Rodeé mi jardín de madreselvas, bignonias, jazmines y glicinias. Planté hortensias, lirios, gladiolos, narcisos y flores de temporada. Para la tos, me regalaron un bálsamo; a su lado coloqué lavanda. Cogí del muro de un vecino unas ramas de romero trepador que, felizmente, enraizazon en varios muretes de mi jardín. Los veo crecer y, a veces, les hago fotos, como a mis hijas, para que algún día se puedan ver tal como fueron.

Contraté a un jardinero. Era un hombre mayor, jubilado. Amaba las plantas y arrancaba con manos feroces las malas hierbas. Enfermó el pobre y dejó su afición. Se acabaron los jardineros.

Varios son desde aquel día los que han hollado con sus desbrozadoras ciegas mi plácido jardín. El primero tenía 20 años, acababa de terminar un Ciclo de Jardinería y abandonó tras la primera sesión. El trabajo le pareció duro. Él pensaba que trabajar era otra cosa. Ahora es operario del ayuntamiento. El segundo hizo un corte limpio pero me dejó el bolsillo tieso (soy profesora, no la Duquesa de Alba, y el mío no es un jardín de ensueño decimonónico que acabe siendo Patrimonio de la Humanidad). El tercero ha venido ya tres veces. Me aterra pensarlo. Cada vez que lo llamo mis plantas enmudecen, conscientes de su desamparo. "¡Madre! - parecen implorarme-, ¿por qué nos has abandonado?". El aloe vera, regalo de mi amigo herborista, que crecía feliz a la sombra de un mandarino, fue el primero en ser decapitado. Era pequeño, y aunque estaba marcado con una vara, su verdugo no lo vio. La segunda vez pereció un rododendro. Está bien, lo admito, el jardín parecía una selva, pero el finado lucía su esplendor con sus visibles flores naranjas. También eché de menos a dos arbustillos de flores blancas y rosadas que acababa de plantar. Era verano. Ahora, en el otoño, lo ha vuelto a hacer. Sesgó el frágil tronco del jazmín, que se seca, desposeído del último hálito de vida, en el enrejado. El romero, que sin alevosía pero con nocturnidad yo me agencié, ha desaparecido como vino, furtivamente. Y todo esto, al módico precio de 20 euros la hora.

Por supuesto, no lo volveré a llamar. Me convertiré en jardinera. Yo soy una persona con vocación. Me gusta mi trabajo, aun con sus sinsabores, y me gusta mi jardín, aunque no sepa manejar un cortacésped.

Mi jardinero es un hombre sin vocación que corta con el mismo ojo clínico una mala hierba, un rododendro o una rodaja de chorizo porque mi jardinero no se preparó para trabajar en aquello que más le gustaba sino para trabajar en aquello que le solucionase la papeleta económica y , en este caso, el roce no hizo el cariño. Así les pasará a muchos de mis alumnos que no vislumbran su vocación. Y tanto les tiene estudiar periodismo como apuntarse a un ciclo de mecánica. Otros son manipulados genéticamente para que estudien algo que tenga salida, la que sea, ya que en sus casas la vocación se ve como un capricho de adolescente, como un grano más de la pubertad que tarde o temprano acabará secando, ¡Ja! A qué viene la niña diciendo que quiere estudiar Historia del Arte con la salida que tiene coger la optativa de Tecnología Industrial. Así se gesta un profesional sin vocación. Infeliz de aquel que no ama lo que hace. Y sobre todo, infeliz de mí, por qué, ¡a ver!, ¿dónde encuentro yo otro jardinero?

domingo, 8 de noviembre de 2009

LA PESTE DEL INSOMNIO


La enfermedad del insomnio es una dolencia fatal que el indio Cataure, príncipe de un reino milenario, conocía bien. Por eso, cuando los primeros síntomas aparecieron en Macondo, Cataure desapareció sin encomendarse a Dios ni al Diablo. Los demás consideraron una suerte contraer ese mal, porque con él uno no siente necesidad de dormir, pero tampoco se cansa, así que los habitantes de Macondo aprovecharon para trabajar y disfrutar de su tiempo libre sin verse limitados por las ataduras del sueño. Tarde comprendieron que la enfermedad avanzaba hacia una manifestación terrible: el olvido.
Muchos de mis alumnos también padecen la enfermedad del insomnio pero como carecen de la perseverancia de Aureliano Buendía no han caído en la cuenta de marcar cada cosa con su nombre para no olvidarla. La memoria es un bártulo fungible y pasado de moda que hay que cambiar, como el móvil, cada cierto tiempo. Cuando se cambia, es mejor empezar de nuevo, sin que uno se vea pervertido por las enseñanzas, aprovechables o no, del pasado. La memoria es una cometa que se escapa por la playa, llevada por el cruel viento del norte. ¡Dejémosla ir!, ¡dejémosla ir!, nos suplica como un eco lejano la voz del pedagogo. Memorizar es malo para desarrollar las capacidades cognitivas, nos han advertido mientras repartían animalitos de caramelo:"los deliciosos gallitos verdes del insomnio, los exquisitos peces rosados del insomnio y los tiernos caballitos amarillos del insomnio". Ahora la enfermedad se ha extendido inexorablemente entre mis muchachos y, cuando llegan a 1º de bachillerato, han olvidado todo lo aprendido en la ESO. Ah, Melquíades, Melquíades, anciano estrafalario, ¿en qué lugar de los abigarrados mapas de la muerte te encuentras? ,¿llevas aún en tu maleta atiborrada de objetos indescifrables la sustancia de color apacible que libere a mis inquietos alumnos del tremedal del olvido?

jueves, 22 de octubre de 2009

REMANDO AL VIENTO Y OTROS POEMAS

Los textos poéticos que aparecen en los libros de texto casi nunca me convencen. ¿Quiénes eligen los poemas? ¿Piensan en algún momento en que van destinados a un interlocutor que se acerca con desconfianza a la poesía?

Para el tema del Romanticismo en Literatura universal elegí unas poesías que me parecen más atractivas para los alumnos que las del libro. Las dejo aquí por si pueden ser útiles a alguien.

Como complemento musical, no hay que olvidar que Radio Futura, en su disco "La canción de Juan Perro", publicado en 1987, rinde homenaje a Edgar Allan Poe con una versión del poema Annabel Lee, cuya letra traduce y adapta Santiago Auserón.





Para completar los conocimientos acerca del espíritu romántico, y recurriendo al tópico "Una imagen vale más que mil palabras" contamos con una obra maestra del cine español: Remando al viento de Gonzalo Suárez. Ganadora de 6 premios Goya en el año 1989, relata la estancia del poeta Shelley y su mujer Mary en la casa de Lord Byron a orillas del lago Ginebra en Suiza. Con ellos también están el poeta y médico personal de Byron, J.W. Polidori y Claire Clairmont, hemana de Mary y amante de Byron. Allí, Mary Shelley da forma literaria a una obsesión: Frankenstein.


domingo, 18 de octubre de 2009

ROMÁNTICOS MALDITOS

Estos días, en la asignatura de Literatura Universal de 2º de bachillerato estamos viendo el Romanticismo. Decidí empezar por una etapa más cercana a ellos porque me parece que después, si consigo interesarlos (no olvidemos que algunos eligen este tipo de optativas para huir de otras), verán con ojos más amables unas manifestaciones literarias que les resultan bastante ajenas y lejanas, tal como constata el artífice del blog Profesor en la Secundaria, en una entrada que me parece magnífica: Beatrice.
El Romanticismo es una etapa literaria que no deja indiferente a los alumnos por lo que tiene de defensa y enaltecimiento de la libertad, sentimiento que hace unos cuantos años poseía entre los adolescentes un valor cercano al de los románticos: defensa del “yo” frente a cualquier tipo de autoridad, a la que se consideraba injusta. Con frecuencia, a este sentimiento lo rodeaba un halo de compromiso ya que la libertad individual, de alguna manera, implicaba la defensa de ciertos valores sociales, es decir, la libertad se vivía como ideología. ¿Cómo no admirar entonces a ese Lord Byron atractivo, cojo, rebelde y atormentado que desprecia las promesas de una vida cómoda para entregarse a la defensa de la independencia de Grecia contra los turcos? Hoy ya no percibo ese matiz. La libertad se entiende ahora como "Yo hago y digo lo primero que me pasa por la cabeza porque soy así de natural y espontáneo y a mí no me cambia ni mi puta madre y a quien no le guste pues que se joda".
Pero no quiero hablar de la mutación que el término libertad está sufriendo en los últimos tiempos. Quiero hablar de un grupo de artistas del Romanticismo que consideran la libertad como la virtud más estimable del genio creador y que se pueden definir como "poetas malditos". Esta expresión la acuña el escritor simbolista Paul Verlaine en un ensayo poético publicado en 1884. Además de a sí mismo, Verlaine considera malditos a otros cinco poetas por los que sentía gran admiración.
El término se generalizó y pasó a referirse a todo aquel artista , que poseyendo cualidades y talento para que su potencial creativo sea valorado por la sociedad, desprecia ostensiblemente las normas sociales, contraviniéndolas escandalosamente, encerrándose en un círculo de amistades que lo encumbra, aunque, en ocasiones, esta actitud vital impide que su genio sea reconocido en vida. Hoy en día, lo comentábamos en clase, este concepto romántico está, al igual que el de la libertad, adulterado. Artistas, perdón, cantantes como Melendi, Amy Winehouse o Marilyn Manson son máquinas de hacer dinero que incrementan sus ganancias económicas justamente por hacer del “malditismo” su estilo de vida.
Pero yo tampoco quiero hablar de eso. Quiero hablar de aquellos poetas que inauguraron el Romanticismo y que vieron sus vidas tocadas por la estela de la fatalidad. De ahí esa expresión, "mal del siglo", que define todo un cúmulo de circunstancias artísticas y personales que llevaron a los artistas de la primera mitad del siglo XIX a cuestionar los valores ilustrados y los sumieron en situaciones vitales tan desgraciadas como fecundas fueron sus muestras literarias. También ellos despreciaban las caricias que el mundo les ofrecía, y quizá por ello pagaron con sufrimiento su ansiada libertad. A cambio, nos dejaron un corpus literario de reconocida calidad y de fructífera inspiración para autores posteriores.
- Del Romanticismo alemán destacaré tres nombres de gran influencia posterior:
.Friedrich Hölderlin: el estigma de su locura lo llevó al olvido más absoluto en su época. Sin embargo, esta locura lo hizo atractivo para los románticos posteriores. Enamorado de la esposa de un banquero, a la que idealiza en su obra con el nombre de Diótima, pasó los últimos treinta y cinco años de su vida atrapado en su esquizofrenia y acogido en casa de un ebanista que admiraba su obra.
.Kleist: escritor poco conocido y de obra escasa, entre la que destacan algunos relatos, su corta trayectoria humana (murió a los 34 años) estuvo marcada por una persistente insatisfacción vital que lo lleva al suicidio: una mañana de noviembre, a la orilla de un río en un hermoso parque, Kleist dispara contra su amiga Henriette Vogel, que padecía una enfermedad incurable, y luego acaba con su vida.
.Novalis: la muerte de su prometida, Sophie von Kühn, a causa de la tuberculosis lo sume en la más honda desesperación. Dos años más tarde, con 24, el autor de Himnos a la noche, fallece aquejado del mismo mal que se llevó a su amada.
- En Inglaterra nacen los tres poetas más (re)conocidos del Romanticismo:
.Lord Byron: noble inglés que escandalizó a la sociedad de su época por su agitada vida sentimental (llegó a tener una hija con su hermanastra) y por su actitud de rebeldía absoluta ante cualquier tipo de imposición. Fue un viajero inquieto que recorrió Europa sin asentarse en ningún lugar. Es el prototipo de héroe romántico: atractivo, libertino, misterioso, atormentado, diabólico . Murió en Missolonghi (Grecia) sin ver cumplido su sueño de la independencia griega.
.Shelley: nacido en una familia aristócrata, al igual que Byron, pronto empezará a causas quebraderos de cabeza a su familia, sobre todo cuando es expulsado de Oxford por sus ideas ateas. Tras un matrimonio infortunado que concluye con el suicidio de su esposa, se casa con su amante Mary Godwin, autora de Frankenstein, con quien se marcha a vivir a Italia. Allí coincide con Lord Byron y allí muere, a los 30 años, víctima de un naufragio.
.Keats: compartió inquietudes y vivencias con los anteriores, aunque sus orígenes son mucho más humildes. Su poesía no encontró apoyo entre los críticos de su época. La tuberculosis hace estragos en su familia y Keats se ve afectado también por ella. Enamorado de una mujer de la que se tiene que separar a causa de su deteriorada salud es el gran poeta romántico de la belleza como ideal sublime que desea alcanzar sin conseguirlo. Murió a los 26 años víctima de la tuberculosis.
- Contemporáneo de los románticos europeos y especialmente lastrado por la aureola del malditismo no nos podemos olvidar de Edgar Allan Poe, escritor norteamericano autor de algunos de los relatos de terror más inquietantes del género. Su tormentosa vida estuvo marcada por el amor hacia su prima Virginia (con quien se casa cuando la joven tiene 14 años) y por su afición al alcohol. En octubre de 1849 es hallado inconsciente y embriagado a las puertas de una taberna de Baltimore. Cuatro días más tarde fallece en el hospital. Tenía 40 años. Casi nadie acudió a su entierro. Sin embargo, cada año desde 1949, la noche del 19 de enero (fecha del nacimiento del escritor) un extraño visitante embozado deja en su tumba tres rosas y una botella de coñac. No se sabe quién es pero se le llama "The Poe toaster" porque parece que lo que le ofrece a Poe es un brindis.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

NEGROS NUBARRONES



Por fin ha comenzado el curso. Y, una vez más, negros nubarrones burocráticos se ciernen sobre nuestras cabezas docentes. Pero, al igual que el padre acosado por las deudas pone buena cara cuando sus hijos llegan del colegio y los lleva al parque y les ayuda a hacer los deberes sin que estos sospechen las tribulaciones de su progenitor, así también los profesores llegamos a las aulas con buen ánimo mientras nuestras neuronas se lanzan en desigual batalla contra objetivos, contenidos, destrezas, criterios y competencias cuya razón de ser fundamental es mantener en alza la floreciente industria del reciclado de papel.

Y por aquello de mantener vigente el dicho de “Dios aprieta pero no ahoga”, para que no salgamos del redil de nuestra resignación nos han regalado dos regalitos: alguien cae en la cuenta de que debemos ser respetados (¿Qué cráneo privilegiado elaborará en un despacho de diseño el tremendo dossier que recoja en mil páginas el proyecto de ley de autoridad del profesor ?) y, para más honra, los escribas reales han apuntado en el discurso del rey de todos los españoles que los profesores somos los protagonistas insustituibles en la enseñanza y que todos deben reconocer, reforzar y prestigiar nuestra figura.

Pero como cada día tiene su malicia, y como más sabe el diablo por viejo que por diablo, con la llave de todas las desconfianzas abro el baúl del nuevo curso y descubro como en mi instituto hay 40 horas más de trabajo (surgen tras la creación del Aula de Convivencia y tras la concesión de un Ciclo Medio). Sin embargo, lejos de enviar más profesores, la administración, que sufre de discalculia crónica, suprime uno. Aquí, por mucho experto matemático que haya, no nos salen las cuentas. Y como sucede en todas las sociedades, son los más débiles los perjudicados. Por lo tanto, los profesores encargados de la biblioteca hemos perdido 13 horas de dedicación. Normal, pensarán algunos, en época de crisis, fuera lujos. ¿Habrá que encargarle a Custo Dalmau el diseño de una camiseta con la leyenda “Si no quieres ser un borrego, lee” para que vuelvan a estar de moda los Planes Lectores?

martes, 8 de septiembre de 2009

VIRUS

¿Cómo se atreven las Autoridades a decir que no hay motivo para la alarma? Un virus más potente que el de la gripe A nos invade ya desde hace tiempo y no se cura con Tamiflú. Aunque no es mortal, su persistencia es tal que acompañará a algunos a la tumba. Otros han crecido con él y ni siquiera el cuerpo lo reconoce como extraño. Y como aquello que no tiene nombre parece no existir, los estudiosos en la materia ya le han puesto el suyo y, gracias a ello, el virus, felizmente, ha empezado a manifestarse como lo que es: una patología. He de aclarar que el virus es, en realidad, dos virus con síntomas comunes a los que, para afianzar su carácter mórbido, alguien ha tenido la idea genial de arroparlos bajo un vocablo esdrújulo de reconocida autoridad, síndrome. Su síntoma más visible es la apatía, del griego apátheia: "falta de actividad, de interés o de entusiasmo, que se manifiesta en dejadez o indiferencia ante todo". Uno de estos virus, el más peligroso, ataca a los más jóvenes y es tan invasivo que ha dado nombre a toda una generación: Generación 'Ni-Ni'. "Oye, ¿tú estudias o trabajas?" pregunta la despistada ancianita a un afectado por el síndrome 'Ni-Ni'. "¿Qué dices? Yo no hago nada. Me amarga hacer algo", responde con desidia el interpelado. No está solo, según una escuesta de Metroscopia el 54% de de los jóvenes de entre 18 y 34 años no hace nada, no estudian, no trabajan, carecen de ambiciones, no les mueve ninguna inquietud personal o profesional. Y he ahí a los expertos buscando las causas de tal pandemia, analizando las características socioculturales de los individuos atacados, esbozando teorías que justifiquen la persistencia del mal.

El otro virus es un invento de la tele y se llama síndrome postvacacional (no pasa nada en el mundo, ¡qué va!, y los noticieros se rellenan con primicias interesantísimas: que si en agosto hay ola de calor en Valencia o si nieva en febrero en León; que si en septiembre los niños lloran al entrar en la guardería o si los padres están deprimidos porque tienen que empezar a trabajar). El síndrome postvacacional se produce cuando uno tiene que desherrumbrar los miembros tras el salitre playero (metáfora de las vacaciones tópicas, ...¿no hay otros mundos más allá de la tumbona?). "Mañana empiezo a trabajar, ¡qué depresión!" se expresa con hastío histriónico un amigo mío mientras se aferra con desesperación al último tubo de cerveza de agosto. Dicen los expertos que la enfermedad dura apenas tres días y afecta más a aquellos que están descontentos con su trabajo y con su vida. Si la cosa se alarga, el síndrome no es postvacacional, es vocacional, y sus secuelas son graves e imprevisibles.

Yo, por si acaso, he empezado a tomar equinacea para aumentar las defensas y evitar, así, el ataque de los virus.

jueves, 30 de julio de 2009

MACHADO Y LEONOR

Cuando hablo de Antonio Machado en mis clases hay un hecho de su vida que atrae poderosamente la atención de mis alumnos, y no es para menos: Machado tiene treinta y dos años (todo un hombre maduro para ellos) cuando se enamora de Leonor Izquierdo, una niña de trece años (no la ven niña, ellas, la ven como una adolescente capaz de decidir, pero no capaz de enamorarse de un “viejo” de treinta y dos). Este amor hoy en día no lo permitirían ni la Fiscalía, ni el Defensor del Menor, ni los medios de comunicación. No quiero ni imaginar el revuelo que causaría la noticia si el padre de Leonor, Ceferino Izquierdo, ex guardia civil bebedor y autoritario, aceptara acudir al programa de Ana Rosa ...¿Quintilla?... ¿Quinteto?...¿Quimbamba?... ¿Quimono? ... para airear las intimidades del poeta.
Yo, para qué negarlo, también me habría escandalizado.

Pero Machado vivió el tiempo que le tocó vivir y su relación con Leonor fue, que sepamos, respetada por casi todos, aunque también sorprendió en su época. Tiene el poeta treinta y dos años cuando gana la oposición de profesor de francés, y se traslada a Soria para empezar a trabajar durante el curso 1907-1908 por un sueldo de tres mil pesetas al mes. Imaginamos al poeta contento porque está a punto de publicar su edición ampliada de Soledades, a la que llamará ahora Soledades, Galerías y otros poemas. En la primera visita a Soria recibe buenas vibraciones sobre esta tierra e incluye en su libro un poema, el primero de muchos, dedicado a la tierra castellana: “Orillas del Duero". Con el comienzo del otoño y de las clases Machado se instala en la ciudad en la pensión regentada por doña Isabel Cuevas cuya hija, Leonor, de trece años, atrae poderosamente al poeta. Dos años más tarde -hace hoy cien años-, el 30 de julio de 1909, se casa con ella. Poco sabemos de los sentimientos, pensamientos o formación intelectual de Leonor. Además, Machado apenas escribe sobre ella durante estos años. En enero de 1911 se trasladan a vivir a París, donde el poeta disfrutará de una beca por Ampliación de Estudios. Sin embargo, en julio sobreviene la tragedia: Leonor enferma de tuberculosis. Deben regresar a Soria, aunque no tienen dinero para el viaje de vuelta. Es entonces cuando recurre a otro poeta amigo, parisino de adopción, Rubén Darío,quien le facilita el dinero que hará posible el ansiado viaje de regreso, todo por el bien de Leonor. Vuelta a Soria, vuelta a las clases, vuelta a cantar el paisaje castellano en un nuevo poemario, Campos de Castilla, que se gesta mientras Leonor se extingue. El poeta se desvive por ella pero el 1 de agosto de 1912 Leonor muere. Sus restos son llevados al alto cementerio de El Espino. Machado, agonizando también él de dolor, abandona la ciudad castellana y se traslada a Baeza, a su Andalucía natal. Pero su alma, sus recuerdos, su existencia permanecen en Soria y es entonces cuando brotan las referencias poéticas dedicadas a Leonor, agazapadas en el paisaje, sin mencionarla apenas pero muchas veces presente en la nueva edición de Campos de Castilla. Escribe el poeta a sus amigos para desahogar su profundo dolor, escribe largas cartas a Juan Ramón Jiménez, a Miguel Unamuno, a Ortega y Gasset. Les confiesa que solo la escritura lo salva de la desesperación. Lectura y escritura contra el profundo desánimo que lo invade. Como siempre sucede, solo el lento transcurrir del tiempo transformará el agudo dolor en melancólico recuerdo. Leonor permanecerá, siempre niña, apenas mujer, impresa en el paisaje soriano.

Selección de poemas de Machado dedicados a Leonor.

Para saber más:
COY,JUAN JOSÉ: Antonio Machado. Fragmentos de biografía espiritual. Junta de Castilla y León. Consejería de Educación y Cultura, 1997.
GIBSON, IAN: La vida de Antonio Machado. Ligero de equipaje. Punto de Lectura, 2006.

sábado, 27 de junio de 2009

¿MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA?


Uno de los lugares donde más intensamente sucede la literatura es un aula donde un profesor sin más ayuda que su entusiasmo y su coraje le transmite a uno solo de sus alumnos el amor por los libros, el gusto por la razón en vez de por la brutalidad, la conciencia de que el mundo es más grande y más valioso de todo lo que puede sugerirle la imaginación. La enseñanza de la literatura sirve para algo más que para descubrirnos lo que otros han escrito y es admirable. Antonio Muñoz Molina.

De forma totalmente casual ha llegado a mis oídos la noticia de una breve pero intensa carta publicada por El País hace ya más de un año. El texto, titulado "Me rindo", dice así: "Comprendí que debía jubilarme cuando mis alumnos de 4º de la ESO me dijeron a las claras que ni entendían ni les gustaba la poesía de Antonio Machado." La carta, que en su momento tuvo bastante repercusión, reclamó mi atención porque está firmada por Constantino Chao, profesor de literatura con el que compartí instituto hace algunos años. Lo recuerdo como un entusiasta de la literatura, gran caminante y montañero, apasionado por la literatura de tradición oral y por el Camino de Santiago. Trabajador y activo, era un profesor muy apreciado por los alumnos. Por eso me sorprende tal desánimo. Y me sorprende, además, porque creo que no debería ser motivo de decepción que a los alumnos no les guste Antonio Machado. A los alumnos de 4º de la ESO no les gusta, en general, la poesía. Asumámoslo si queremos conseguir que les guste la poesía.

Sí, ya lo sé, la carta de Constantino es, en realidad, una metáfora. La metáfora del desaliento de tantos docentes cuya ilusión huye despavorida ante una turba de adolescentes lenguaraces y despóticos que tanto en sus casas como en el colegio quieren, aquí y ahora, conseguir lo que desean: de nosotros, el aprobado. Sus padres también quieren, aquí y ahora, el aprobado. No podemos contar con ellos. Tampoco podemos contar con los burócratas de la enseñanza: nos han herido de muerte. Este es el contexto educativo que nos toca vivir, las ortigas que nos toca masticar en nuestro Callejón del Gato. Asumámoslo si queremos conseguir que a los adolescentes les guste la poesía.

La poesía no se enseña. La poesía es un olor, una hoja de castaño, un puñal, una piedrita en la ventana, una tranquilidad violeta, un sol de la infancia, un buey posado en el alma. La poesía es una rabia. La poesía no es una cerilla ni un bidón de gasolina, la poesía no es una hamburguesa, la poesía no es una prisa. Por eso no es fácil hablar de poesía en la era del mp4. La poesía no es un temario, no es una sucesión de recursos estilísticos, no es un bostezo. Por eso es mejor no hablar de poesía cuando percibimos un rechazo por parte de los alumnos. No todos los momentos son el momento. Este ya llegará.

No es fácil transmitir el entusiasmo por la poesía. Nunca lo ha sido. Cuando yo estudiaba BUP Antonio Machado solo nos gustaba a unos cuantos. Y eso que teníamos un excelente profesor de literatura. Sin embargo, la mayoría de los alumnos ponían buena cara al mal tiempo y destripaban - no lo digo peyorativamente - los poemas de Bécquer, Machado, Lorca, Salinas... y lo hacían aunque el profesor fuese uno de esos de cara avinagrada que tan bien retrata Muñoz Molina en "La disciplina de la imaginación". Hoy en día no. En la sociedad donde se potencia el ocio por el ocio, ganador el que llegue antes, feliz el que tenga el móvil más caro, friki el que apruebe todo, pelota el que salude al profe por los pasillos,... en esa sociedad la poesía es un extraterrestre feo y con granos que se expresa con sonidos guturales.
Ante tal panorama -desolador - no caben rendiciones. Rendirse es asumir que uno no puede, rendirse es una cobardía, rendirse no hará feliz al que cae rendido. Rendirse es un nudo de ortigas en la conciencia.
El mundo ha cambiado, los docentes debemos adaptarnos al mundo. Asumámoslo y si queremos que a los adolescentes les guste la poesía cambiemos a Machado por Benedetti, hagamos la poesía más cercana. Aquellos a los que la poesía les transmita algo acabarán emocionándose con el poeta que iba andando caminos sin que su imagen se enturbie y sin que el gusto por su poesía desaparezca.

sábado, 30 de mayo de 2009

DEFENSA DE LA LITERATURA JUVENIL 1ª PARTE




CONFESIÓN DE UN CLASICISTA EMPEDERNIDO ARREPENTIDO
Sí, lo confieso, tengo un pasado oscuro. Por eso me escondo en un anónimo y anodino traje de correcto funcionario cumplidor y complaciente. No quiero que me descubran y hasta de mí mismo desconfío, creo que sería capaz de traicionarme. De hecho, no he podido evitarlo, creo que voy a tracionarme. Así, que si me ven por la calle, y me reconocen, apártense de mí, alejen sobre todo a sus hijos, llamen a la policía si no se sienten seguros, no me ayuden si me caigo. Piensen que aún puedo ser peligroso.

Sucedió hace muchos años - no tantos-, como en los cuentos, en un país no muy lejano, concretamente en este. Yo acababa de terminar la carrera de Filología Hispánica y desconfiaba de todo ser viviente que no fuera capaz de entender a la primera el sistema de las sibilantes medievales que a mí tanto me había costado comprender.

Como hombre de suerte que soy no tardé en encontrar trabajo como profesor sustituto en un selecto y privado colegio de teatral y barroco nombre que ¡cielos! ahora no logro recordar.

Calambres como rojas hormigas me recorren el cuerpo solo de pensar que estoy a punto de descubrirles mi crimen. Pertrechado de mi sabiduría penetré en la hostil y abigarrada aula atiborrada de espigados quinceañeros y les lancé a la cara la primera lectura obligatoria del curso: Poema de Mio Cid, ¡Sí! Versión original en la edición de Colin Smith de Cátedra Pata Negra. ¿Qué pasa? Y allí los dejé, a merced de los elementos, abandonados a su suerte frente a las traviesas y aviesas sibilantes medievales:

De los sos ojos tan fuerte mientre lorando
tornava la cabeça y estava los catando.

Vio puertas abiertas e uços sin cañados,
alcandaras vazias sin pielles e sin mantos
e sin falcones e sin adtores mudados.

¡Oh, prosa magnífica y magnética! Aunque no para los sentidos de mis espantados (¿y espantosos? pensarán algunos) alumnos adolescentes, incapaces con toda seguridad de entender algo más que el dibujo de la portada.

¿A qué no se lo imaginaban? Ahora que he confesado mi crimen, ¿saben?, no me siento más aliviado, no me he quitado ningún peso de encima porque sé que no me perdonan, que cuando me vean por la calle dirán: "Mira, ahí va el que mandó leer el Poema de Mio Cid en versión original a sus alumnos de quince años" y en este reproche va implícita una callada aversión al pobre y paciente Per Abbat, quien en la humedad de su celda copiaba hasta la ceguera -culpable él de la transmisión- los versos de incalculable valor que yo no supe preservar.

martes, 19 de mayo de 2009

adios, poeta, adios

uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere
llorá nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos
berreamos moqueamos chillamos maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse
llorá pero no olvidés (de "Hombre preso que mira a su hijo")

EPÍSTOLA A BENEDETTI (que publiqué en el blog de la biblioteca del IES Moncho Valcarce de As Pontes, donde trabajo).
¿Sabés, maestro, estábamos aquí con la ilusión de preparar un recital de poemas tuyos en los recreos para animarte en tu pronta recuperación y vas tú y te nos moriste. ¡Qué querés! Son 88 años, toda una vida escribiendo, sencillamente y sin retóricas, como quien va por la vida respirando y caminando, y cantando al amor, y denunciando sin miedo y con fuerza a los tiranos. Sensible y fuerte a la vez. No todos pueden decirlo. Sí, ya sé, muchos no confiaban en tu poesía, tan simple y tan cercana, ¡pero tan bella! Te negaron los prestigiosos premios que las instituciones otorgan a sus grandes, pero vos tan tranquilo. Porque sabías que tenías al público que querías tener, sabías que llegaban a la gente, porque muchos cantaban tus canciones y tus letras perduraban en sus voces.

No te lo vas a creer pero tengo que darte una gran noticia. Resulta que hay quienes dicen que los jóvenes no leen, y mucho menos poesía, pero a ti sí te leen. No solo en Uruguay, tu país; aquí en este pequeño lugar del que probablemente no has oído hablar se pelean por recitarte: Sara ha hecho suyo tu "Happy birthday", ¿recordás?: "Cómo será el mundo cuando no pueda yo mirarlo/ni escucharlo ni olerlo ni tocarlo ni gustarlo?". Ángela me dice entusiasmada que ya se sabe de memoria tu poema "Todavía":"No lo creo todavía/estás llegando a mi lado/y la noche es un puñado/de estrellas y de alegrías". A Alba que nadie le quite "Yo no te pido"(¡Y eso que no han oído a Pablo cantándolo!). Noemí no se decide, le gustan todos, al final le damos "Corazón coraza"("Porque te tengo y no/porque te pienso/porque la noche está de ojos abiertos/ porque la noche pasa y digo amor"). A Paula le da vergüenza recitar pero no dice que no cuando Sara elige para ella "Piedritas en la ventana" ("De vez en cuando la alegría/tira piedritas contra mi ventana"). También Sabela, Mary, Raquel, David... seguro que me olvido de alguno. Ya ves, son macanas que los jovenes no leen, aquí te leen todos.
Ya te iré contando qué tal sale el recital.
Ahora descansa en paz, maestro, y buen viaje.

domingo, 17 de mayo de 2009

ESPECIES EN PELIGRO DE NO EXTINCIÓN



Espero que nadie se sienta ofendido por lo que voy a escribir aquí pero si alguien se da por aludido, ¡por dios, que reflexione y cambie!

Aunque voy a hablar de un especimen que vengo observando en la docencia, esta reflexión viene suscitada por una consulta pediátrica. La semana pasada acudí a urgencias con mi hija mayor, aquejada de fiebre y malestar general. Aunque no había nadie esperando, el médico tardó más de media hora en llegar y cuál no sería mi sorpresa al encontrarme a un hombre que "frisaba la edad [...] con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro", ignoro, eso sí, si era gran madrugador y amigo de la caza. Pero efectivamente, el mismísimo don Quijote, quien abandonando definitivamente la caballería y viendo poco rentable la bucólica vida pastoril, se me apareció, cual ánima en pena, reencarnado en pediatra. Pero no se alegren las vuestras mercedes. Porque desgraciadamente para la medicina, este don Quijote curandero no perdurará ni siquiera en mi memoria. Era tristón, apático ,desganado,malhumorado, ni siquiera miró a los ojos a la niña y le hizo daño cuando le miraba la garganta. A mi me miró con rencor y me escupió con rabia que la niña tenía un siiiiiiimple resfriado. Al día siguiente tuvimos que ir a otro pediatra, mi hija tenía una amigdalitis aguda. Y yo, aunque no soy psicóloga, lo catalogué enseguida, y pensé: "He ahí a un tipo al que ahora mismo le encantaría que anunciarán una amenaza de bomba en el hospital. Abandonaría el barco el primero, con su maletín a cuestas, y se iría 'sin dar parte a persona alguna de su intención y sin que nadie le viese' montado en su Rocinante mecánico". Tal parecía sugerir el poco entusiasmo que ponía en su trabajo.

Viene esto a cuento de una figura escolar sobre la que vengo reflexionando desde hace años: "el funcionario"(que incluye también a la "funcionaria"), es decir, aquel docente que está en la enseñanza como si estuviera tras el mostrador de una oficina clasificando papeles o como si fuese empleado de banca repartiendo billetes ajenos. No les gusta su trabajo, dieron por concluidas sus ambiciones profesionales en el mismo momento que aseguraron su puesto de trabajo ("Tú, ¿por que lees eso si ya has aprobado las oposiciones?" me dijo un buen día henchida de razón una profe de esta especie cuando me vio hojear un estudio acerca de la Edad Media). Cuando comienza el curso, en el primer claustro, se les nota la ilusión, los nervios a flor de piel por la novedad del primer día y abren sus agendas deseosos por saber cuántos puentes y festivos nos caerán este año, y se regocijan cuando descubren un acueducto; adoran los libros de texto, a los que ponen voz, y agradecen que estos tengan miles de ejercicios, que no haya que buscar ni que enseñar nada fuera de ese mundo tan estático, tan socorrido; cuando llega mayo aún no han aprendido el nombre de sus alumnos, a los que jamás han mirado a los ojos y dan por bueno que se porten bien en clase y que vomiten en los exámenes, a veces sin digerir, contenidos que no han sabido transmitir.

Por suerte, esta especie animal no es muy frecuente, pero, por desgracia, aún no está en peligro de extinción.

sábado, 9 de mayo de 2009

ATIQ RAHIMI, CULTURA CONTRA VIOLENCIA


© Stephanie Sinclair
La foto ganadora del premio "La foto del Año"(2007), promovido por el Comité Alemán de UNICEF, llama la atención sobre un problema mundial: millones de chicas están casadas o viven en pareja siendo aún menores de edad. En esta foto, captada en Afganistán, se muestra a Mohammed, de 40 años, y a Ghulam, de 11 años, la niña que mira con temor al que será su marido.


Cuando leí en Babelia (El País, 02/05/2009) el artículo dedicado a Atiq Rahimi supe que tarde o temprano acabaría hablando de él aquí. Y, ya veis, ha sido más pronto que tarde.

Atiq Rahimi (Kabul, 1962) es un escritor afgano afincado en Francia desde que tuvo que salir huyendo de su país tras la invasión soviética. En 2008 ganó el Premio Goncourt con su novela La piedra de la paciencia (Sangue sabur) que acaba de ser traducida al español y que publica Siruela. Por eso es noticia.

Me interesan las noticias culturales de aquellos países asfixiados por las guerras cuya única imagen que nos llega es la de una árida e inmensa explanada atestada de hombres que gritan, corren, levantan los brazos y trasladan cadáveres de otros hombres y niños con un aparente descuido y balanceo que quizá nos escandalice. Eso nos transmiten los medios de comunicación sobre Afganistan, Palestina, Congo,... hombres gritando en medio de la nada. Pero yo sé, también vosotros, que detrás de esas imágenes hay vidas. Por eso supe que hablaría de Atiq Rahimi aunque solo fuera para nombrar a Afganistán, un país asolado por un extremado fanatismo religioso que impone una insoportable supervivencia a todo aquel que haya tenido la desgracia de nacer hoy allí. Se habla de Rahimi como de un escritor occidentalizado, como si Occidente fuese el guardián de la Verdad y de los Valores Absolutos. Yo creo que es un escritor concienciado, como otras muchas personas sin nombre, sin rostro y sin palabra en Afganistán. Personas que no salen en la TV de Occidente.

Me he comprado y he leído La piedra de la paciencia, novela que su autor comenzó a escribir tras enterarse de la muerte de su amiga la poetisa afgana Nadia Adjuman, asesinada a manos de su marido. Y a partir de este hecho ideó un escenario turbador : una habitación en la que yace un hombre moribundo mientras afuera suenan los disparos, la diaria llamada a la oración,... y el silencio. Solo su mujer lo visita, lo alimenta, lo limpia y le reprocha la vida que él le ha dado. Esta novela recuerda por su planteamiento a Cinco horas con Mario de Delibes, pero la Carmen afgana, sin nombre, no se hace antipática para el lector, ya que simboliza el drama de todas aquellas mujeres reales obligadas a casarse por la fuerza con un hombre al que no conocen y que las desprecia porque sí, porque en muchos países ser mujer es sinónimo de no ser nada.

La piedra de la paciencia posee muchos rasgos que yo valoro en un libro, pero sobre todo uno: no es preciso explicar nada cuando el aire que envuelve a los personajes está lleno de sugerencias. Con frases muy cortas, cortantes, con precisión de acotación teatral, con personajes apenas esbozados y sin apenas presencia (las hijas que lloran en el pasillo, la anciana vecina que se ha vuelto loca, el muchacho torpe que quiere comportarse como un hombre, la tía salvadora y repudiada) consigue trasmitir el paisaje de guerra, el horror de la guerra, la parálisis vital y brutal de la guerra. En la habitación sin vida donde agoniza el hombre la mujer se afana en mantenerlo con vida aun deseando su muerte. Solo parecen vivir sin sobresaltos la mosca que merodea en la boca del hombre, las hormigas que la capturan cuando muere, la araña que recoge, indolente, los restos del festín de las hormigas. Todo lo demás es angustia y guerra.

Para finalizar, me gustaría destacar algunas reflexiones de Rahimi sobre la importancia de la cultura:
"Los fusiles no salvarán mi país, eso ya se ha demostrado. Si existe un único factor capaz de cambiar el mundo, ése es la cultura. Y lo estamos viendo hoy, por desgracia: la política y la economía nos han llevado al abismo, no por casualidad, sino porque la lógica política lo permite todo, abre la puerta a todos los excesos, y la economía lo justifica todo en meras cifras. Al final, lo único que nos aporta virtud y seña de identidad es nuestra forma de ser, de hablar, de comer, de vestirnos, todo eso es cultura, leer un libro o ver una película tiene en nosotros un efecto de espejo, nos enseña cómo somos. Otra cosa distinta es que con la cultura se puede manipular a la gente, eso está históricamente demostrado..., pero eso demuestra también su eficacia como arma. Por eso los dictadores nunca reprimen la economía, siempre reprimen la cultura".

sábado, 25 de abril de 2009

DE CHISMES, CHISMAS Y OTRAS MOVIDAS



Procura tener una buena historia que contar, y procura contarla bien, es decir, esmerándote en el lenguaje; porque será el buen uso de la lengua, no solamente la singularidad, la bondad o la oportunidad del tema, lo que va a preservar la obra del moho del tiempo”.
Juan Marsé. Discurso Premio Cervantes 2009.

Ayer, en un examen de pendientes de Lengua Castellana de 3º de ESO un alumno que hacía un ejercicio de análisis sintáctico me hizo el siguiente comentario: “Profe, aunque vaya mal alguna chisma de la movida, algo puntuarás, ¿no?”. Semejante precisión lingüística me recordó a otro alumno que en 4º de la ESO el año pasado me preguntó ante un poema que tenía que comentar:"¿Hay que hacer también el chisme de la chisma?". Reconozco con horror que en ambos casos entendí lo que querían decir. Tal es el cúmulo de muletillas, comodines y monosílabos que asolan las libretas y las bocas de mis alumnos que me he acostumbrado a entenderlos Y eso me inquieta, porque con la costumbre una rebaja su atención y casi está a punto de contestar: “Sí, claro, también hay que hacer el chisme de la chisma”.

No quiero hablar de todos los informes que nos alertan del deterioro del lenguaje que sufren los jóvenes de hoy (y sufrirán, porque acabarán siendo adultos en un mundo gobernado todavía por la palabra); informes que, por otra parte, según he oído en la tele, arrojan un atisbo de esperanza alegando que, aunque se expresan peor, poseen una mayor capacidad para manejar las nuevas tecnologías que los jóvenes de hace treinta años (¡! Sin palabras quedo).

Hoy quiero hablar de Juan Marsé, que el 23 de abril recibía el Premio Cervantes, nervioso pero contento, llevando en sus manos un discurso de ocho páginas. De su lectura no me voy a quedar con lo que ya han destacado los medios de comunicación: la defensa del bilingüismo, la nefasta influencia de la televisión, el papel del narrador o las referencias al cine. No, prefiero fijarme en la historia del aprendiz de joyero que a los trece años tuvo que abandonar una escuela que no le enseñaba nada, sólo a rezar el rosario y a cantar el Cara al sol. Juan Marsé recuerda como, cuando él tenía siete años, tuvieron que quemar en el sombrío jardín de una vecina todos los libros, revistas, documentos comprometedores, fotos, etc., por seguridad, porque su padre había estado preso por rojo y por republicano. Los pocos libros que se salvaron del escrutinio fueron leídos con avidez por el niño a su debido tiempo. Este aprendiz de joyero que después fue Premio Cervantes leía a Julio Verne, a Emilio Salgari, a Bécquer y todos los títulos que caían en sus manos de la hoy desaparecida literatura de quiosco. A los 16 años descubrió El Quijote, a Baroja, a Galdós, a Dickens,… “Tardes enteras de domingo sentado en los bancos ondulados del parque Güell, en el otoño del 49, bajo un sol rojizo y en medio de un griterío de niños jugando en la plaza entre nubes de polvo”.
Yo leí Últimas tardes con Teresa con dieciséis años, por recomendación, no por obligación, de un buen profesor de literatura que aún recuerdo con cariño, Antonio Couto. Y aún hoy recuerdo esa historia del macarra Pijoaparte que engaña a su novia, en coma tras un accidente, con una burguesa pija y progre. Pero además lo entendí perfectamente. Trescientas treinta y cuatro páginas de una historia bien trabada, con sus digresiones y descripciones, con su dosis de experimentalismo, con su lenguaje elaborado, con su crítica social. ¿Lo recomendaría hoy a mis alumnos de 4º de ESO? No. Yo, he de confesarlo, también quiero que me recuerden con cariño.

Pero entonces, el problema es que tenemos un gran problema. ¿Cómo es posible que un niño que abandona la escuela con trece años, en los años más duros y míseros de la posguerra, es capaz de leer obras literarias que, sesenta años más tarde, en la era del bienestar, no pueden leer adolescentes que acceden a la enseñanza con todas las oportunidades? ¿Cómo es posible que ese niño publique en su madurez una obra que encandila a una adolescente en los años ochenta y esa misma adolescente en su madurez no se atreva a recomendarlo a sus alumnos? La respuesta es que la pobreza léxica que invade nuestras aulas les impide comprender cualquier historia que, de comprenderla, les encantaría.

¿En qué recodo del camino nos -los- hemos perdido? No tengo respuestas pero me gustaría encontrarlas antes de empezar a sentirme culpable.

viernes, 17 de abril de 2009

LA GRAMÁTICA SE APRENDE LEYENDO Y ESCRIBIENDO

Manuel B. Cossío: "¿Por qué no suspender el abstracto estudio gramatical de las lenguas hasta el último año de la enseñanza escolar y ejercitar al niño en la continua práctica de la espontánea y libre expresión de su pensamiento, práctica tan olvidada entre nosotros, donde los niños apenas piensan, y los que piensan no saben decir lo que han pensado?"

Hay un artículo que guardo, como oro en paño, desde hace años. Se llama El gramático a palos y lo escribió un profesor de instituto de literatura cuando ya era escritor famoso, Luis Landero. No solo lo guardo sino que de vez en cuando lo desempolvo y lo leo para desempolvarme yo. Me parece un artículo de lo más acertado. Recoge completamente mi idea sobre la enseñanza de la lengua y de la literatura.
En su estilo cercano y preciso, Luis Landero ironiza acerca de tantos jóvenes “analfabetos ilustrados” que dominan los mecanismos de la gramática, que desentrañan sin esfuerzo los misterios de la sintaxis, que han diseccionado poemas, anuncios publicitarios, periodísticos, recetas, etc., pero que no han entendido nada. Y toda esa teoría lingüística se enseña – la enseñamos- para llegar a un objetivo fundamental: que nuestros alumnos aprendan a leer, a escribir, a crear, a valorar la literatura. Sin embargo, el camino es tan largo, tan laborioso, tan mecánico, tan técnico, tan absurdo a veces…que uno se pierde por asfixiantes laberintos sin llegar nunca a la meta. A Landero le parece kafkiano (“como en aquel relato de Kafka donde el mensajero del emperador no podrá llegar nunca a su meta porque la inmensidad del propio imperio se lo impide”). Y la meta debería ser la enseñanza y el conocimiento de esa “provincia” cada vez más relegada (y pienso en el desproporcionado temario de 2º de bachillerato y en el examen de selectividad) que es la literatura.
Las nuevas tendencias de la pedagogía (¿han estado alguna vez los pedagogos en las aulas?) abogan por acercar la realidad más inmediata a los alumnos (¿Cómo puede ser importante saber dónde está el río Missisippi si no conocen el río que corre por su pueblo?, decían), de aquí esa obsesión, que, a mi parecer,empieza a convertirse en peligrosa, por la enseñanza de las TIC’S. En este contexto, ¿cómo les pueden interesar a los alumnos las reflexiones de la madre Celestina cuando se dirige murmurando entre dientes a casa de Melibea, temerosa de que su treta falle? ¿Cómo pueden asimilar que las vanguardias poéticas fueron un movimiento creado por jóvenes rebeldes, inquietos, transgresores, cultos, que pretendían cambiar el mundo, y no una maraña de palabras incomprensibles puestas en un papel de forma absurda?, Y Pessoa, Lord Byron, Garcilaso, Luis Goytisolo, Quevedo, “¿qué se hicieron?”, “¿dónde iremos a buscallos?, /¿qué fueron sino rocíos /de los prados?”. ¡Ah, si don Quijote levantara la cabeza y viera a esos muy enemigos suyos burócratas de la enseñanza!
Un buen número de alumnos míos aborrece la literatura porque no solo hay que leer los textos sino que además hay que comprenderlos y, por si fuera poco, tienen que comentarlos y e incluso reflexionar sobre la forma y el contenido teniendo en cuenta la época en que fueron escritos y las peculiaridades de sus autores. Les supera. Escribir más de tres palabras seguidas inventadas por ellos a muchos les parece una tarea titánica. Con lo fácil que resulta la sintaxis, hacer oraciones en forma de árbol o de caja, frasepreposicionalenlacetérminofrasenominaldeterminantenominal, ¡tan mecánico, tan hermoso, sin necesidad incluso de comprender lo que se lee! Entiendo que, en los tiempos que nos han tocado, resulte muy descansado mantener a veinte angelitos entretenidos haciendo oraciones, aun con la conciencia atiborrada de remordimientos que nos muerden diciendo que no, que todos esos árboles centenarios creciendo en las libretas no les harán expresarse mejor ni comprender lo que leen.
Creo que debemos hacer un gran esfuerzo para cambiar un modelo que está fallando, que lleva fallando muchos años. De nada sirven el informe PISA, los planes lectores, las competencias básicas ni ningún invento salido de los despachos con el perverso fin de aumentar el gasto en fotocopias. Leed, leed, para comprender, para expresar, para valorar, ... leed aunque solo sirva para aprender lengua.

El artículo que menciono de Luis Landero está publicado en su libro: ¿Cómo le corto el pelo, caballero?, Tusquets,2003.


martes, 7 de abril de 2009

LIGERO DE EQUIPAJE.


Este año, que se cumplen setenta de la muerte de Antonio Machado, he estado releyendo los últimos capítulos de la biografía que Ian Gibson dedica al poeta: Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado (Punto de Lectura, 2007). El último viaje de Machado es largo: es un peregrinaje que comienza en noviembre de 1936, fecha en la que el poeta huye de Madrid y de la guerra – eso, sí, con su familia: su madre y su hermano José junto con su esposa y sus tres hijas-. Antonio Machado se siente viejo y está enfermo. Pero el poeta no deja de escribir, ahora defendiendo la causa republicana. Primero en Rocafort, Valencia, donde Machado pasa un tiempo relativamente tranquilo, rodeado de limoneros y naranjos, de fuentes y de luz, y recibiendo la visita de intelectuales y amigos que se preocupan por su deteriorada salud. En 1938 debe trasladarse a Barcelona. Es el principio del fin, ya no habrá retorno ni paz. En Barcelona, Machado y su familia viven en La Torre Castañer, un palacete del siglo XVIII en el que el poeta no se siente cómodo. De esta vivienda recordará dos años más tarde su hermano José:”Grandes habitaciones. Salones con profusión de espejos en marcos dorados, piano antiguo, cornucopias, litografías que amarilleaban por el tiempo y grandes y magníficas arañas.[…] Los dueños de esta morada eran por aquel entonces los ratones y la carcoma. La sensación que daba esta vieja Torre era la de que todo iba a caerse hecho polvo”. Al igual que en Valencia el escritor recibe constantes visitas. Todos quieren conversar con el maestro, con el poeta, con el amigo, todos constatan con tristeza y preocupación que su deterioro físico no cesa. La caída de Barcelona es inminente, José Machado envía a sus tres hijas al extranjero. La Nochevieja de 1938 es la última para el poeta. El domingo 22 de enero de 1939 Antonio, su madre, su hermano José y su esposa Matea parten para el exilio. Es una huida terrible, incómoda, plagada de cansancio, lluvia, frío, incertidumbre. Recuerda el filósofo Joaquín Xirau:” Cerca de la frontera los chóferes de las ambulancias que nos conducían nos dejaron en medio de la carretera, sin maletas ni dinero, al entrar la noche en un alto acantilado cerca del mar en medio de la muchedumbre que se apretujaba. El frío era intenso. Llovía abundantemente. Cuarenta personas. Mujeres. Niños. La madre de don Antonio, de ochenta y ocho años [sic], con el pelo calado de agua, era una belleza trágica”. Un hombre enfermo, viejo, -no un poeta-, un ser humano como tantos despojados de su dignidad. Machado pierde en la frontera un pequeño maletín en el que llevaba sus papeles más preciados y que el poeta había intentado poner a salvo. Llegan finalmente a Collioure, un pintoresco pueblo pesquero frecuentado a principios de siglo por artistas como Henry Matisse o André Derain. Un remanso de paz. El pueblo se vuelca con los recién llegados. Otros no han tenido tanta suerte y son desplazados a campos de refugiados, a campos de concentración. Pronto se propaga la noticia: un poeta español se hospeda en el Bougnol – Quintana. Se lo ha recomendado un joven empleado de ferrocarril, Jacques Baills, quien desconoce de momento que está recomendando su propio hotel a un poeta que él estudió cuando acudía a clases nocturnas de español. Días más tarde Baills le enseñará a Machado su cuaderno, en el que el joven había copiado algunos poemas, todos de la primera época: “Recuerdo infantil”, “Yo voy soñando/caminos de la tarde”. Machado, a pesar de su mala salud, pasea por el pueblo apoyado en su bastón y espera desesperadamente una ayuda económica y un trabajo que le permitan salir adelante. No podrá ser. El poeta empeora, entra en coma y muere en su cama el 22 de febrero de 1939, Miércoles de Ceniza, a las tres y media de la tarde. Tres días después fallece su madre. José, su hermano, encontrará en el bolsillo del gabán un papel arrugado que contiene los que probablemente sean los últimos versos del poeta: “Estos días azules y este sol de la infancia”, Emotivos versos, melancólicos y plásticos, que recuerdan al Machado de la primera época. ¿La placidez que se respiraba en el pequeño pueblo pesquero le traía retazos de su niñez en Sevilla, le hizo olvidar en algún instante su tragedia? Sea como fuere, Machado, el poeta, se nos fue como empezó, con el verso sencillo, contenido, sugerente, simbólico. Ligero de equipaje.

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