jueves, 24 de noviembre de 2016

"Fóllate a la tulla,cabrón". Una reflexión para el 25N




"Fóllate a la tulla, cabrón" reza la pintada, encajada desde hace años ya en el paisaje como didáctica concesión al  feísmo rural. El aforismo es anónimo, pero quizás esta letra  haya pasado por mis ojos algún curso. Con seguridad, yo habría puesto el acento en "cabrón", una tilde con bolígrafo verde enmarcada en un círculo.  Aunque no lo parezca dice más de lo que dice porque desenmascara al anónimo autor aunque siga permaneciendo en el anonimato. Decididamente, los estudios no son lo sullo*, es posible que no sepa que un pronombre posesivo es aquel que denota posesión o pertenencia.  Pero sabe cuál es la sulla* y cuál es la tulla*. Su posesión y la del otro. Tras el  verso se esconde una historia sentimental marcada por la infidelidad. Cuando se lo contaron sintió el frío de una hoja de acero en las entrañas pero no se apoyó contra el muro, no, sino que, ofuscado por tan becqueril desengaño, estampó su lírico sentir en él.

Durante los años que pasé por delante de ese muro no recuerdo que nadie borrase la pintada, que nadie hiciese mención a ella a pesar de mostrar su impúdica visibilidad hacia las ventanas de algunas aulas. Las malas hierbas y las zarzas la han ido desvaneciendo y es probable que solo quede fragmentada constancia en esta vieja foto que siempre me persigue cuando llega el día de pasarse el día reflexionando sobre la violencia de género.

66.000 mujeres han llamado este año en España al teléfono de atención a víctimas de violencia de género, muchas de ellas adolescentes, el colectivo más vulnerable. Ignoro cuántos miles de euros serán destinados a lacitos morados pero su efecto será igual a la buena voluntad de la miel con limón para curar la pulmonía.

El de la tulla* ha crecido en un mundo donde el fútbol es cosa de hombres; donde los héroes de los cómics son, en su mayoría, hombres; donde gran parte de los grupos musicales están liderados por hombres; en los libros de texto los inventos, los acontecimientos, los pensamientos, el ingenio y la creatividad son cosa de hombres; en la publicidad, los coches de alta gama que circulan por carreteras solitarias están conducidos por hombres mientras las mujeres sufren pérdidas de orina, tienen digestiones difíciles, toman infusiones para adelgazar y poder derrochar atractivo concupiscente en los anuncios de perfumes.

El de la tulla* escuchar reggaeton y canta en inglés lo que no comprende mientras engulle vídeos de sujetos con gorra que acercan su bálano a estrechas minifaldas quinceañeras. Su hermano pequeño también amuebla su infancia con  youtubers de memo ingenio mientras sueña con participar algún día en "Mujeres y hombres y viceversa" o soltar palabrotas e improperios en cualquier otro programa de máxima audiencia.

Me pregunto qué habrá sido de sulla*.  

domingo, 20 de noviembre de 2016

HOY NADIE SE ACORDARÁ DE SELMA

Verde niebla entre los árboles
20 de noviembre. La borrasca arrecia y la luz del amanecer pugna por abrirse paso entre nubes grises esponjadas de humedad. Me gusta empezar el día con un café y las noticias del mundo que se filtran entre ralladuras, vahos y demás efluvios publicitarios e interesados. Dedico más de una hora a podar, a abrirme paso entre la maleza, a desdoblar mensajes velados, a recomponer historias invisibles y a esquivar sin miramientos a molestos duendes que, cual Peeves fastidioso, desvían mi atención.

20 de noviembre. Muere, en 1910, León Tolstói, el viejo león, el conde que no haría rico ni a las grandes franquicias de ropa ni a las funerarias, el escritor infatigable que ahondó en el alma humana y dio su vida por la escritura, el pedagogo revolucionario que puso a los niños de Yásnaia Poliana en el mapa, y tantos logros y tantas generosidades y tantas miserias más de ser humano de vida intensa.
Tumba de Tolstòi

20 de noviembre. Hoy nadie se acordará de Selma. Hoy habría cumplido 158 años. Como no goza  de la indestructibilidad del latoso Peeves debemos suponer que Selma hace tiempo ya que ha abandonado este mundo. Efectivamente, Selma Lagerlöf falleció el 16 de mayo de 1940. Era sueca, pero no la  sueca estereotipada que protagonizaría un anuncio de la lotería si su nombre cayera en manos de los creativos de Leo Burnett, ¡hay tanta maleza que atravesar!, ¡hay tantos dragones contra los que empuñar la palabra y el pensamiento, que si Larra levantase la cabeza la perdería dos veces!

Selma Lagerlöf fue una escritora sueca, autora de un entrañable  libro de aprendizaje: El maravilloso viaje de Nils Holgersson (publicado por Anaya y, a día de hoy, posiblemente descatalogado). Pero es que además Selma fue una de esas mujeres cuya vida es un ejemplo de coraje y resolución. Siendo niña sufrió una displasia de cadera, lo que la obligó a pasar horas sentada. A pesar de los pocos recursos económicos de su familia se esforzó para estudiar una carrera universitaria. Fue una maestra excepcional, muy querida por sus alumnas. En 1909 recibe el Premio Nobel de Literatura. Es la primera mujer que lo consigue. Dedicó gran parte de su vida a la escritura pero también fue una mujer solidaria y combativa. Luchó incansablemente por los derechos de la mujer. Ya en su vejez, en las cercanías de la Segunda Guerra Mundial ayudó a muchos intelectuales que huían de la opresión nazi. Parece ser que subastó la medalla del Premio Nobel para esa causa.

En 1894 había conocido a Sophie Elkan, con quien convivió en pareja y a la que amaba profundamente, según se desprende de las cartas que se enviaban.

¡Cómo no recordar hoy a Selma!

Selma y Sophie

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