martes, 12 de enero de 2010

ASÍ ACTÚA EL HOMBRE BLANCO

Este es el título de un relato de Jack London. En él, un cazador se resguarda durante la noche en la cabaña de un anciano y pobre matrimonio indio y, mientras comparte su cena con ellos, escucha las quejas acerca de la actuación del hombre blanco en sus tierras. Ebbits, el viejo, se lamenta así:

"-El hombre blanco tiene los ojos cerrados -empezó-. El hombre blanco ve todas las cosas y piensa mucho y es muy sabio. Pero el hombre blanco de un día no es el mismo hombre blanco al día siguiente y no hay quién lo entienda. No hace las cosa siempre de la misma manera. Y no se puede saber cómo las hará mañana. El indio siempre hace las cosa igual. El alce siempre baja de las montañas cuando llega el invierno. El salmón siempre llega en primavera cuando el río ya no tiene hielo. Todo lo hace siempre del mismo modo y el indio lo sabe y lo entiende. Pero el hombre blanco no hace las cosas de la misma manera y el indio no lo entiende.
El tabaco es muy bueno. Es comida para el hombre que tiene hambre. Hace más fuerte al hombre fuerte y hace que el enfadado olvide el enfado y el tabaco tiene valor. Tiene gran valor. El indio da un salmón grande por una hoja de tabaco y la mastica durante mucho rato. Lo bueno es el jugo del tabaco. Cuando baja por la garganta hace que se sienta bien por dentro.¿Y que hace el hombre blanco? Cuando tiene la boca llena de jugo, ¿qué hace? Ese jugo, ese jugo de gran valor, lo escupe en la nieve y se pierde.¿Al hombre blanco le gusta el tabaco? No lo sé. Pero si le gusta el tabaco, ¿por qué escupe lo que tiene valor y lo pierde en la nieve? Es una gran tontería que no se entiende."

La referencia al tabaco es anecdótica y no se puede interpretar a la luz de la actualidad. Me interesa el mensaje: el hombre "civilizado" desprecia lo realmente valioso. Y viene esto a cuento porque estas Navidades (ya pasadas, ¡cómo pasa el tiempo!) viajé, como otras veces, a una ciudad del sur (no preguntéis a dónde) y, como otras veces, tiempo me faltó para acercarme al mar que mira a África. La foto que encabeza esta entrada es testigo de que estuve allí. El atardecer de invierno hacía tiritar de frío a los escasos paseantes que no miraban a la playa porque nadie, que yo sepa, se ha estremecido de emoción ante la melancólica belleza de un estercolero. "Toda esta basura la trae el mar", me espetó uno que por allí pasaba mirando con desprecio al agua inmunda."¡Qué alivio! - pensé- Menos mal que es culpa del mar, por un momento me atormentó la posibilidad de que tal desatino pudiera ser causado por el ser humano".

Y no es solo un problema medioambiental. El avión que me mantuvo en vilo durante una hora estaba atestado de ingleses y alemanes deseosos de gozar de la ciudad (pescaíto frito, sol y playa). A mí no me gustaría viajar al Caribe y sentir bajo mis pies desnudos la cálida arena tapizada de latas de cocacola, envases de suavizante y bolsas del Mercadona. Esto lo he visto yo en la playa, en una ciudad del sur, pero lo vi también hace años en un río del norte en el que las bolsas de plástico colgaban de las ramas de los árboles y siempre lamenté no haberlo fotografiado. ¡Ah! El jugo valioso que se escupe en la nieve.
(El texto de Jack London está tomado de: Amor a la vida y otros relatos. Traducción de Carmen Franci. Editorial Bambú, colección Letras Mayúsculas).

3 comentarios:

Carlota Bloom dijo...

Muy cierto. La "civilización" nos hace olvidar lo esencial: ¿Acaso importa mucho una playa sucia? Pues si queremos "limpieza" nos vamos al centro comercial, que está el suelo bien pulidito. Qué sabio este Jack London.

Joselu dijo...

He visto lugares hermosísimos llenos de basura y desechos. Es cierto que muchas veces no hay conciencia de ello. Sin embargo, a veces hay países impólutos y limpísimos -pienso en Suiza- cuya alma no está demasiado limpia. La limpieza no implica corazón ni generosidad. Y suelen ser los más precarios los más descuidados. Es algo para reflexionar. Un cordial saludo.

Hortensia Lago dijo...

Carlota, es cierto, los centros comerciales estaban a tope e impecables. ¿Qué interés puede tenen una playa si no hay allí nada que comprar?
Joselu, entiendo lo que dices, pero no es el caso. En esa ciudad mantener las playas limpias es posible con un uso responsable del dinero. ¿Por qué en algunas ciudades españolas solo se cuidan las calles principales y las playas en las que se bañan los que beben botellas de champán de 1000 euros?
Un cálido saludo para los dos.

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