miércoles, 22 de diciembre de 2010

Manteca de jamón

procedencia de la imagen
     Cuando vi en Las Noticias a un lloroso niño traumatizado porque, siendo él musulmán, el profesor osó mencionar el jamón, me fijé sobre todo, en los gestos de la madre, asintiendo ella compungida ante la afrenta sufrida por su pequeñuelo. En ningún momento pensé en su procedencia árabe.
     Yo solo vi a un niño malcriado y a una madre que lo apoya, es decir, más de lo mismo pero con una anécdota simpática. Que el niño sea musulmán y el motivo de la queja no me parecieron  trascendentes, más allá del rubor que debieron sentir muchos miembros de la comunidad árabe, cuyos líderes calificaron la denuncia presentada por la madre de "soberana tontería", y de las molestias sufridas por el profesor, obligado a declarar ante un juez (espero, por lo menos, que el ayuntamiento de Trevélez le regale un jamón,  porque yo, la próxima vez que vaya al Sur, a lo mejor, en vez de comprarme uno en Serón, me acerco a Granada).
     La anécdota podría quedar ahí si no fuera porque al día siguiente, casi sin quererlo, mientras apoyaba mis codos en la barra del bar de un hospital,  me vi envuelta en la polémica sobre el caso en uno de esos programas televisivos matutinos de gran audiencia nacional en los que los contertulios son expertos en todo y donde cada uno expone con virulencia su dogma de fe. Una, la más versada y respetada, defendía denodadamente al sufrido pimpollo frente a la poca pedagogía del profesor (sí, aunque los efluvios tabernarios me impedían el seguimiento total del acalorado debate, oí varía veces la referencia a la poca pedagogía  del profesor, que, en vez de contestarle áridamente al atribulado alumno, debió tener en cuenta la sustancia mantecosa y  etérea  con la que están compuestos nuestros alumnos. ¿No sabe él acaso que los angelitos se han educado sin defensas ante la frustracción, el esfuerzo y la diversidad de pensamiento? Hagamos de un capricho infantil un problema nacional, crucifiquemos una vez más al maestro e interpongamos la justa denuncia cada vez nuestros hijos suelten una lágrima de cocodrilo en el colegio. Es la mejor manera de seguir desautorizando al profesor.
Yo, por si acaso, voy a aprovechar las vacaciones para aprender finlandés.  

5 comentarios:

Joselu dijo...

Tengo bastantes alumnos musulmanes y suele salir el tema del jamón y el cerdo en los ejercicios gramaticales. Ellos ponen cara de horror ante la costumbre española de comer ese animal que hoza en las porquerías, pero no pasa de allí. Creo que nos miran como poco civilizados, pero todo se resuelve con unas risas y miradas simpáticas. Otras veces sale el tema de la fiesta nacional y también lo consideran cruel y sanguinario. Me gusta ese contraste de puntos de vista que nos lleva a interesarnos por su cultura a la par que ellos se abren a la nuestra. El caso del niño que citas es realmente una tontería a la que no cabría ponerle amplificaciones en teleprogramas basura. Tienes razón: todo se reduce a un niño malcriado y a una familia condescendiente. Creo que no es un caso extendido. Me solidarizo con el profesor en cuestión. Aprovecho para desearte dicha en estos días de relajación y encuentros familiares. Un cordial saludo.

Carlota Bloom dijo...

Efectivamente, un niño consentido sin más historias. A mí, hace ya algunos años, vino un padre a quejarse porque, según él, le mandaba "guarrerías" a su hija como lectura de clase (era La Celestina). No veas qué follón armó, el buen señor.
Yo también quiero felicitarle las fiestas, las vacaciones, el año nuevo...Muchos besos, Hortensia.

Hortensia Lago dijo...

Joselu, en mi centro no hay alumnos musulmanes, pero a mí siempre me parece positivo el intercambio entre culturas. En esta historia me gustó la actitud de la comunidad musulmana, que, a diferencia de los programas basura, no aprovechó para crear polémica sino que mantuvo una actitud de lo más razonable.
Carlota, eso también me pasó a mí alguna vez,... lo peor es que los padres no ponen mala cara cuando sus hijos ven en la tele auténticas "guarrerías".
Lo que me preocupa del caso es que, en vez de resolver el conflicto usando los cauces habituales del centro (tutoría, dirección) se interpusiera una denuncia. Creo que eso también se copia de la tele.
Felices fiestas a los dos.
Un abrazo.

Fata Morgana dijo...

Desautorizado el profesor, convertidos los niños en tiranos, apapostiados los padres, vaya... lo que nos merecemos. Toda esta sociedad ha creado el monstruo.

Fata Morgana dijo...

Por cierto, yo tuve una alumna musulmana que acabó cambiando de centro, no porque la trataran mal los compañeros, sino, simplemente, porque la ignoraban soberanamente. Y de quejas de padres, os puedo contar la que me cayó cuando puse como lectura trimestral "La flaqueza del bolchevique". No les escandalizaba a los papás la relación entre un tío de 35 años y una chica de 15, no... lo que los ponía fuera de sí era la cantidad de palabrotas que tenía el libro. Eso sí, la expresión que más se oye durante una guardia de recreo del patio es "me cago en dios" (sic.)
Encantada de departir con vosotros, como siempre. Un besazo.

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