sábado, 30 de enero de 2010

30 de ENERO,¿DÍA DE QUÉ?


Día Contra la Violencia de Género, Día Mundial para la Defensa del Medio Ambiente, Día de la Paz,... ¿Son campañas que consiguen algún objetivo de los que persiguen? Creo que en general, no. Por eso desconfío de ese tipo de celebraciones, a las que le viene bien aquello de "Pasó el día y pasó la romería" y esto otro de "A otra cosa, mariposa". Tras el reparto de carteles, pegatinas, lacitos y caramelos casi siempre queda un vago rumor que se atenúa a la vez que se activa de nuevo el mercandising del siguiente Día Mundial, porque después de un Día Mundial llega otro Día Mundial con la partida presupuestaria necesaria para celebrarlo. ¿Cuidan más el medio ambiente los que no lo hacían?, ¿Nos interesa consumir menos para contaminar menos?,¿El maltratador en ciernes recordará aquello de "Si te pega no te quiere" antes de levantar la mano?,¿Y la mujer, lo tendrá en cuenta?, ¿Será nuestro mundo más pacífico que hoy pasado mañana? Cuando en la plaza de alguna ciudad importante se lancen palomas al aire de las ondas televisivas, ¿cuántos pensarán Afganistán, Chad, Danfur, Irak, Sri Lanka, Chechenia, Palestina, Israel, ...?

viernes, 15 de enero de 2010

HAITÍ

Reuters
El terremoto de magnitud 7 que sacudió hace unos días Haití fue 35 veces más potente que la bomba atómica que desoló Hiroshima al final de la Segunda Guerra Mundial (en palabras de Roger Searle, profesor de Geofísica en la Universidade de Durham). Poco podemos hacer cuando el horror (sea este causado por el ser humano o por la Naturaleza) nos atrapa en sus redes de muerte y dolor. Pero ese poco que podemos hacer puede ayudar a muchas personas. Leo en la prensa la desesperación de los haitianos, impotentes ante su desgracia, incapaces de enterrar a sus muertos; ellos, los vivos, también muertos de alguna manera, víctimas de una muerte transitoria que permanecerá siempre, desesperados porque la ayuda internacional que existe, que se prevé generosa y que llega a Puerto Príncipe, no ha llegado aún, sin embargo, para paliar su dolor ni su rabia ni su hambre ni su sed. Las deterioradas infraestructuras, las personas que se agolpan en la frontera para abandonar el país, los cadáveres sin nombre abandonados al pairo, los vivos supervivientes, ... asistimos desolados a una pesadilla en la que aunque queremos correr no avanzamos. Haití, Hiroshima... todos los infiernos son el mismo. Sólo la solidaridad, aunque llegue tarde, los salvará: "Piensa globalmente, actúa localmente".
Del diario El País tomo este enlace con los números de cuenta de las distintas ONG'S con las que podemos colaborar.
Fragmento del poema Cero, de Pedro Salinas:Invitación al llanto. Esto es un llanto,
ojos, sin fin, llorando,
escombrera adelante,
por las ruinas de innumerables días. [...]
Ya encontré mi cadáver, el que lloro.
Cadáver de los muertos que vivían
salvados de sus cuerpos pasajeros.
Un gran silencio en el vacío oscuro,
un gran polvo de obras, triste incienso,
canto inaudito, funeral sin nadie.
Yo sólo le recuerdo, al impalpable,
al NO dicho a la muerte, sostenido
contra tiempo y marea: ése es el muerto.
Soy la sombra que busca en la escombrera.
Con sus siete dolores cada una
mil soledades vienen a mi encuentro.
Hay un crucificado que agoniza
en desolado Gólgota de escombros,
de su cruz separado, cara al cielo.
Como no tiene cruz parece un hombre.
Pero aúlla un perro, un infinito perro
—inmenso aullar nocturno ¿desde dónde?—,
voz clamante entre ruinas por su Dueño.

martes, 12 de enero de 2010

ASÍ ACTÚA EL HOMBRE BLANCO

Este es el título de un relato de Jack London. En él, un cazador se resguarda durante la noche en la cabaña de un anciano y pobre matrimonio indio y, mientras comparte su cena con ellos, escucha las quejas acerca de la actuación del hombre blanco en sus tierras. Ebbits, el viejo, se lamenta así:

"-El hombre blanco tiene los ojos cerrados -empezó-. El hombre blanco ve todas las cosas y piensa mucho y es muy sabio. Pero el hombre blanco de un día no es el mismo hombre blanco al día siguiente y no hay quién lo entienda. No hace las cosa siempre de la misma manera. Y no se puede saber cómo las hará mañana. El indio siempre hace las cosa igual. El alce siempre baja de las montañas cuando llega el invierno. El salmón siempre llega en primavera cuando el río ya no tiene hielo. Todo lo hace siempre del mismo modo y el indio lo sabe y lo entiende. Pero el hombre blanco no hace las cosas de la misma manera y el indio no lo entiende.
El tabaco es muy bueno. Es comida para el hombre que tiene hambre. Hace más fuerte al hombre fuerte y hace que el enfadado olvide el enfado y el tabaco tiene valor. Tiene gran valor. El indio da un salmón grande por una hoja de tabaco y la mastica durante mucho rato. Lo bueno es el jugo del tabaco. Cuando baja por la garganta hace que se sienta bien por dentro.¿Y que hace el hombre blanco? Cuando tiene la boca llena de jugo, ¿qué hace? Ese jugo, ese jugo de gran valor, lo escupe en la nieve y se pierde.¿Al hombre blanco le gusta el tabaco? No lo sé. Pero si le gusta el tabaco, ¿por qué escupe lo que tiene valor y lo pierde en la nieve? Es una gran tontería que no se entiende."

La referencia al tabaco es anecdótica y no se puede interpretar a la luz de la actualidad. Me interesa el mensaje: el hombre "civilizado" desprecia lo realmente valioso. Y viene esto a cuento porque estas Navidades (ya pasadas, ¡cómo pasa el tiempo!) viajé, como otras veces, a una ciudad del sur (no preguntéis a dónde) y, como otras veces, tiempo me faltó para acercarme al mar que mira a África. La foto que encabeza esta entrada es testigo de que estuve allí. El atardecer de invierno hacía tiritar de frío a los escasos paseantes que no miraban a la playa porque nadie, que yo sepa, se ha estremecido de emoción ante la melancólica belleza de un estercolero. "Toda esta basura la trae el mar", me espetó uno que por allí pasaba mirando con desprecio al agua inmunda."¡Qué alivio! - pensé- Menos mal que es culpa del mar, por un momento me atormentó la posibilidad de que tal desatino pudiera ser causado por el ser humano".

Y no es solo un problema medioambiental. El avión que me mantuvo en vilo durante una hora estaba atestado de ingleses y alemanes deseosos de gozar de la ciudad (pescaíto frito, sol y playa). A mí no me gustaría viajar al Caribe y sentir bajo mis pies desnudos la cálida arena tapizada de latas de cocacola, envases de suavizante y bolsas del Mercadona. Esto lo he visto yo en la playa, en una ciudad del sur, pero lo vi también hace años en un río del norte en el que las bolsas de plástico colgaban de las ramas de los árboles y siempre lamenté no haberlo fotografiado. ¡Ah! El jugo valioso que se escupe en la nieve.
(El texto de Jack London está tomado de: Amor a la vida y otros relatos. Traducción de Carmen Franci. Editorial Bambú, colección Letras Mayúsculas).

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