domingo, 28 de febrero de 2010

EL BOSQUE QUE NO DEJA VER EL ÁRBOL


Ahora que nos quejamos tanto del adormecimiento mental en el que parecen caer nuestros adolescentes no está de más recordar que no está brotando, cual habichuela mágica, una nueva estirpe social salida de la nada. Ya hacia el siglo I d.C. Petronio inicia su Satiricón (¡lo que escandalizaría hoy en día si se leyese, con lo mojigatos que nos hemos vuelto!) una amarga queja contra la educación de los jóvenes:
"Seguro estoy de que la razón del total embrutecimiento de estos jovencitos en la escuela es que nada de lo que allí oyen o ven les da una imagen real de la vida. Solo se trata allí de piratas emboscados con cadenas en las playas, de tiranos que obligan a la gente con sus edictos a decapitar a sus propios padres, de sentencias de oráculos que en epidemias ordenan inmolar tres o más vírgenes. Todo no es sino fraseología altisonante y dulzona. Todo, palabras y acciones, da la impresión de estar sazonado con adormidera y ajonjolí."

Más adelante leemos, ahora por boca de otro personaje:
"A fin de cuentas, no son los profesores los que tienen la culpa de estas prácticas pues están obligados a decir tonterías en medio de tantos imbéciles. Si sus lecciones no agradaran a estos chicos, 'se quedarían solos en sus conferencias', como decía Cicerón. [...] El maestro de elocuencia es como el pescador que, si no pone en su anzuelo el cebo deseado por los pececillos, permanecerá toda la vida sobre la escollera sin esperanzas de pescar nada.
¿Conclusión? Son los padres quienes deben ser reprobados, pues no quieren hacer educar a sus hijos con una disciplina severa."

Para los que no conozcan El Satiricón, les advierto de que no se trata de un libro sobre educación en valores ni mucho menos. Es la primera novela occidental, escrita en latín vulgar. Se considera el antecedente de la novela picaresca, irreverente, realista, plagada de referencias sexuales, escrita en un lenguaje a veces crudo y soez, inconclusa, sarcástica, despiadada, caótica y transgresora. Relato en el que se insertan otros relatos, el hilo que hilvana todas las historias es el deambular del protagonista, Encolpio, junto con su amante Gitón, en un periplo, aparentemente sin rumbo, que sirve al autor para retratar la sociedad de su tiempo. Por favor, no se la recomienden a sus alumnos, no la entenderían.

O sí. A veces pienso que no estaría de más aplicarme aquello de que la frondosidad del bosque ofusca los sentidos e impide ver los árboles. No todo serán estacas para quemar en la fabulosa pira de la ignorancia. No nos ha tocado vivir el peor de los escenarios educativos aunque es el que nos ha tocado vivir y nos duele. Miro a mi alrededor en las aulas donde doy clase y constato con preocupación que en 4º de la ESO hay alumnos que escriben "pos", "haiga", "ayí","mui", que no saben leer con soltura y a los que les resulta imposible desentrañar el contenido de un capítulo de Los pazos de Ulloa que no debería ofrecer tantas dificultades como ellos me muestran, abrumados porque no entienden. Pero a su lado hay otros que sí entienden. Solo ahora, ya tarde, caigo en la cuenta de que gran parte de mis alumnos de Literatura Universal de 2º de bachillerato (no son muchos, solo siete) no han mejorado su opinión con respecto a las grandes obras de las que hemos leído fragmentos. A propósito de Kafka, mencioné una anécdota de la vida del escritor checo que Jordi Sierra i Fabra recrea en una de sus imnumerable lecturas juveniles. De pronto, despertaron contentos de poder opinar sobre uno de los mejores escritores que conocen (y no me refiero a Kafka), incapaces de entender mi desprecio hacia sus artes literarias. Sin embargo, hace unos días, una alumna me dio las gracias porque está aprendiendo mucho en mis clases. Ahora, sin que yo se lo haya mandado, está leyendo Lolita de Nabokov. Otro se ha llevado de la biblioteca El guardián entre el centeno, eso sí,...para que lo lea su madre... por algo se empieza.

lunes, 1 de febrero de 2010

LAS CRISISES ME ATORMENTAN


Cuando leí en el examen de Pendientes de 2º de ESO que el plural de crisis era "crisises" y el de vejez "vejezes", que el pobre muchacho hubiera puesto como femenino de varón "varona" me pareció un fallo menor. ¡Y a mí, que nunca he dado clase ni en 1º ni en 2º de la ESO, me parecía que preguntar por la formación del femenino o del plural era lanzarlos en cohete hacia un sobresaliente seguro!
Pero que lo que está mal se puede empeorar lo comprobé cuando eché el ojo a un segundo examen y vuelvo a leer que el plural de crisis es, como no podía ser de otra manera,"crisises". ¡Dos de un golpe!, que diría El sastrecillo valiente.
Algunos docentes zanjarían el asunto desentendiéndose de él, es decir, echándole la culpa a otros: los maestros en la primaria, ¿qué enseñan?; los padres, ubi sunt?; las TIC´S, ¿realmente mejoran la capacidad de raciocinio?;o mejor, la culpa es de la tele, ese muñeco diabólico,...si no, ¿por qué Mercedes Milá ha pasado de ser una periodista profesional a convertirse en una cebolla histriónica y malhablada? (Quizás lo soñé, pero creo haberla visto disfrazada de cebolla, histriónica y malhablada ella).
Ya lo decía Daniel Pennac, sin añadir nada nuevo, en Mal de escuela: "Sí, al escuchar el zumbido de nuestra colmena pedagógica, en cuanto nos desalentamos, nuestra pasión nos impulsa primero a buscar culpables. El sistema educativo parece, por otra parte, estructurado para que cada cual pueda pueda designar cómodamente al suyo. LEER MÁS.
Cualquier persona sin estudios que no sepa lo que es un plural sabe, aunque no pueda explicarlo, que crisis no tiene plural. El aprendizaje de la lengua no es un fenómeno ajeno al desarrollo de la capacidad de pensar. Solo una persona que no piensa lo que dice puede decir crisises. ¡Qué más da como se ponga! me repite continuamente un alumno de 4º de ESO cada vez que leo lo que escribe y le señalo que cuando se empieza a escribir se pone mayúscula, que un texto se puntúa, que los nombres propios se escriben con mayúscula pero los nombres comunes, no. ¡Qué más da, ohhh! Y ahí está, a mi parecer, el hilo del que hay que tirar: hay alumnos que no quieren pensar, que les da igual.
Me pregunto qué responsabilidad tenemos nosotros, los docentes, en este deterioro intelectual. Porque no podemos olvidar que es mucho el tiempo que pasamos juntos, nosotros y ellos. ¡Te veo a ti más que a mi madre, profe! me dijo un día una alumna, abrumada porque le mandé hacer una redacción para la que necesitaba el testimonio de un familiar.
El fracaso escolar pesa como una losa y otros que nunca han estado en las aulas deciden por nosotros los planes de estudio y las nuevas estrategias educativas mientras consentimos en silencio, -rencorosos, abatidos o incombustibles- pero aislados en celdas mínimas como monjes medievales resignados a la suerte que les manda su Señor.
Pero esos muchachos que escriben lo que no son capaces de meditar -más ellos que ellas- son el futuro: son los padres, los profesionales, los dirigentes del mañana. Dice el gobierno que al no aumentar la tasa de natalidad tiene que retrasarse la edad de jubilación hasta los 68 años para que no peligren las pensiones. Si no hacemos oír nuestra voz en la decisiones que atañen a la educación, si no digerimos nuestra ración de culpa, no serán las pensiones lo único que puede peligrar. La historia ha dado ya suficientes muestras de la habilidad de los ignorantes para subirse al carro del poder.

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