miércoles, 21 de septiembre de 2011

Huelga


Tolstói enseñando en la escuela de Yásnaia Poliana
Ayer me he acostado pensando: "No voy a la huelga" y hoy me he levantado diciendo: "Voy". 
Había pensado no ir porque considero que la huelga, en la enseñanza, no es el camino. Nuestra protesta no inunda las calles de basura, nuestro parón no colapsa los hospitales, la leche seguirá llegando a los supermercados aunque los alumnos no tengan clase. La huelga de enseñantes aumenta la jornada laboral de los abuelos y provoca gran alegría en los adolescentes, que se apuntan a todas.  Además, la administración se ahorra una pasta mientras algunas damas de herrumbre de la política (mirada abyecta encima de sonrisa cargada de profundo desprecio y falsedad) se frotan las garras de la manipulación mientras (sin ningún tipo de pudor lingüístico y con tono zafio y chabacano más propio de la telebasura) insisten en la vagancia del maestro, en su deseo de trabajar poco, en su insolidaridad con el resto de los trabajadores; "¡Ved, ved, que poco trabajan, como se apuntan a la huelga porque no quieren trabajar 20 horas mientras los currantes de verdad se parten la espalda trabajando de sol a sol!" mienten conscientes de su mentira. Saben lo que hacen. Y lo hacen con maldad. Por eso voy a la huelga.
No quería ir porque me apetece empezar. Quería llevarles a mis alumnos de Literatura Universal de 2º de bachillerato la primera historia de "Las mil y una noche", en versión de R. Khawam. Había fotocopiado el texto de Schami del que les hablé en la entrada anterior para los de 1º de ESO porque no podemos utilizar los ordenadores, ya que en las aulas de 1º no ha llegado nada: ni cañón, ni pizarra digital, ni ordenadores.Sin embargo, los altos cargos alardean de los logros del Plan Abalar, ¿y el dinero presupuestado, Ubi est?
No quería ir a la huega porque desconfío de  los liberados sindicales. Es algo visceral. Sus miradas me parecen oscuras y su discurso viciado. No me dan buena espina. Quizá, como propone Piensa - Volens, deberían suprimirlos. ¿Qué hace un liberado sindical? ¿Por qué el movimiento sindical apenas ha evolucionado desde sus inicios? ¿Por qué su lenguaje me resulta instintivamente tan manipulador?
La educación es demasiado importante para dejarla en manos de políticos y sindicatos.  Ambos nos manipulan. Habrá que hacerles frente.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Empieza el curso,... la primera vez para algunos

Fotograma de El chico, Charles Chaplin.
La magia de los blogs y de las redes sociales para la educación no es solo que uno pueda servirse del material o de las ideas de otros (me parece bien lo de compartir, ¿para qué arrinconar en la carpeta aquello que puede ser útil a muchos?) sino que las ideas de otros pueden encendernos luces en nuestras abigarradas cabezas (la mía, por lo menos, está como mis armarios, llena de trastos, no sé si útiles o inútiles, que esperan su oportunidad para salir si surge la ocasión porque por el momento no pienso poner orden en ellos - ni en los armarios, ni en la cabeza,quiero decir-).
En fin, que una actividad chulísima que descubrí en A pie de Aula, Mi primera vez, me recordó un fragmento de El lado oscuro del amor (ya he hablado de ese libro de Schami en el blog) en el que Farid, el protagonista, va por primera vez al cine y ve "El chico" de Chaplin. Como llega tarde a casa, su padre le da una paliza que hoy en día supondría la perdida de la patria potestad.
He preparado una actividad con  estos materiales en mi blog PONTEpalabraS para mis alumnos de 1º de ESO. Son actividades de comprensión sencillas pero creo que tanto el texto como la película ofrecen un sinfín de posibilidades didácticas. Espero que  les resulten útiles o, por lo menos, que les abran el camino a nuevas ideas.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Pesadilla antes de empezar


Las tentaciones de San Antonio (fragmento del tríptico), El Bosco.
Yo, como Hieronymus, también veo monstruos.
Como decía un personaje de Antón Chéjov: " A algunos el saber les aprovecha, mientrar que a otros solo les confunde". No puedo saber si el saber les aprovecha o no a esos cráneos privilegiados que idean programaciones de aula en despachos de diseño, pero  a mí, desde luego, el saber burocrático me trastorna de tal manera que me despierta instintos oníricos.
De hecho, en estos momentos soy presa de una extraña pesadilla que quiero compartir con ustedes.
Como el Adrien Deume  en Bella del Señor de Albert Cohen (pincha AQUÍ) algún alto funcionario también debió decir en algún momento: ¡A trabajar! y entre expediente y bostezo se ha sacado de la manga (que no  sesera) una interesante lista de elementos que debo incluir en mi programación: contenidos, objetivos, destrezas, procedimientos, competencias y demás perifollos vacuos.   Para que se hagan una idea, este sería un ejemplo del resultado final:

 1.-Concepto: 
 El diálogo y sus tipos.
2.- Objetivo:
Saber qué es un diálogo y sus tipos.
3.- Procedimientos, destrezas y habilidades
Escritura de un diálogo.
4.- Competencia lingüística
Identificar un diálogo, analizar el contenido de un diálogo y escribir un diálogo.
5.-  Criterios de evaluación:
5.1.- Saber qué es un diálogo y sus tipos.
5.2.- Saber escribir un diálogo.

Y todo esto repetido tediosamente en 6 niveles (de 1 de ESO a 2º de bachillerato), 7 materias (también Literatura Universal), 12 unidades en cada nivel (en 2º de bachillerato, más), 8 conceptos por cada unidad. Si la discalculia no me juega malas pasadas la cuenta sería esta:  8 x 12 x 7 x objetivo, procedimiento,destreza,  competencia, criterio,..

¿A qué parece pesadilla o delirio de mandrágora?

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