domingo, 16 de septiembre de 2012

Leer adelgaza pero ensancha

De la ilustradora Claudia Bettinardi. Marcovaldo encuentra setas en la ciudad. Del gran Italo Calvino. Apto para todas las edades, incluso para los adolescentes. De como el choque entre los sueños y la realidad puede arrancar una sonrisa.

Ahora me entero de que leer las etiquetas de los alimentos adelgaza . Así que aquello de que la  lectura es alimento del alma  no era pura poesía sin  base científica. Basta con leer para mantener la figura. Y si nos fijamos bien, esto ya estaba en El Quijote porque el de la Triste Figura debe la suya al mucho leer y poco comer. Claro que muchos pueden decir que mientras uno lee no come, pero es que yo, como diría Henry Miller, "Si tuviera que elegir entre un chuletón de ternera y Jean Giono, me quedaría con Jean Giono". ¡! Bueno, he de confesar que Henry Miller no lo dijo exactamente así, pero yo quería aprovechar para recomendarles la lectura de El húsar en el tejado.
Tengo una vecina cubana que, aun sin estudios ni aficiones lectoras conocidos, debe de haber leído bastantes etiquetas.  Lleva diez años viviendo aquí y, cuando coincidimos con nuestras hijas de la misma edad, me cuenta sus tribulaciones del día a día: las dificultades para encontrar trabajo estable, el malabarismo diario de ocuparse  sola de  sus tres hijos. Hoy hemos hablado "del que dirán" en los pueblos pequeños. Porque vivimos, para que ustedes se hagan una idea, en el Yonville-l'Abbaye de Flaubert, pero con mar. Ella, con la contención del que teme ofender pero con la seguridad que da la confianza en el receptor, me hablaba de la mentalidad cerril (en realidad, no usó esa palabra) que observa diariamente en ciertas personas. Con amargura contenida, reivindicaba su espíritu extrovertido, su carácter espontáneo  y confiado, su alegría de vivir de forma responsable pero sin los corsés de unos prejuicios hipócritas.  Y yo la instaba a huir de la necedad de los que no han salido de su ombligo, oponía su sangre caliente del Caribe a las seseras calenturientas absorbidas por el tedio y la envidia. De pronto me dice: "Oye, yo no sabía que tú tenías una mente tan abierta. Pero claro, es normal, con los libros que lees". Es que leer, además de adelgazar, ensancha. Y de eso se da cuenta cualquiera.

2 comentarios:

don Gerardo de Suecia dijo...

Muy interesante! Soy profesor de español jubilado en Suecia!

Hortensia Lago dijo...

Gracias, don Gerardo. Saber que lo que uno escribe es apreciado desde lugares tan lejanos da mucho ánimo.

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