domingo, 1 de septiembre de 2013

Bella, la cruel.

Bebé tibetano. Steve McCurry
     Acercar la literatura a los alumnos. He ahí el reto. Jornadas lectoras, marchas por la lectura, globos en el cielo para que los jóvenes lean, cien mil firmas en favor de la creatividad narrativa, huelga de hambre docente para animar a leer poesía. ¡Leed, leed, malditos! Leed todo lo que os hemos preparado para que no digáis que no. Lo hemos acercado tanto a vuestro pequeño mundo que no podéis decir que leer no os gusta: tramas sencillas y previsibles, narrador lineal, en primera persona para que os identifiquéis con él y con sus granos, narrador en tercera persona amigo de los buenos e implacable con los malos. Nosotros somos los buenos. Decimos tacos, eskribimos guay, estamos a punto de caer en la anorexia, pero esa amiga en la que no creíamos nos salva, exaltación de la amistad a tope. Estamos a punto de caer en las drogas, nuestro amigo muere, pero nosotros no. Nos violan, nos acosan en el instituto, asesinamos al profesor de matemáticas, venimos en patera, odiamos al inmigrante, queremos ser futbolistas, nos enamoramos del profesor de matemáticas, la protagonista se comunica con el fantasma de su padre asesinado a través de la tablet. ¡Qué fuerte, Dióooos, tía! Acompañamos al protagonista en su lucha contra el Mal. Sabemos dónde está el Mal porque solo con leer dos novelas de J.M. Latorre ya nos olemos que por donde pasa hay un hedor pútrido que siempre es el mismo. Y cuando el profe reparte el cuestionario de lectura siempre podemos decir que el libro me gustó porque es sencillo, no hay palabras que no se entiendan (bueno, hubo que busca "pútrido", que quiere decir "podrido, corrompido" según el buscador RAE del Samsung Galaxy que utilizo para copiar en los exámenes). También me gustó el libro porque al final todo se soluciona y la chica de la minifalda azul se lía con el neonazi que le rompió la cabeza al rumano en el primer capítulo. Al final, el rumano deja de robar por amor a la chica pero vuelve a su país (muy emotiva si despedida, ya la había leído en otros diez libros similares)  y el neonazi comprende, por amor a la chica (que nunca, nunca lo abandonó a pesar de los desplantes porque en el fondo sabía que era bueno), que todos somos iguales. Educación en valores.  Lo que más me gustó del libro fue que se lee rápido, no tiene palabras raras (de esas que usa la profe) y el final es feliz. Yo le pongo un 10 y se lo recomiendo a todo Dios.Objetivo cumplido. Un punto en la evaluación. Éxito total del comistrajo. Que la editorial nos envíe al  insigne creador de entre la legión de pipas, chalinas y melenas del mercantilismo literario para charlar con los alumnos e intercambiar impresiones.¿Cómo se te ocurrió la historia?, ¿has estado alguna vez en Rumanía? No, no ha estado jamás en Rumanía pero para perfilar al personaje, el artesano de las palabras ha usado la valiosa información de la Wikipedia. Además la historia se me ocurrió por casualidad una ventosa tarde otoñal en la que había visitado el caserón familiar allá en la aldea. Sabéis, chicos, en mi familia guardamos el secreto de una turbia historia,...Qué curioso. Muchos productores de literatura juvenil esconden una turbia historia familiar que les sirve de fuente de inspiración.

     ¿En serio creen que eso es acercar la literatura a los alumnos? Lo que yo creo es que el profesor que se queda en esa fase lo hace por alguna de estas razones:
a) No le gusta su trabajo.
b) No sabe, no contesta.
c) Cree que eso es justamente acercar la literatura a los alumnos.
d) No le gusta la literatura.

    ¿Por qué esa obsesión por meter con calzador ciento ochenta y tres páginas con portada, contraportada  y lomo en una mente que no lo desea? Un libro, aunque sea malo, es un libro, parecen pensar algunos. La absurda adoración del libro. Uno no se inicia en  la guitarra pretendiendo tocar un solo de Jimi Hendrix  pero tampoco se puede exigir que disfrute destrozando su sensibilidad con los acordes de Aserejé. Pues lo mismo para la literatura.

     De mi infancia lectora recuerdo los libros de lectura de Senda (Santillana). Dickens, Cervantes, Dostoievsky, Sánchez Ferlosio, Mark Twain, Jack London, ... Fragmentos de calidad literaria que permanecerán en la hipodermis de muchos. ¿Por qué renunciar a ello? ¿Por qué no acercar a los alumnos a la literatura, no a través de engendros pseudoleíbles y facilvendibles sino a través de fragmentos de buenas obras a las que, probablemente, muy pocos tendrán acceso en su vida?

     Yo les dejo aquí uno. Es de la novela de Mo Yan, Sorgo rojo. Dura,descriptiva, con constantes saltos temporales. Sorgo y sangre son palabras que se repiten hasta la asfixia. La violencia es extrema, los perros salvajes se comportan como humanos salvajes, la ternura amorosa se percibe vagamente en el ímpetu desbordado. La guerra, la muerte, el dolor, la maldad  son una forma de vida.

     Y de pronto, este fragmento anecdótico, hermoso y cruel:

                                                              BELLA, LA CRUEL
     Otra tormenta eléctrica  había estallado en esos días y la abuela vio un lugar en la plantación de sorgo, del tamaño de un mojón, donde las hojas estaban chamuscadas y quemadas: un punto de blancura cadavérica en medio del  verdor circundante. Sabía que allí había caído un rayo y recordó que el año anterior el rayo había matado a su amiga Bella, una chica de diecisiete años, friéndole literalmente el cabello y reduciendo a cenizas su ropa. En su espalda habían visto, dibujadas a fuego, unas figuras que, según decía la gente, eran la escritura de los renacuajos celestiales.
     Hubo rumores de que la avaricia de Bella le había costado la vida y había sido la causa de la muerte de un bebé abandonado. Nadie ahorraba los detalles espeluznantes al relatar que, de camino al mercado, la joven  oyó el llanto de un bebé cerca de la carretera. Se acercó a echar una mirada y cuando apartó las mantillas se encontró con un niño rosado, recién nacido, y con una nota que decía: “El padre tenía dieciocho años, la madre diecisiete, la luna brillaba en medio del cielo, las tres estrellas lucían al oeste del firmamento, cuando nació nuestro hijo Alegría del Camino. El padre ya se había casado con la Hermana Segunda Zhang, una muchacha  de la Aldea de Poniente, que no tenía pies vendados. La madre se casará con el Tuerto de la Aldea de Naciente. Nos destroza el corazón tener que abandonar a nuestro hijo recién nacido. Por el mentón del padre y por las mejillas de la madre no cesan de rodar las lágrimas, pero ahogamos nuestros sollozos para que nadie pueda oírnos. Alegría del Camino, Alegría del Camino, nuestra alegría en el camino, quienes te encuentren habrán de ser tus padres. Te hemos envuelto en una pieza de seda y hemos dejado veinte dólares de plata. Suplicamos al corazón tierno de quien pase por la carretera que aumente su karma salvando la vida preciosa de nuestro hijo”.
     La gente decía que Bella se quedó con la seda y los veinte dólares y abandonó al bebé en el campo de sorgo; por eso los cielos la castigaron enviándole un rayo mortífero. Como Bella había sido su mejor amiga, la abuela no había creído aquellos rumores, por supuesto; pero al reparar en los misterios trágicos de la vida, su corazón era presa del desconsuelo y la melancolía. 

7 comentarios:

Lu dijo...

Es cierto que hay obras juveniles "facivendibles" y de poca calidad literaria, pero también lo es que algunas se salvarían de la quema.
A muchos nos gusta leer (sin descanso), pero nuestros alumnos están a años luz de comprender a los clásicos. Ante el dilema de dar de leer un libro que pocos digerirán u ofrecer una lectura que sí pueden compartir, comentar, saborear... Me inclino por lo segundo. En los catálogos de LIJ también hay obras que vale la pena recomendar.

Hortensia Lago dijo...

Lu,
perdona que no haya contestado antes a tu comentario pero la verdad es que, no sé por qué, lo acabo de ver hoy mismo.
Estoy de acuerdo contigo en que es mejor recomendar libros de literatura juvenil antes que un clásico insufrible e ilegible para ellos. Yo también recomiendo literatura juvenil (esta evaluación, algunos alumnos de 3º han leído La habitación de Babel de Eliacer Cansino; mis alumnos son fans de Ana Alcolea,por poner dos ejemplos). También han leído bests seller actuales interesantes (te recomiendo para tus clases Entre tonos de gris de Ruta Sepetis). Aunque también han leído El señor de las moscas o El diario de Ana Frank.
Mi crítica va, sobre todo, para esos docentes que han tirado la toalla, que recomiendan cualquier cosa, a veces, de una calidad tan lamentable que hasta los alumnos se dan cuenta (me gustaría hablar de eso en el blog). Creo que, aun en literatura juvenil, hay que apostar por unos mínimos. Lo fácil es dejarse guiar por las recomendaciones de las editoriales. Yo, en mi juventud, también leí libros juveniles muy malos (recuerdo uno que se llamaba Nacida Inocente) pero en las clases no, se cuidaban más las recomendaciones (mi primer libro en el instituto fue El túnel de Sábato. Ahora El túnel les parecería un tostón pero entre Sábato y algunas obras juveniles que se recomiendan hay un abismo que pone los pelos de punta. ¿Vale cualquier cosa para conseguir que lean?
Un saludo y Felices Fiestas.

Lu dijo...

Hortensia, no todo vale. En eso estoy de acuerdo contigo. A los profesores, se nos presupone un cierto criterio para cribar los títulos. Por poner un ejemplo: yo nunca recomendaría "El asesinato de la profesora de Lengua" y me consta que se lee en muchos centros. Me parece una obrita no menor, sino ínfima, cargada de tópicos. El título es una provocación que gusta a los chicos, pero ¿qué hay detrás?

En fin, es un debate que debería realizarse en profundidad.

PS: No te preocupes por la tardanza en responder.

Wineruda dijo...

Hola Hortensia:
Siento comentar una entrada tan antigua, pero he estado leyendo tu blog (muy interesante por cierto) y he llegado a ésta, cuyo tema me interesa mucho. No estoy en edad de estudiar pero siempre he discutido sobre el tema de la lectura (y el intento de que los niños aprendan a leer libros) con mis amigos. Algunos grandes lectores que no consiguen comprender que no hayan podido crear un hábito de lectura en sus hijos, de la que huyen como posesos. Yo siempre he defendido que es problema tanto del sistema como de los profesores (yo he leído pese a ellos) te preguntarás tú como profesora de dónde he sacado esta peregrina idea, pues para mí el problema principal -al menos en mi época- era el intento desmesurado de querer imponer una interpretación del texto marcada y fija por parte del profesor ( o del sistema académico, como quieras). Así en vez de darle la deducción al lector se le impone desde fuera, creando una sensación de atmósfera cerrada, única e irrespirable en la lectura del libro (¿sabré encontrar el significado exacto cuando lea sólo? ¿ Es necesario saber todo sobre el autor y sobre el tema para leer un libro? Etc). Esto se agrava hasta el infinito en la poesía, la cual cada estrofa que interpretan en clase es una sensación de horror de saber sobre vida y milagros del autor, saber de ideologías, de fenómenos atmosféricos, un diccionario inexistente de metáforas, metonimias, personificaciones... ( Sé que exagero, pero para mí esa era la sensación en aquella época). Yo creo que con cuidado, con una ayuda necesaria, los lectores deben tener abierta la sensación de leer algo propio, de que la lectura es suya, solamente suya. Que a pesar de la poca experiencia por la corta edad, lo que interpretan según sus propias experiencias es lo correcto. Puesto que creo que firmemente ( es idea propia y por lo tanto sujeta a discusión) que la obra de un autor deja de pertenecerle cuando es publicada, es ya del lector, de su experiencia (lectora o vital) tenga la que tenga, pero suya. Lejos de eso, leer tiene una sensación de ahogo y de imposición que repele a la lectura y la hace difícil. (Luego se puede hablar sobre la televisión, las tablets, el móvil... pero no creo que sean razón suficiente para explicar el odio por los libros, puesto que antes no había y también pasaba esto).

Siento el rollo, pero siempre me exaspero con el tema, jajaj
un abrazo
wineruda

Hortensia Lago dijo...

Wineruna, hace años que sigo tu blog, para mí un referente de libros de calidad, aunque es cierto que llevaba un tiempo alejada del mundo bloguero. Gracias por tu comentario, que no me parece un rollo en estos tiempos en los que todo se soluciona con un "me gusta".
Entiendo lo que dices. Y es cierto que, muchas veces, ante un poema, hay docentes obsesionados con destripar la métrica, los recursos, la estructura externa,... sin reparar en la emoción o en la musicalidad del poema. Medir un poema es una de las cosas que más le gustan al mal lector de poesía. Pero no estoy de acuerdo contigo en que ese sea el problema de la falta de hábito lector entre el alumnado. Hoy en día predomina otro sistema igualmente perverso: la lectura de un libro obligatorio del que se tendrán que examinar en una prueba de lectura que, de no superar, puede hacer que suspendan la evaluación. Esto provoca que el libro se lea la noche antes, para no perder ningún detalle. Por supuesto, yo no sigo ese método, lo que no quiere decir que el mío me de buen resultado siempre. Para amar la lectura hay que tener una predisposición hacia la lectura. También creo que el auge de internet fomenta la lectura superficial (yo, a veces, también leo por encima y no me entero) y asistimos a un claro deterioro de la capacidad de comprensión. En mis clases de la ESO he leído yo, en voz alta, el Lazarillo, cuentos de El Conde Lucanor, de El Libro de Buen Amor, fragmentos de El Quijote, poemas de Lorca, de Machado y los he explicado. Compruebo que eso es imprescindible para la comprensión del no-lector. Que no es el mismo no-lector de hace unos años. Ya lo he dicho más veces: cuando empecé a trabajar en la enseñanza hace 20 años el libro más exitoso entre mis alumnos y alumnas era El bosque animado de Wenceslao Fernández Flórez. Hoy ni se me ocurre recomendarlo. Te hablo de la mayoría de los alumnos, Hay una minoría lectora que disfruta en soledad con los libros, pero es minoría. También hay una parte del profesorado que abre el libro y pide que los alumnos que hagan la métrica de "monotonía de lluvia tras los cristales" sin haber reparado jamás en su significado. Pero ese es otro tema espinoso.
Esto si que es un rollo. Buen día, Wineruda. Un abrazo.

Wineruda dijo...

Hola Hortensia gracias por tu respuesta.

¡ Estoy obsoleto! Jajaj . Supongo que desde mi época han cambiado, y mucho, las lecturas en secundaria, pero recuerdo unos contrastes tan fuertes -recuerdo con cariño la tesis de Nancy de Sender o el árbol de la ciencia de Baroja, pero con horror el tremendo libro de Aleixandre- que me despistaban a la hora de decidir si la lectura “adulta” merecía la pena o no -yo venía de los cinco de Enid Blyton-. Dices que debe haber predisposición a la lectura, y es cierto, pero hace falta un enganche -conocí hace poco una mujer que atraía mi curiosidad por los aparatosos tochos que leía y que me comentó que aborrecía la lectura hasta que tuvo tiempo de leer un libro, un sólo libro, interesante- que haga atractivo, y no una mera obligación lectora, un libro. De ahí mi resquemor por las guías de interpretación que eran mis clases de literatura ¿necesita un joven decirle que esto significa esto, y únicamente esto, y aquello lo otro, y únicamente ese otro? Entiendo que al final lo que debe es de aprobar un examen, pero no es método de atracción al libro, pero supongo que no es eso lo que se pretende: todo lo que le sistema pretende es que se pase de curso, no adquirir cultura o al menos las herramientas para conseguirla -el libro es el arma más peligrosa-.

Un abrazo
wineruda

Hortensia Lago dijo...

Wineruda, el sistema pretende que se pase de curso sin aprender a pensar. Y las editoriales contribuyen a ello con unos libros de texto llenos de ejercicios simplones y lecturas muy poco atractivas. La tendencia general, como a los adolescentes no les gusta leer, es la lectura de obras juveniles creadas por escritores dedicados exclusivamente al mundo juvenil. La calidad deja mucho que desear. Lo más cómodo para el profesor es que todos lean el mismo libro y luego demuestren la lectura en una prueba escrita. Hace años que abandoné ese método. Ofrezco a mis alumnos y alumnas cuatro cinco libros cada evaluación, a los lectores les pido que sugieran ellos alguna lectura interesante. Este método también es seguido por mi compañera de Departamento. El número de lectores ha mejorado considerablemente (dentro siempre de la"minoría", que diría Juan Ramón). Creo que contaré esta experiencia en una entrada del blog.
En segundo de bachillerado las lecturas vienen marcadas por los grupos de trabajo de Selectividad. Como novela representativa del siglo XX tienen que leer Plenilunio de Muñoz Molina, ¿por qué? No lo entiendo. Además. es difícil inculcar el gusto por la literatura cuando estás encadenado a un temario atroz. Pero yo, no se lo digas nadie, a veces paso del temario (y del libro de texto).
Un abrazo. Buen día.

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