miércoles, 30 de septiembre de 2009

NEGROS NUBARRONES



Por fin ha comenzado el curso. Y, una vez más, negros nubarrones burocráticos se ciernen sobre nuestras cabezas docentes. Pero, al igual que el padre acosado por las deudas pone buena cara cuando sus hijos llegan del colegio y los lleva al parque y les ayuda a hacer los deberes sin que estos sospechen las tribulaciones de su progenitor, así también los profesores llegamos a las aulas con buen ánimo mientras nuestras neuronas se lanzan en desigual batalla contra objetivos, contenidos, destrezas, criterios y competencias cuya razón de ser fundamental es mantener en alza la floreciente industria del reciclado de papel.

Y por aquello de mantener vigente el dicho de “Dios aprieta pero no ahoga”, para que no salgamos del redil de nuestra resignación nos han regalado dos regalitos: alguien cae en la cuenta de que debemos ser respetados (¿Qué cráneo privilegiado elaborará en un despacho de diseño el tremendo dossier que recoja en mil páginas el proyecto de ley de autoridad del profesor ?) y, para más honra, los escribas reales han apuntado en el discurso del rey de todos los españoles que los profesores somos los protagonistas insustituibles en la enseñanza y que todos deben reconocer, reforzar y prestigiar nuestra figura.

Pero como cada día tiene su malicia, y como más sabe el diablo por viejo que por diablo, con la llave de todas las desconfianzas abro el baúl del nuevo curso y descubro como en mi instituto hay 40 horas más de trabajo (surgen tras la creación del Aula de Convivencia y tras la concesión de un Ciclo Medio). Sin embargo, lejos de enviar más profesores, la administración, que sufre de discalculia crónica, suprime uno. Aquí, por mucho experto matemático que haya, no nos salen las cuentas. Y como sucede en todas las sociedades, son los más débiles los perjudicados. Por lo tanto, los profesores encargados de la biblioteca hemos perdido 13 horas de dedicación. Normal, pensarán algunos, en época de crisis, fuera lujos. ¿Habrá que encargarle a Custo Dalmau el diseño de una camiseta con la leyenda “Si no quieres ser un borrego, lee” para que vuelvan a estar de moda los Planes Lectores?

5 comentarios:

Negrevernis dijo...

Absolutamente de acuerdo contigo en el tema de la discalculia crónica de la Administración y el derroche de inteligencia al darse cuenta de que los profesores somos importantes (otra cosa es que las familias lo perciban, de paso...).

Lástima de horas de biblioteca, pero ya se sabe: cuanta menos lectura y reflexión, más voto. Lo que vale es la burocracia, el papeleo, el invento de las competencias y a ver si camuflamos de alguna manera los suspensos y fracasos educacionales.

Ánimo y un saludo.

fata morgana dijo...

Querida Hortensia:
Eso te pasa por llegar a las aulas "con buen ánimo". Si llegaras jurando en arameo como yo ya verías como estabas ya hecha a todo, jajajaja. Y yo que estoy deseando escuchar aquello de: "Paso a la autoridad" mientras voy por el pasillo con andares de marine yanqui y cargada con un fajo de libros que seguro NO VAN A LEER...
Feliz comienzo de curso, guapa.
pd. Llevamos un mes sin profesor de biología, así que no me digas nada de la BURROCRACIA, por favor

Hortensia Lago dijo...

Negrevernis,estoy convencida de que si tuvieramos el apoyo de las familias no haría falta un proyecto de ley sobre nuestra autoridad(pero hoy, y esto me parece ya el colmo, mi jefa de estudios comentaba que algunos padres se quejan cuando sus hijos se ponen enfermos y los llaman a media mañana para que vengan a recogerlos. Que a ver por qué no los llevamos nosotros al médico...¿Qué decías que tenían que percibir las familias?
Morgana, querida, lo que pasa es que tu con tus juramentos y con tu porte marcial impones respeto incluso a un patriarca gitano, pero yo soy muy blanda y me da la risa...
En fin, sobreviviremos, ya lo veréis.

Evaristo Romaguera dijo...

No son negros nubarrones. Que los profesores encargados de la biblioteca pierdan 13 horas de dedicación es una irresponsabiliad más de los de la discalculia crónica.

Hortensia Lago dijo...

Lo malo, Evaristo, es que nosotros, que no somos unos irresponsables, haremos esas 13 horas y otras 13 si hace falta, aunque sea en nuestra casa, por la noche, después de acostar a los niños. Y de eso se aprovechar los que se pasan la mañana apoltronados en un sillón mordiendo el lápiz mientran meditan sobre alguna nueva competencia para mejorar la calidad de la enseñanza.
¡Buen día!

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