martes, 8 de septiembre de 2009

VIRUS

¿Cómo se atreven las Autoridades a decir que no hay motivo para la alarma? Un virus más potente que el de la gripe A nos invade ya desde hace tiempo y no se cura con Tamiflú. Aunque no es mortal, su persistencia es tal que acompañará a algunos a la tumba. Otros han crecido con él y ni siquiera el cuerpo lo reconoce como extraño. Y como aquello que no tiene nombre parece no existir, los estudiosos en la materia ya le han puesto el suyo y, gracias a ello, el virus, felizmente, ha empezado a manifestarse como lo que es: una patología. He de aclarar que el virus es, en realidad, dos virus con síntomas comunes a los que, para afianzar su carácter mórbido, alguien ha tenido la idea genial de arroparlos bajo un vocablo esdrújulo de reconocida autoridad, síndrome. Su síntoma más visible es la apatía, del griego apátheia: "falta de actividad, de interés o de entusiasmo, que se manifiesta en dejadez o indiferencia ante todo". Uno de estos virus, el más peligroso, ataca a los más jóvenes y es tan invasivo que ha dado nombre a toda una generación: Generación 'Ni-Ni'. "Oye, ¿tú estudias o trabajas?" pregunta la despistada ancianita a un afectado por el síndrome 'Ni-Ni'. "¿Qué dices? Yo no hago nada. Me amarga hacer algo", responde con desidia el interpelado. No está solo, según una escuesta de Metroscopia el 54% de de los jóvenes de entre 18 y 34 años no hace nada, no estudian, no trabajan, carecen de ambiciones, no les mueve ninguna inquietud personal o profesional. Y he ahí a los expertos buscando las causas de tal pandemia, analizando las características socioculturales de los individuos atacados, esbozando teorías que justifiquen la persistencia del mal.

El otro virus es un invento de la tele y se llama síndrome postvacacional (no pasa nada en el mundo, ¡qué va!, y los noticieros se rellenan con primicias interesantísimas: que si en agosto hay ola de calor en Valencia o si nieva en febrero en León; que si en septiembre los niños lloran al entrar en la guardería o si los padres están deprimidos porque tienen que empezar a trabajar). El síndrome postvacacional se produce cuando uno tiene que desherrumbrar los miembros tras el salitre playero (metáfora de las vacaciones tópicas, ...¿no hay otros mundos más allá de la tumbona?). "Mañana empiezo a trabajar, ¡qué depresión!" se expresa con hastío histriónico un amigo mío mientras se aferra con desesperación al último tubo de cerveza de agosto. Dicen los expertos que la enfermedad dura apenas tres días y afecta más a aquellos que están descontentos con su trabajo y con su vida. Si la cosa se alarga, el síndrome no es postvacacional, es vocacional, y sus secuelas son graves e imprevisibles.

Yo, por si acaso, he empezado a tomar equinacea para aumentar las defensas y evitar, así, el ataque de los virus.

4 comentarios:

fata morgana dijo...

Oh, por fin has aparecidooo, ya me estaba mosqueando. Bienvenida. Y cuidado con las epidemias, jajaja. Yo ya tuve claustro esta mañana y ya volví enfadada, qué le vamos a hacer...

Endora dijo...

Te equivocas de virus, creo que el mío es otro o quizás pertenezca a esa minoría que lo sufre pero que le gusta su trabajo (ahí no tengo dudas).
Me encanta tu certera reflexión sobre la situación actual y creo, efectivamente, que entronca con lo que yo te comentaba en mi correo.
Gracias por los ánimos, te necesito, Ruper!!!.

Hortensia Lago dijo...

Hola, Morgana. Al final, no nos vimos,¡otra vez será!Nos leemos los blogs, ya veo que entras con garra en el tuyo.
Endora, te dejo un poema en el blog de la biblioteca, para que te animes.Ya hablaremos.
Besos.

satalia dijo...

Buenos son los medios para meter miedo a la gente. ¿Os habéis fijado que tan pronto como se habla de la gripe porcina (alias gripe A), sale a relucir un envase de Tamiflú para el regocijo de los altos ejecutivos de la Roche, que andarán frotándose las manos detrás de bambalinas? Qué casualidad y qué despropósito, por dios, si el Tamiflú de las narices ni siquiera cura esta forma de gripe. Atenúa, en el mejor de los casos, su diseminación, pero no es útil para reducir o acortar los síntomas una vez se ha contraído la enfermedad. Otro buen invento de los medios es el síndrome posvacacional. Menudas están hechas las empresas farmacéuticas que comercializan antidepresivos. Así es como mucha gente se siente deprimida al volver de las vacaciones, cuando este "desasosiego" no es más que una incómoda variante de la normalidad que se resuelve en un par de semanas a lo sumo, y así es como buscan ayuda médica para paliar los síntomas de esta supuesta "enfermedad" que escapa a todas las clasificaciones de los tratados de psiquiatría porque, simplemente, no existe como tal. La otra enfermedad de la que habla la autora de este blog y que muy bien ha bautizado con el nombre de "ni-ni", ésta sí que es grave de narices. Pero la cura, aunque parezca inalcanzable, está en nuestras manos, y bastan muchas veces las palabras para erradicarla. Mucho diálogo de padres a hijos, una buena dosis de comunicación, mucho afecto. Dejar que asuman responsabilidades desde chicos para que aprendan a asumir retos cuando sean grandes.

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