domingo, 8 de noviembre de 2009

LA PESTE DEL INSOMNIO


La enfermedad del insomnio es una dolencia fatal que el indio Cataure, príncipe de un reino milenario, conocía bien. Por eso, cuando los primeros síntomas aparecieron en Macondo, Cataure desapareció sin encomendarse a Dios ni al Diablo. Los demás consideraron una suerte contraer ese mal, porque con él uno no siente necesidad de dormir, pero tampoco se cansa, así que los habitantes de Macondo aprovecharon para trabajar y disfrutar de su tiempo libre sin verse limitados por las ataduras del sueño. Tarde comprendieron que la enfermedad avanzaba hacia una manifestación terrible: el olvido.
Muchos de mis alumnos también padecen la enfermedad del insomnio pero como carecen de la perseverancia de Aureliano Buendía no han caído en la cuenta de marcar cada cosa con su nombre para no olvidarla. La memoria es un bártulo fungible y pasado de moda que hay que cambiar, como el móvil, cada cierto tiempo. Cuando se cambia, es mejor empezar de nuevo, sin que uno se vea pervertido por las enseñanzas, aprovechables o no, del pasado. La memoria es una cometa que se escapa por la playa, llevada por el cruel viento del norte. ¡Dejémosla ir!, ¡dejémosla ir!, nos suplica como un eco lejano la voz del pedagogo. Memorizar es malo para desarrollar las capacidades cognitivas, nos han advertido mientras repartían animalitos de caramelo:"los deliciosos gallitos verdes del insomnio, los exquisitos peces rosados del insomnio y los tiernos caballitos amarillos del insomnio". Ahora la enfermedad se ha extendido inexorablemente entre mis muchachos y, cuando llegan a 1º de bachillerato, han olvidado todo lo aprendido en la ESO. Ah, Melquíades, Melquíades, anciano estrafalario, ¿en qué lugar de los abigarrados mapas de la muerte te encuentras? ,¿llevas aún en tu maleta atiborrada de objetos indescifrables la sustancia de color apacible que libere a mis inquietos alumnos del tremedal del olvido?

5 comentarios:

fata morgana dijo...

Absolutamente maravilloso, Hortensia. Qué bien explicado, y aún encima usando "Cien años de soledad", uno de mis libros favoritos.

Ellos se lo pierden.

Hortensia Lago dijo...

Cuanto más releo "Cien años de soledad" más me gusta. Lo leí por primera vez cuando estaba en el instituto. Si hoy lo mandamos leer a nuestros alumnos, seguro que el inspector de zona nos abre un expediente.
Besos, Morgana. Me alegra que te guste mi entrada.

fata morgana dijo...

SÍIII, alegando tortura mental o algo así, jajajajaa. Pues yo en 4º les obligo a leer "Los cachorros" y se traumatizan muchísimo, jajajajaja.

israelprofedelengua dijo...

!Qué gran artículo, HL! ¡Me "quito el cráneo"! Es verdad que se ha satanizado todo lo memorístico, ¿tendrá que resucitar Horacio para darnos unas clases prácticas sobre la "aurea mediocritas", el feliz punto intermedio?

Hortensia Lago dijo...

A ese feliz punto intermedio tenemos que llegar antes de que sea demasiado tarde para unas generaciones cuya capacidad de raciocinio está bastante mermada. Y en esa tarea mucho me temo que estamos solos.¡No digas lo de las clases prácticas que seguro que mandan a alguien del CEFORE llamado Horacio a darnos una soporífera charla!
Un saludo

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