miércoles, 3 de marzo de 2010

CHILE

El grito, Edvard Munch

Nadie expresa mejor el horror como quien lo siente de verdad. Desde Puerto Natales, Hugo Vera en su blog inmaculada decepción escribe este relato, digo mejor, esta oración, esta elegía, sincera, emotiva, contenida, hermosa, trágica,... Desde aquí nuestro recuerdo y nuestra solidaridad.
Este infierno tan querido
Primero se cortó la luz. Inmediatamente después llegó el terremoto. Energía liberada. Terror. De repente te encuentras en manos de nadie. A merced de lo que estime venir. De pronto se te caen las paredes. Todo lo peligroso vuela por los aires. Un cuchillo atraviesa la garganta de una jubilada. Imposible sostenerse en pie. Te abandonas a tu suerte. A tu mala suerte. La tierra se abre y se cierra. El techo queda a la altura del piso. Los autos caen de las autopistas. Los edificios se derrumban. Gente llorando desnudas por las calles. Algo grave muy grave ha pasado. Es el primer minuto. Y no ha terminado. La tierra sigue temblando. Otro minuto. Todo sigue temblando. Cada vez más fuerte. Más fuerte. Ahora se siente más fuerte. Más que en el primer minuto. No da tregua. No se acaba nunca el segundo minuto. Ya nunca más acabará. No se acabará nunca. Comienza el tercer minuto y cada vez es más fuerte. Pánico. Muchísima gente ha partido a un lugar más apacible que éste. El viaje sin retorno. Muchos se fueron al primer minuto. Sepultada gente entre los escombros. Construyes una casa por tumba. Vas a la deriva. No hay luz no hay nada. Caminas ciego a ningún lugar. Todo se colisionó. Dejó de tener sentido. No hay comunicación, si alguna vez lo existió ya no. Todos los celulares callaron. Tierra arrasada. Peor que cualquier guerra. Una señora va en busca de su casa y encuentra una foto de la hija. Se da cuenta que allí estuvo su casa. Comenta que llegó por un sentido de orientación. Encuentra la foto de su hija pero no a su hija. Veo aquello por televisión y me pongo a llorar. Como nunca lloré en mi vida. Chile, que Dios se apiade de ti por los siglos de los siglos. Atravesaremos juntos el infierno. Este infierno tan querido. Mi país. Te quiero. Amén.
Ahora que las tragedias humanitarias son tantas que corremos el riesgo de banalizarlas y olvidarlas, no puedo dejar de recordar aquel poema atribuido falsamente a Beltolt Brecht pero que en realidad fue escrito por un pastor luterano, Martin Niemöller:
Cuando los nazis vinieron a llevarse a los
comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
tampoco protesté,
porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme a mí,
no había nadie más que pudiera protestar

2 comentarios:

Fata Morgana dijo...

No sé cuál de los dos textos me ha puesto más los pelos de punta... creo que el segundo, por una razón muy sencilla: un terremoto es una catástrofe NATURAL, reducido a términos científicos, es una recolocación de las placas tectónicas, la tierra no entiende de si hay alguien encima... aunque no por eso es menos trágico, por supuesto. En cuanto a lo segundo... pudo ser evitable, y por eso es, en mi opinión, bastante más sangrante.

Hortensia Lago dijo...

Lo malo, querida Morgana, es que sea desastre natural o provocado por la sinrazón humana, las tragedias cada vez nos impresionan menos. No veo yo la misma atención mediática para la catástrofe de Chile como para Haíti. Por eso me parece importante destacar la importancia de no mirar para otro lado.
Muchos besos.

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