jueves, 27 de febrero de 2014

La biblioteca invisible

Ilustración de Pedro Cano. Ahí, en ese punto, se encuentra la biblioteca invisible de Marhaba.

"Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Baucis; que odian la tierra; que la respetan al punto de evitar todo contacto; que la aman tal como era antes de ellos," Italo Calvino, Las ciudades invisibles.


     Si tuviera que nombrar el libro de viajes que escondo debajo de la almohada, las palabras se atropellarían en mi lengua para hacer salir de la boca el nombre de Las ciudades invisibles de Italo Calvino. Sorprendente libro que puede leerse desde diferentes perspectivas lectoras. Es un libro abierto a la evasión, al placer de leer por leer; es una invitación a la reflexión metafísica; es una colección de símbolos; es un prodigio de palabras; es un cuaderno iluminado de bosquejos; es un tratado de arquitectura imposible.

     Inspirada por su lectura, he trazado, a la manera de Italo Calvino, el mapa de una ciudad invisible con su biblioteca invisible. Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia.
     "Si llegas a la ciudad de Marhaba no te escondas porque difícilmente te verán. Los habitantes de Marhaba tienen los ojos bien abiertos para no ver. Es una ciudad pintada en un gris monótono que se usa sobre todo para conjurar la hospitalidad de su nombre. Aléjate de Marhaba antes de entrar en ella porque una vez dentro ya no podrás salir. Lo mejor de la ciudad de Marhaba son sus estancias. En ellas no entra el aire pero se puede respirar sin dificultad.
       El edificio más emblemático de Marhaba es su biblioteca invisible. Ningún habitante de Marhaba mayor de veinte años entra en ella.  Solo los guardianes invisibles expían allí su entusiasmo. Marhaba se enorgullece de su biblioteca y a ella dedica parte de su presupuesto. En Marhaba se habla de libros pero no se lee; en Marhaba es obligatorio leer hasta los veinte años pero no se ama la lectura; en Marhaba, los adultos no tienen tiempo para leer porque eso ya lo hacen los pequeños. 
     Entré en la niebla de Marhaba buscando la ciudad invisible de Mazoria y me topé con el desconcierto. Necesitaban un guardián para la biblioteca y la silueta de un libro en mi morral delató mi apego. Ya he pasado de los veinte. Y allí permanezco, anonimado entre verdades de libro. A veces, un habitante de Marhaba entra en la biblioteca y me invade un ingenuo entusiasmo mientras atisbo entre las arañas de las estanterías la pluma perfecta de Chejov, la inquietante provocación de Jean Genet, el ingenio mágico de Cunqueiro, el extraño  lirismo de Herta Müller,...Pero es solo un espejismo, un ojo avizor, una carta, un aviso, un café, un hasta luego.
     Para hablarte de la biblioteca invisible de Marhaba tendrías que venir a verla. Jóvenes muchachos y muchachas aprovechan su tiempo de ocio estudiando, haciendo los deberes, leyendo, acompañando su soledad, flirteando. La biblioteca invisible de Marhaba esconde en sus estanterías las voces del amor, los mapas de la memoria, el acento de las lenguas, la sensibilidad de la ciencia, las revoluciones del arte. Miles de páginas construidas con verbos ácidos o apaciguadores, con adjetivos sonoros o contundentes, con sustantivos precisos o herméticos, con preposiciones, conjunciones y adverbios que enlazan el aquí con el allí, el hoy con el mañana.
      A veces, los adultos de Marhaba se reúnen para hablar del tiempo y para, desde la atalaya de su erudición sin libros, criticar con encono el nivel de instrucción de los jóvenes. Los apremian para que aprendan  rápido porque el tiempo de los libros se agota. Pero a ellos no se les pasa por la cabeza pisar la biblioteca. Sería como llevar pañal,o como no saber atarse los cordones o como beber el colacao con pajita. Para los habitantes de Marhaba la lectura es un peaje que hay que pagar para crecer, como el acné. Por eso la lectura es tan importante en la invisible ciudad de Marhaba.
     Puede que alguno de los habitantes de Marhaba practique el solitario vicio entre la quietud de las paredes de su hogar. Pero eso no se comenta. Ya sabéis: Yo no, no puedo,no tengo tiempo, quizás en otra ocasión te dicen los más complacientes dejando la estela de su voz mientras se alejan rápidamente.
     La biblioteca de Marhaba, cuando el último guardián cierra sus puertas, se sumerge como la ciudad, en la niebla y en el olvido".
      

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