sábado, 9 de mayo de 2009

ATIQ RAHIMI, CULTURA CONTRA VIOLENCIA


© Stephanie Sinclair
La foto ganadora del premio "La foto del Año"(2007), promovido por el Comité Alemán de UNICEF, llama la atención sobre un problema mundial: millones de chicas están casadas o viven en pareja siendo aún menores de edad. En esta foto, captada en Afganistán, se muestra a Mohammed, de 40 años, y a Ghulam, de 11 años, la niña que mira con temor al que será su marido.


Cuando leí en Babelia (El País, 02/05/2009) el artículo dedicado a Atiq Rahimi supe que tarde o temprano acabaría hablando de él aquí. Y, ya veis, ha sido más pronto que tarde.

Atiq Rahimi (Kabul, 1962) es un escritor afgano afincado en Francia desde que tuvo que salir huyendo de su país tras la invasión soviética. En 2008 ganó el Premio Goncourt con su novela La piedra de la paciencia (Sangue sabur) que acaba de ser traducida al español y que publica Siruela. Por eso es noticia.

Me interesan las noticias culturales de aquellos países asfixiados por las guerras cuya única imagen que nos llega es la de una árida e inmensa explanada atestada de hombres que gritan, corren, levantan los brazos y trasladan cadáveres de otros hombres y niños con un aparente descuido y balanceo que quizá nos escandalice. Eso nos transmiten los medios de comunicación sobre Afganistan, Palestina, Congo,... hombres gritando en medio de la nada. Pero yo sé, también vosotros, que detrás de esas imágenes hay vidas. Por eso supe que hablaría de Atiq Rahimi aunque solo fuera para nombrar a Afganistán, un país asolado por un extremado fanatismo religioso que impone una insoportable supervivencia a todo aquel que haya tenido la desgracia de nacer hoy allí. Se habla de Rahimi como de un escritor occidentalizado, como si Occidente fuese el guardián de la Verdad y de los Valores Absolutos. Yo creo que es un escritor concienciado, como otras muchas personas sin nombre, sin rostro y sin palabra en Afganistán. Personas que no salen en la TV de Occidente.

Me he comprado y he leído La piedra de la paciencia, novela que su autor comenzó a escribir tras enterarse de la muerte de su amiga la poetisa afgana Nadia Adjuman, asesinada a manos de su marido. Y a partir de este hecho ideó un escenario turbador : una habitación en la que yace un hombre moribundo mientras afuera suenan los disparos, la diaria llamada a la oración,... y el silencio. Solo su mujer lo visita, lo alimenta, lo limpia y le reprocha la vida que él le ha dado. Esta novela recuerda por su planteamiento a Cinco horas con Mario de Delibes, pero la Carmen afgana, sin nombre, no se hace antipática para el lector, ya que simboliza el drama de todas aquellas mujeres reales obligadas a casarse por la fuerza con un hombre al que no conocen y que las desprecia porque sí, porque en muchos países ser mujer es sinónimo de no ser nada.

La piedra de la paciencia posee muchos rasgos que yo valoro en un libro, pero sobre todo uno: no es preciso explicar nada cuando el aire que envuelve a los personajes está lleno de sugerencias. Con frases muy cortas, cortantes, con precisión de acotación teatral, con personajes apenas esbozados y sin apenas presencia (las hijas que lloran en el pasillo, la anciana vecina que se ha vuelto loca, el muchacho torpe que quiere comportarse como un hombre, la tía salvadora y repudiada) consigue trasmitir el paisaje de guerra, el horror de la guerra, la parálisis vital y brutal de la guerra. En la habitación sin vida donde agoniza el hombre la mujer se afana en mantenerlo con vida aun deseando su muerte. Solo parecen vivir sin sobresaltos la mosca que merodea en la boca del hombre, las hormigas que la capturan cuando muere, la araña que recoge, indolente, los restos del festín de las hormigas. Todo lo demás es angustia y guerra.

Para finalizar, me gustaría destacar algunas reflexiones de Rahimi sobre la importancia de la cultura:
"Los fusiles no salvarán mi país, eso ya se ha demostrado. Si existe un único factor capaz de cambiar el mundo, ése es la cultura. Y lo estamos viendo hoy, por desgracia: la política y la economía nos han llevado al abismo, no por casualidad, sino porque la lógica política lo permite todo, abre la puerta a todos los excesos, y la economía lo justifica todo en meras cifras. Al final, lo único que nos aporta virtud y seña de identidad es nuestra forma de ser, de hablar, de comer, de vestirnos, todo eso es cultura, leer un libro o ver una película tiene en nosotros un efecto de espejo, nos enseña cómo somos. Otra cosa distinta es que con la cultura se puede manipular a la gente, eso está históricamente demostrado..., pero eso demuestra también su eficacia como arma. Por eso los dictadores nunca reprimen la economía, siempre reprimen la cultura".

2 comentarios:

Narayani dijo...

Por lo que cuentas creo que es un libro que puede gustarme mucho. Me lo apuntaré para el próximo año.

Mucha suerte en el concurso y FELIZ NAVIDAD!

Libros dijo...

Reseña finalista del concurso "las mejores reseñas del 2009" del blog Libros y Literatura

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