sábado, 21 de agosto de 2010

Poetas medievales: el rebelde Villon

músico callejero

Si el capellán Guillaume Villon hubiese vislumbrado los quebraderos de cabeza que el pequeño François Montcorbier le iba a ocasionar en su juventud,  quizá no le hubiese permitido tomar como suyo su apellido y   el poeta no habría pasado a la posteridad con el nombre de  François Villon. Y si este hubiese nacido hace sesenta años en España en vez de hacerlo en la Francia del siglo XV, no es descabellado pensar que, en vez de relacionarse con la poco recomendable hermandad de La Coquille, se hubiese juntado con otros poetas goliardos vividores y tabernarios como él. Imagino a Ángel González celebrando su "Balada de la vieja armera a las mozas de París"  o a Joaquín Sabina inspirándose en alguno de los versos de la Balada de los Proverbios. Pero Villon nació en 1431 y, aunque  le tocó vivir una infancia marcada por la orfandad y la miseria, su suerte cambió cuando el canónigo Villon, hombre de inquietudes intelectuales, y por lo que se deduce, dotado de una personalidad generosa y altruista,  se convierte en su tutor. François pasa de jugar en las calles con el pantalón roto y la cara sucia a acceder a una formación erudita. Cuando inicia sus estudios en la Facultad de Artes de París su afición a la noche, a las prostitutas y a las malas compañías lo pierden. Con todo, obtiene su licenciatura. Pronto demuestra cualidades para la  poesía, inspirada con frecuencia en la mujer de su vida, que jamás le hizo caso, Catherine de Vaucelles. Pronto demuestra también grandes habilidades para meterse en líos de esos que pueden terminar en la época con resultado de horca. Mata a un sacerdote en una pelea, participa  en un sonado robo con sus colegas Guy Tabarie, Colin Cayeux, Petit Jehan y Damp Nicolas, ... muy malas compañías que acabarán en la cárcel o ajusticiados. François Villon se pasa la juventud huyendo de París para evitar el mismo final que sus compinches, aunque no puede evitar ser detenido y torturado en más de una ocasión.  Sin embargo, el bueno e influyente Guillaume consigue siempre ayudar a su protegido (¿Por qué tanto interés?, se preguntan algunos estudiosos sin hallar respuesta cierta). De nada sirve. Villon ama el derroche, las prostitutas, el vino y las tabernas, las trifuncas callejeras, la jerga oscura de los Coquillards, , el carpe diem frente al mañana incierto...en fin...es dificil llevarlo por la recta vereda. Escribe  El Legado y El Testamento, extensos poemas autobiográficos, consciente de que en cualquier momento puede desaparecer definitivamente, lo que sucede en 1463, cuando el poeta tiene treinta y dos años. En diciembre del 62 es condenado a muerte. Todo hace pensar que será ajusticiado en el Patíbulo de Montfoucou y escribe la Balada de los ahorcados como despedida del mundo, pero, una vez más, las influencias de sus allegados consiguen cambiar la terrible pena  - la mayoría de sus amigos han pasado ya por ella- por un destierro de París por diez años. A principios de enero, "cuando los lobos mascan viento,/y uno se encierra entre sus muros", el rebelde Villon abandona París y, a día de hoy, no hemos vuelto a tener noticias de él. Por si lo reconocen por la calle, esta es su cara:

Villon fue un poeta al que le tocó  vivir en  ese difícil tránsito entre el miedo a la Muerte medieval y las ansias renacentistas por disfrutar de la vida terrenal antes de que sea tarde, aun siendo tarde ya, como la vieja armera de la Balada. Sus composiciones son fundamentalmente autobiográficas, con muchas referencias a personajes del momento, de los que raramente traza una semblanza bondadosa. Tanto en El Legado como en El Testamento, Villon hace de su elocuencia un dardo que lanza contra los hipócritas e insolidarios, sin que le tiemble la mano al incluir nombres propios concretos, conocidos e influyentes en la época, que se convierten en víctimas de su burla y de su queja. A la vez, su poesía (clásica en su molde  métrico) es un canto a la vida, al amor carnal, al disfrute del momento presente... él, que pasó su juventud esquivando a la muerte.

A excepción de la Balada de los ahorcados, todos los enlaces que aparecen en la entrada se corresponden con poemas de Villón que he tomado de:
- La edición bilingue de la editorial Pre- textos (Valencia,2001), con introducción, notas y traducción de José María Álvarez.
- La edición de Juan Victorio publicada en Letras Universales, editorial Cátedra (Madrid, 1985)
Más información en la Wikipédia francesa, con enlaces a sus poemas en versión original

4 comentarios:

Joselu dijo...

Eficaz entrada que me ha llevado a conocer circunstancias de la vida de este poeta que desconocía. ¡Qué grande es la ignorancia! Llevo toda mi vida intentando subsanarla, pero siempre llega un momento en que me doy cuenta de que sigue igual que a mis diecisiete años cuando adverti lo profundamente ignorante que era. No sabía nada de François Villon. No lo he leído, pero lo que nos adelantas es incitador. Por mucho que uno lea en su vida, siempre quedan enormes mares de desconocimiento. He disfrutado con tu post.

Hortensia Lago dijo...

Gracias, Joselu.
No creo que seas un ignorante ni que tus conocimientos sean los mismos que tenías con diecisiete años. Lo que pasa es que con la literatura pasa lo mismo que con los viajes, a uno siempre le quedan rincones mágicos por conocer. Yo también acabo de descubrir a Villon. La literatura, como el mundo, es inabarcable. Lo importante es mantener despierta siempre la curiosidad por conocer y aprender.
Saludos con niebla (no sé si estás aún en Galicia pero hoy aquí amaneció con niebla profunda.

Carlota Bloom dijo...

Muy jugosa esta entrada sobre Villon, del que tampoco he leído nada pero, como dice Joselu, dan ganas de hacerlo.
Si me lo encuentro, le llevaré de cañas por el Barrio de las Letras. Hoy leí un cuento de Domingo Villar en El País y creo que le seguiré la pista a Leo Caldas. Un abrazo.

Hortensia Lago dijo...

Carlota, Villon es un poeta interesante en Literatura Universal, para explicar los tópicos medievales, e incluso se me ocurre que en Literatura de 1º de bachillerato se pueden contrastar muchos de sus poemas con ideas que aparecen en La Celestina. En fin, que da mucho juego. Yo también leí el relato de Domingo Villar, me alegra que te guste.
Besos.

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